A Sala Llena

Jobs, según Rodolfo Weisskirch

Un comerciante como cualquier otro.

En octubre del 2011 murió Steve Jobs. Pionero de los sistemas de software contemporáneo, Jobs fue el fundador de una de las empresas más trascendentes en lo que respecta a innovaciones informáticas: Apple Computers. Pero más allá del genio informático, Jobs fue para muchos, un gurú espiritual, un ser misterioso, ambiguo que cambió la manera de relacionarnos. Si los 90’s fueron de Microsoft y su fundador, Bill Gates, el siglo XXI le pertenecería, por once años a este visionario que fundara su empresa en un garaje durante los años 70s y que tuvo a fines de la misma década y principios de los ’80 una cúspide de éxito que lo pondría por encima de IBM. Aunque la fama duró poco.

El film del seudo desconocido Joshua Michael Stern decide mostrar a Jobs desde una perspectiva menos idolatrada de lo que uno supondría, al menos durante la primera mitad de la historia, desmitificándolo y demostrando que en realidad se trató de un oportunista comerciante que se aprovechó de la genialidad de los técnicos que lo rodeaban. Básicamente, un vividor, un hombre que sabía negociar, atraer y luchar. Visionario, pero también manipulador. La película comienza con un Jobs bastante hippón, bohemio, adicto a ácidos, pero admirador de la estética y la belleza que lo rodea. Esta obsesión lo llevaría a ser meticuloso en el armado de los software que construiría en el futuro. La segunda parte del film, lo encuentra a un comerciante hecho y derecho, cada vez más soberbio, egocéntrico, engreído y adicto al trabajo. Un solitario, un antisocial, que se preocupa por las ganancias, no en un sentido avaricioso, sino para acumular poder y demostrar continuamente su genialidad al mundo.

Esta pintura antiheroica, convierten al ícono en un villano de sí mismo. El problema es que ante la caída del mito, resurge un hombre redimido que ha aprendido de los errores del pasado para tener un control del mundo presente. Lamentablemente la biopic de Stern no logra profundizar demasiado en la psicología del personaje, ni en la vida personal – sentimental del hombre, sino en mostrar los múltiples litigios que tenía con sus accionistas, los duelos de poder con el presidente de Apple que él mismo eligió y su continuo verso. Apenas se vislumbra que tenía un conflicto con sus padres, con una ex, y que abandonó a su primer hija, Lisa. Son todos fragmentos, pedazos, retazos de una biografía, que parece haber sido filmada para televisión porque su director no demuestra en ningún momento, alguna idea narrativa o visualmente atractiva para salirse del molde de la biopic de manual. Lineal, discursiva y continuamente explicativa, no es más una novela cuya trasposición cinematográfica termina siendo tenue y poco arriesgada.

No se puede negar que hay momentos, que uno como espectador queda atrapado por conocer de qué forma, el protagonista logra o no salirse con la suya y convertirse, ante todo pronóstico negativo en un verdadero revolucionario. Pero también hay escenas, en la que Stern realmente no sabe dónde poner la cámara y arma secuencias de montaje musical con una falta de intuición espeluznante. Obvio y redundante, cae en lugares comunes, explosiones sentimentaloides y previsibles vueltas de tuerca. A duras penas cae simpático un plano robado milimétricamente a Después de Hora de Martin Scorsese. Ante una cuidada recreación de época, solo cabe destacar la selección musical que incluye temas de Cat Stevens y Bob Dylan. Los diálogos son pretenciosos y continuamente parecen escritos para señalar una moraleja. El elenco tiene luces y sombras.

Ashton Kutcher hace su mejor esfuerzo para conseguir un retrato fiel pero superficial de Jobs. En las primeras escenas parece que revive a Kelso, el inolvidable personaje de That ‘70s Show, y después cae en la caricatura. Hay momentos notables, donde aflora el carisma del actor y se siente auténtica la caracterización, pero en otros, las emociones son desbordadas y forzadas. Stern se compenetró por crear una obra completamente masculina. El entorno del protagonista está formado por todos sus compañeros de trabajo: técnicos, empresarios, accionistas. Individuos que son estereotipos hábilmente seleccionados para mostrar las múltiples y demagógicas maneras que tenía el protagonista para relacionarse. Sin embargo, en este abanico de personajes se encuentran las mejores actuaciones del film. Es un elenco integrado por secundones de primer nivel donde se destacan Dermot Mulroney, Matthew Modine, Josh Gad, J.K. Simmons y el reaparecido Lukas Haas. La mayoría bastante contenidos, logran interpretaciones más verosímiles y profundas que la del ex novio de Demi Moore.

Y no es que Kutcher sea mal actor. Al contrario, en los últimos años ha demostrado que tiene talento, especialmente cuando no intenta provocar la risa. Sin embargo, se nota que está mal dirigido, que Stern le dio prioridad al efectismo, a lo grandilocuente, a lo “importante”. Y Kutcher intenta entregar una performance oscarizable. Teniendo en cuenta que en los últimos años, se han nominado actuaciones realmente horribles, no sería de extrañar que sea tomado en consideración. Si bien al film le cuesta arrancar, pronto va agarrando mayor fluidez durante su desarrollo. Hubiese sido interesante que se profundizara en el carácter solitario del personaje, pero se hubiese caído en un retrato muy parecido al del rencoroso y apático Mark Zuckerberg de la película de David Fincher. Sin embargo, mientras que el guión de Aaron Sorkin justamente hacía hincapié en las contradicciones del producto con la sociabilidad de los personajes, el de Matt Whiteley solo se detiene en una cáscara del protagonista para poder abarcar los conflictos que lo llevaron a crear, dejar y recrear su empresa. Nada más. Se agradece que no haya lugar para sus últimos años de vida y su lucha contra el cáncer que lo terminó matando, pero también hay etapas que son arbitrariamente exhibidas con una mínima exposición y quedan incoherentes con la información previa mostrada en la primer parte del film – su relación con su novia y su hija – así como personajes importantes que desaparecen repentinamente y son olvidados. Tampoco es desarrollada su relación y enfrentamiento con Bill Gates, exceptuando una discusión vía telefónica. ¿Será que Gates es co productor y quiso dejar mal parado a su antiguo oponente? ¿Y la relación con Pixar?

Estas incoherencias narrativas y la ausencia de un autor cinematográfico, sumado a los desniveles de Kutchner son las que evitan que Jobs sea un film realmente estimulante sobre la vida de un hombre que hizo mucho esfuerzo por destacarse sobre el resto de las personas y las empresas. Un film anodino, anecdótico, del montón. Interesante, acaso, para el espectador desinformado sobre la obra y legado del ambicioso Steve Jobs.

calificacion_2

Por Rodolfo Weisskirch

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