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14º BAFICI: Repaso por 46 películas y reflexiones finales (Parte 2: America)

14º BAFICI: Repaso por 46 películas y reflexiones finales (Parte 2: America)

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De Norte a Sur. Ya comenté mi opinión sobre Keyhole, la última locura surrealista de Guy Maddin acá:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3883-keyhole.html

Una obra que hace tributo al cine negro pero con una estética que remite también al cine mudo. Un mundo de fantasmas y climas encontrados. Con excesos y complicaciones pero atrapante.

Bajando por la 66 llegamos a la tierra de los hermanos Zellner, lo único que vi de cine estadounidense en este BAFICI y que valió la pena. El mundo Zellner es irregular y variado pero enriquecedor en ideas. Uua coherente evolución de dos hermanos que en principio, con el film Frontier:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3906-frontier.html)

Se propusieron crear un nuevo país con un idioma propio, un delirio becketiano que dió paso a una comedia negra como Goliath, la historia de un hombre solitario que es capaz hasta de asesinar con tal de encontrar a su gato perdido. Una pintura bizarra del oficinista de los suburbios. Una historia sencilla que toma matices siniestros, con el característico humor oscuro de los hermanos. Otra prueba de esto es Kid-Thing una obra profunda y reflexiva, acaso la primer película en serio de los hermanos Zellner, con la impronta del cine estadounidense Indie, pero también con un salvajismo que pocos cineastas se animan a tener hoy en día. Una puesta en escena cuidada y una interpretación bellísima de la protagonista (realmente estoy viendo cada vez mejores actuaciones infantiles) sacan adelante esta historia melodramática de una niña que se quiere escapar de su casa y madurar sola:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3885-kid-thing.html

Atravesando el ecuador, llegamos a Brasil con dos propuestas disímiles que no me generaron demasiado entusiasmo. Por una lado Croulo Doido, un clásico de Carlos Prates, film que denuncia el racismo y la esclavitud de Brasil en los ’60 a través del romance de un negro y una blanca. Comedia con momentos dramáticos y cierto tono a lo Miguel Gomes (o influencia para Miguel Gomes mejor dicho) en blanco y negro, y con relato off:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3873-crioulo-doido.html

El segundo film brasilero que vi, fue Laura. Un documental que sigue los pasos de una aspirante a actriz de Brasil que se casó con un argentino en Buenos Aires y después de varios años se trasladó a Nueva York para convertirse en una figuretti de fiestas con celebridades y la alta sociedad. El director, Felipe Gamarano Barbosa la sigue por todos estos eventos metiendo su cámara por las calles de Manhattan y hasta por el subte. Se pelea, se reconcilia y siempre anda a la búsqueda descubrir que guarda Laura en su habitación y de que vive exactamente. Sin embargo el personaje es un misterio. Hay un poco de morbo, de sensación de burla sobre el personaje investigado, así como una burda mirada de las celebridades estadounidenses. El film es simpático, pero carece de demasiado contenido. Tiene escenas que se extienden demasiado y otras un poco caprichosas. Si posee un momento de lujo: Ron Perlman frente a cámara, sin maquillaje diciéndole al director que si el documental se exhibe le gustaría cobrar por su participación.

Antes de encontrarnos con territorio nacional, una breve mirada sobre dos obras chilenas que causaron revuelo. En primer lugar, Bonsai, una coproducción pretenciosa entre Chile, Alemania, Francia y Argentina basada en una novela muy estimada por los críticos. Sin embargo la adaptación es demasiado pretenciosa para el resultado final. Un aspirante a escritor es contratado por un novelista famoso pero un poco avaro para que pase a computadora su novela. Al poco tiempo el novelista se arrepiente y cambia de persona. El joven aspirante comienza a escribir igual su novela para no quedar mal con su amante, a la que había ilusionado con el trabajo soñado. El chico empieza a mezclar la sinopsis de la novela del escritor consagrado con su propia experiencia personal sobre el primer amor que tuvo mientras estudiaba en la Universidad. La película se mueve en dos tiempos, contando las peripecias de este personaje que parece inspirado en el Antoine Doinel de Besos Robados. Charlas filosóficas y existenciales que incluyen mentirosos debates sobre Sartre, cultura seudo intelectual chilena, romance, sexo, etc.

