A Sala Llena

La Cinta Blanca, según Damián Hoffman

La nueva película de Michael Haneke es dura. El creador de las impecables Funny Games y Caché, trae un cuento que para el espectador medio significarán dos horas somníferas, pero en realidad se trata de un fino retrato de la sociedad alemana corrompida hace casi cien años. El relator y uno de los protagonistas, del cual nunca se sabrá el nombre, es un joven docente que ve con sus ojos que la conducta rígida pero amable de los ciudadanos adultos, desde el barón hasta los chicos, cambia dentro de las cuatro paredes de sus casas. Más aún cuando en el pequeño pueblo en que habitan comienzan a acontecer una serie de accidentes provocados a propósito.

Ante todo, es necesario destacar que todo desemboca en la Primera Guerra Mundial, por lo que quizás el contexto violento y tenso de La Cinta Blanca se justifica por la época pre autoritaria en que transita la narración. Algunos de esos elementos explican por qué, a pesar de haber sido la favorita, no se llevó el Oscar que ganó El Secreto de sus Ojos. Es más densa y menos entendible que nuestra representante.

El elenco infantil, clave en la historia, está muy bien dirigido. Algunas escenas de sumo dramatismo y fragilidad son llevadas a cabo con mucha veracidad por los talentosos chicos. Lo mismo corresponde a los más grandes, que encarnan tanto personajes inocentes como crueles.

La fotografía es una protagonista más. Las imágenes son en blanco y negro, por lo que es difícil en ocasiones leer los pálidos subtítulos cuando las imágenes son del mismo color. La utilización de estos matices extremos hace que cada fotograma sea una belleza. Los paisajes son más ricos de esta manera, y se acentúa la oscuridad o luminosidad (según la situación de cada momento, no precisamente debido a las necesidades de las locaciones) con este recurso.

Con una sutileza admirable, el cineasta y también escritor de la cinta, logra tratar temas como la discriminación, el acoso sexual y el incesto sin tener que dejar todo claro en la pantalla. Algunos indicios sirven como información para confirmar aquello que se sospecha. En conclusión: una sociedad que rompe reglas morales, recurre a la violencia con frecuencia y utiliza la fe como momento de congregación y unión.

 

 

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