A Sala Llena

La Bella y la Bestia (3D)

alt

La Bella y la Bestia (3D) (Beauty and the Beast, EEUU, 1991)

Dirección: Gary Trousdale, Kirk Wise. Guión: Linda Woolverton basada en el cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont. Producción: Don Hahn. Elenco (voces): Paige O’ Hara, Robby Benson, Richard White, David Odgen Stiers, Jerry Orbach, Ángela Lansbury, Rex Everhart, Jesse Corti. Distribuidora: Buena Vista. Duración: 84 Minutos.

La Magia, Simplemente la Magia

Después del exitoso regreso de El Rey LeónTitanic a las salas cinematográficas -y con la mera excusa de la exhibición en formato digital y en 3D-, le llega el turno a La Bella y la Bestia. Es muy aplicable decir que se trata de una movida comercial para facturar y no mucho más. Pero lo que muchos críticos no tienen en cuenta es que el público se renueva continuamente y las generaciones que nacieron en la última década tuvieron que sufrir viendo estas obras en pantalla chica cuando fueron pensadas para la pantalla gigante y panorámica. Por lo tanto, con o sin 3D, el reestreno de un clásico en salas cinematográficas es una buena inversión. Estamos hablando de producciones que realmente tienen otro efecto en la sala que en la pantalla chica o el living hogareño.

Y con esto también incluyo la posibilidad de visualizar otros clásicos en salas de circuito alternativo como el MALBA o la Lugones. Porque no se trata de dónde o cómo, sino de poder tener una segunda -o primera, dependiendo el espectador- oportunidad de ver una película de la mejor manera posible. Personalmente, hace 20 años que no veía La Bella y la Bestia, aunque tenía la historia bastante fresca gracias a que hace dos años pude ver el musical de Broadway en el Teatro Ópera. Sin embargo, la obra de Wise y Trousdale es otro espectáculo.

La historia ya la conocemos de memoria. Un príncipe y su castillo (incluidos los sirvientes) son encantados por una bruja que el príncipe rechazó. Él es convertido en una bestia; el resto de la servidumbre, en platería o diferentes objetos relacionados con el rol que cumplían en el castillo. Solo el amor de una doncella puede salvarlos, si ella es capaz de reconocer la belleza interior de cada uno. Y justamente es Bella, la exótica hija de un inventor, la que puede salvar a la bestia. Sin embargo, en el medio, un cazador pretencioso y narcisista -Gastón-, que también pretende a Bella, enfrentará a la Bestia con tal de quedarse con su presa.

Visualmente, se trata una obra que sirve de punto de inflexión entre la animación tradicional y lo que vendría posteriormente, donde la inferencia del cine digital sería fundamental para modificar el estilo de dibujo de Disney.

Teniendo en cuenta que fue la primera obra de animación en probar fondos tridimensionales y teniendo en cuenta, además, que utiliza varios movimientos de cámara virtuosos que describen cada espacio con lujo de detalle en una sola toma, el agregado del efecto tridimensional contemporáneo se vuelve absolutamente justificable. Incluso el virtuosismo de cada escenario es mucho más notable que el de El Rey León: en La Bella y la Bestia realmente entramos en los bosques, en el castillo y en cada rincón del pueblo donde vive Bella.

Lo que resulta incómodo -o mejor dicho, extraño- es el diseño visual de los personajes en 2D, cuyos rostros caricaturescos remiten a las criaturas de animación de Disney de los ‘50 y los ’60. Visto en retrospectiva, es curioso ver en La Bella y la Bestia lo poco que había cambiado la representación de las caras de Disney en 30 años y, por momentos, es algo molesto ver cómo esas mismas figuras animadas “se despegan” de los fondos tridimensionales.

Ahora bien, más de allá de eso, lo que quiero realmente resaltar de este estreno es la belleza y sencillez narrativo-visual de la obra nominada al Oscar en 1991. Wise y Trousdale se nutrieron del cine clásico para crear las diversas escenas de la película. Desde El Ciudadano para caracterizar el encierro de la Bestia en su propio Xanadú, o el Frankestein de James Wahle para exhibir el prejuicio de un pueblo manipulado y miedoso. También hay en esta película mucho del tono épico romántico de las obras irlandesas de John Ford como Que Verde era mi Valle o El Hombre Quieto, y mucho de la fotografía crepuscular de Lo que el Viento se Llevó. Los directores, por otro lado, apelan a un humor sencillo, sin golpes de efecto ni complicidad con el espectador adulto.

Lo que sí se puede juzgar es el mensaje final del cuento. Después de todo, es paradójico que la película muestre que lo que importa en realidad es la belleza interior de cada uno y termine convirtiendo a la bestia en un hermoso príncipe. Digo yo, ¿qué pasaría si fuera al revés y la doncella se terminara convirtiendo en una bestia?  Ah, claro, es verdad. Eso lo terminaron haciendo después, quitándole todo el encanto a los cuentos de hadas de Disney.

La Bella y la Bestia se disfruta sin importar la edad. Las coreografías que remiten a números de Busby Berkeley y a los musicales dorados de Hollywood, las canciones pegadizas, la sencillez del trazo manual. Esta película es la prueba de que la magia de Walt Disney revivió con La Sirenita y supo alcanzar un nivel sublime con esta obra. Por suerte, este legado lo terminó tomando John Lasseter y equipo -no por nada,  Lasseter es el productor ejecutivo de este re lanzamiento-.

Están invitados a revivir la belleza de este clásico. La próxima vez, quizá demos un paseo por un mundo ideal sobre una alfombra mágica.

 alt

[email protected]

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te puede interesar...

X

LEER MÁS →

Andor

LEER MÁS →

Argentina, 1985

LEER MÁS →