Sin embargo, la película es un poco artificial, demasiado creída, confía demasiado en el material original para salir adelante y algo se pierde en el camino. Las actuaciones tienen un registro televisivo, y si bien a nivel visual está bastante cuidada, le falta alma.

Mucho mejor es De Jueves a Domingo, dirigida por Dominga Sotomayor. Rodada principalmente con planos fijos, perfectamente planeados y con la marca estética de la directora de fotografía, Bárbara Alvarez, esta película muestra el viaje de una familia: padre, madre y dos chicos, desde el punto de vista de la chica mayor. Su mirada evade el verdadero conflicto de la historia: los padres se están separando. En la sutileza del recurso fuera de campo, y la distancia que la protagonista toma con sus progenitores es que uno va encontrando el conflicto que va creciendo a medida que avanza la película. No solamente es intensa la forma en que la directora va mostrando como el personaje de la madre quiere separarse del marido que ha organizado el viaje justamente como una oportunidad de mantenerla en la familia, sino también es fundamental la aparición de un amigo de la madre en medio del viaje por las montañas. Es muy interesante el juego con el foco, con las acciones que suceden en un segundo plano o término, o fuera de campo, en lo que se escucha y no se escucha. Desde este punto de vista, el trabajo sobre el sonido es fundamental para poder trabajar de manera con el recurso del fuera de campo en este drama intimista original y honesto.

Ahora sí, un repaso por los títulos nacionales:

El Último Elvis: aún con sus lugares comunes, un debut interesante de Armando Bo:

http://www.asalallenaonline.com.ar/mas-estrenos/321-estrenos-del-26042012/3933-el-ultimo-elvis.html

La Casa. Gustavo Fontán cierra su trilolgía con la demolición de su propia casa. Cuidando las imágenes, trabajando la plástica y la poesía. Un hermoso trabajo incasillable acerca del pasado y el futuro, la infancia, la nostalgia y los recuerdos.

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3872-la-casa.html

Cassandra. Inés de Oliveria Cezar muestra la investigación de una joven periodista de ciudad sobre el trato que se la da a las comunidades originarias en la provincia de El Chaco. El resultado es interesante, aunque la ficción cobra demasiado protagonismo y le resta fuerza a la denuncia social:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3908-cassandra.html

Masterplan. Los hermanos Levy crean una comedia liviana de enredos, entretenida sin pretensiones con efectivos gags e interpretaciones. Personajes entrañables en un contexto urbano realista.

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3895-masterplan.html

La Memoria del Muerto. Por fin una película de terror nacional consigue asustar y mantener la tensión con un guión inteligente, sorpresivo y redondo. El resultado está a la altura de las expectativas. Personajes ricos con un mundo atrás y actuaciones creíbles – especialmente de Lola Berthet-. Los efectos especiales son una mezcla de animación cuadro por cuadro y efectos digitales, buenos climas y excelente toque de humor negro. El final vale la pena el aplauso.

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/otros-titulos/3907-la-memoria-del-muerto.html

A pesar de que no soy fanático de Celina Murga, Escuela Normal, me pareció una interesante crónica del día a día en un colegio secundario de Entre Ríos, supuestamente la primera fundada por Sarmiento. Murga muestra dos puntos de vista: el de la directora recorriendo los pasillos y organizando las clases día a día, y por otro lado la evolución del sistema de elección de un Centro de Alumnos organizado por los mismos estudiantes. Es una lástima que el primer relato (el de la directora) termine teniendo tanto protagonismo ya que le resta interés a la mirada de los alumnos organizándose y reflexionando sobre la importancia de las elecciones. Murga no toma partido y se limita a observar. La cámara testigo funciona y los planos son precisos mostrando no solamente al emisor, sino también al receptor, las reacciones. Cuando el ojo de Murga adopta un punto de vista adulto (ya sea por la inclusión de profesores, directivos o padres) algo se pierde, se transforma en un documental más convencional. Igualmente es interesante y movilizante. De visión obligatoria en cualquier secundario. Se la compara con Entre los Muros, pero para mí acá de verdad, la realizadora apuesta por la mirada del alumno. Cantet, en cambio no sacaba el ojo de su protagonista.

En contra de este BAFICI debo decir que vi muchas películas a las que les sobraba material. O sea, historia mínimas que se alargaban para que sean tomadas en cuenta como largometrajes por los festivales internacionales. Podrá ser mayor el prestigio, pero empobrece al material. Y no solamente me refiero a casos nacionales, sino también internacionales. A El Espacio entre los Dos, ópera prima de Nadir Medina por ejemplo, le sobra mucho tiempo y le falta profundidad. Apuesta por la sutileza y el romance bordeando lo cursi. En los silencios se dice lo obvio, y cuando el film da pie a una ambigüedad la deja estancada ahí. Dos muchachos y una chica tocan juntos en una banda. Los tres se conocen de muy jovencitos. Uno de ellos está de novio con la chica, el tercero, el protagonista, soltero. Podría tener a cualquiera a su alcance, pero elige justamente aquella que no puede tener: la novia de su amigo. Tras tocar en una fiesta de conocidos, queda largo tiempo reflexionando en el tejado y el resto de la película es la caminata de los tres hasta la parada del colectivo mientras recuerdan viejas anécdotas y juegos de cuando iban al primario, al tiempo que se enfrentan con la incertidumbre de su futuro adulto. Relato generacional que se puede asociar con las obras de Richard Linklater o Ezequiel Acuña, El Espacio entre los Dos naufraga por una línea simplona, ya vista, monótona. Pretende ser más sofisticada de lo que es, pero como pintura social no llega a ser profunda y tampoco como relato intimista. Los diálogos parecen demasiado ensayados. Le falta espontaneidad, alma, vida. A pesar del carácter semi improvisado se nota un trabajo demasiado calculado. Las actuaciones, de todas maneras, no están mal pero no ayuda a que El Espacio entre los Dos deje de ser un drama agridulce que nunca se anima a ir para adelante. Apenas una película simple, sencilla y de bajo perfil.

Seleccionada como función especial de Cannes, Villegas es una película con muchos más matices y más ambiciosa de lo que la sinopsis promete. Dos primos (Esteban Lamothe y Esteban Bigliardi) regresan a su pueblo natal, Villegas, para el funeral y entierro de su abuelo. Pero el viaje no es agradable. Hay varias disputas en el camino. Uno (Lamothe) es demasiado ordenado, pulcro y se está por casar , mientras que el otro es un músico medio hippie que acaba de terminar con su banda. Hay tensiones por un viejo amor y diferencias con respecto al punto de vista que cada uno tiene de otros asuntos, pero cuando llegan a Villegas, el encuentro con la familia, amigos, recuerdos y una oferta familiar los reconcilia. Villegas tiene un guión sólido con dos personajes bien construidos. Bigliardi y Lamothe logran química entre ellos, y hay buenos personajes secundarios que se ajustan bien a la trama. Realmente una obra muy agradable, profunda meticulosa en la construcción de cada escena y conflicto. Los diálogos, por otro lado, son creíbles.

