A Sala Llena

La Noche de la Expiación, según Luciano Mariconda

El asco.

Algunas películas lo hacen todo mal. La Noche de la Expiación dura 85 minutos y tiene la innoble suerte de sólo sumar mediocridad al mismo tiempo que decrece en interés.

En el poster de esta película se ve en primer plano a unos de los intimidantes jóvenes que desean entrar a la casa oculto bajo una terrorífica máscara. En La Noche de la Expiación, sin embargo, no hay monstruos. Lo que abundan son seres humanos, muchos. Para el director James DeMonaco, el hombre es peor que cualquier entidad fantástica; si este mensaje es correcto o no, no interesa realmente porque la propia película lo sepulta a base de una filosofía que se transforma en repetitiva hasta reducirla a la banalidad.

La Noche de la Expiación es muchas cosas pero al mismo tiempo no es nada. