A Sala Llena

Jack y Jill

Jack y Jill (Jack and Jill, Estados Unidos, 2011)

Dirección: Dennis Dugan. Guión: Adam Sandler, Steve Koren. Elenco: Adam Sandler, Al Pacino, Katie Holmes, David Spade, Tim Meadows, Dana Carvey. Producción: Todd Garner, Jack Giarraputo, Adam Sandler. Distribuidora: Sony. Duración: 91 minutos.

Sandler, ya desde los tiempos de su legendario personaje Happy Gilmore, fundó su propia productora llamada a su vez, valga la redundancia, “Happy Gilmore Productions” y que, una vez más, valga la susodicha, tenía por objeto continuar haciendo indefinidamente de adolescente a los cuarenta y reivindicar una y otra vez su eterna inmadurez, dentro y fuera de la ficción.

Excepciones, como siempre, hay. Así, existió Punch Drunk Love, quizás lo más alto de su carrera entera, de la mano del cada vez más enorme Thomas Ian Anderson (es decir, la única vez que Adam se apartó de su propio molde). Existió también, en menor medida pero de todas maneras salvable, aunque sea por mero contraste, Como si Fuera la Primera Vez, donde se mostraba capaz de hacer una comedia relativamente novedosa, frescamente romántica y justamente dramática.
Pero luego Sandler volvió sobre su marcha, y poniéndole quinta a fondo a su productora y de la mano del siempre fiel Dennis Dugan, se dedicó a hacer esas películas cuyos ejemplos fundantes ya mencionados sólo demuestran una y otra vez que son la analogía al “asado con amigos”, en forma curiosa y ridículamente cinematográfica.
En efecto, en lugar de juntarse a comer un asado con Rob Schneider, David Spade, Kevin James y todo ese grupete de pseudocomediantes pertenecientes al sindicato “Movimiento Unido por la Eterna Inmadurez” (MUEI) que pudimos ver entero en Grown Ups, (donde literalmente se juntaban a compartir un asado en una cabaña un fin de semana) ahorrándonos esta perdida de tiempo; se dedican a hacer estas patéticas comedias “entre amigos” sin ninguna gracia y donde ya no se sabe que inventar para lograr llamar medianamente la atención. En efecto, en No te Metas con Zohan, Sandler intentaba, rasguñando, hacer una comedia con el conflicto palestino-israelí, la cual ni siquiera terminé de ver por ya superar el límite posible de patetismo.
En la presente entrega, el pequeño Adam, influenciado (es coherente), quizás, por la comedia de Eddie Murphy, decide protagonizar a dos hermanos, Jack & Jill, dando como resultado llanto lastimoso en lugar de risa. En efecto, la risa prácticamente no existe, la duración pesa muchísimo más de lo que debería, y los bostezos y reacomodamientos en la butaca son excesivamente frecuentes. Ni siquiera Al Pacino, metido prácticamente a la fuerza (vaya uno a saber como diantres terminó actuando en esta cosa) logra despertar una mínima simpatía por el metraje. Sandler parece haber llegado al límite de su propia egolatría, pretendiendo interpretar a los dos protagonistas y cargando sobre él toda la comedia entera. El problema es que le pesa tanto que se queda inmóvil, siempre en el mismo lugar, incapacitado para cualquier otra cosa.
Con lo cual, para resumir, si bien allí en los comienzos de la era Gilmore había algunos ingredientes interesantes y pintorescos que dieron lugar a escenas muy recordadas hasta el día de hoy, en el presente ya no hay vuelta que darle: la cadena de ensamblaje llamada Happy Gilmore Productions nos seguirá brindando estas comedias tontolonas y reaccionarias durante un buen rato.

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