Otro relato iniciático con niños en pueblos chicos -y van…- es Igual si Llueve de Fernando Gatti, otro ejemplo un buen cortometraje alargado innecesariamente. Un niño de 12 años es testigo de cómo la salud de su abuela se deteriora. Su madre la debe cuidar y el protagonista busca una via de escape con su mejor amigo: se van a pescar a una laguna cerca del centro de Pergamino. Al principio la mirada del chico es interesante por la naturalidad con la que se mueve el protagonista -la cámara nunca asciende de la altura del mismo-, sin embargo después la historia empieza a ponerse densa y se limita a observar a los dos niños caminando alrededor de la laguna, contemplando a un músico, debatiendo sobre como será su futuro cuando se separen. ¿Niños existencialistas? Ni ahí. Otro relato simplón y pretencioso. El cine es mucho más que el seguimiento de personajes durante media hora. De esta manera las obras nacionales se empastan, se mezclan. Una parece copiar a la otra. Sí, hay trabajo de dirección de actores, buen trabajo estético, pero la narración no fluye. No todo cine contemplativo narra. Hay que ver obras de cineastas contemporáneos para no copiarse mutuamente. Para ver personajes deambulando sin mucho rumbo ni certezas durante media hora, me quedo con Gabriel Medina.

Y así llegamos a una de las películas que provocaba mayores expectativas antes y durante el Festival: La Araña Vampiro de Gabriel Medina. La vi en función de prensa. Ver a los periodistas y otras figuras peleando por una butaca fue asombroso. Sin embargo durante el desarrollo de la película no hacía más que preguntarme si las expectativas se había cubierto o no. Los Paranoicos, su ópera prima había sido bien recibida. Una comedia que tenía bastantes chistes internos relacionados con los estudiantes de la FUC y que tuvo buena repercusión por el carácter patético y perdedor de su protagonista a cargo de Daniel Hendler. Pero La Araña Vampiro es mucho más difícil de definir. ¿Una comedia negra? ¿Una aventura existencialista?. No sé. Lo cierto es que me hizo recordar a dos obras que me encantan: The Shooting de Monte Hellman y El Aura de Fabián Bielinsky. Un padre (Awada) con su hijo (Piroyanski) viajan a una cabaña en medio de las sierras cordobesas. La misión es alejar al veinteañero del caos urbano y si es posible curar su hipocondría. Sin embargo, todo empeora cuando al pibe lo pica una araña vampiro. Según los médicos no es nada, pero el chico se siente realmente mal y acude a un tipo de chamán local que le advierte que si no le pica nuevamente otra araña vampiro se va a morir. Por lo tanto parte inmediatamente con un guía (Sesán) rumbo a las montañas para ubicar el nido de la famosa araña. A partir de ahí, Medina sigue a los dos protagonista a través de los bosques. A pesar del silencio y la monotonía, a diferencia de El Espacio entre los DosIgual si Llueve, en este recorrido sí se empiezan a manifestar extraños síntomas en los personajes. La locura, paranoia y esquizofrenia se va apoderando de ellos. La sensación de perdición se transmite al espectador, la tensión crece, pero toda parece parte de un chiste delirante. Ese extraño humor es lo que caracteriza al cine de Medina. Los climas son sublimes, así como es notable la fotografía de Lucio Bonelli. Es un relato de suspenso, un drama algo esotérico. Piroyanski es uno de los actores más expresivos y divertidos que hay en este momento en Argentina. Se le puede criticar cierta repetición, pero su carácter introvertido y miedoso funcionan perfecto con la historia de La Araña Vampiro. Es notable el trabajo de Jorge Sesán, que evoluciona y tiene picos de violencia que hielan la sangre. Por último, Alejandro Awada está muy contenido y logran una actuación natural y realista. La Araña Vampiro se construye en sensaciones, no en contenido. Así como El Aura, la geografía argentina toma protagonismo como una suerte de brújula que decide el destino de los personajes. Debería haberse llevado un premio importante.

Y así, termina otro BAFICI. Dentro de todo fue una buena edición. La competencia argentina debería mejor y ser más variada en propuestas, o quizás más reducida y selectiva. El resto es como una lotería. Siempre que termina el Festival, siento que los mejores títulos fueron aquellos que no vi. Pero bueno, la revancha la tendré en la edición número 15.

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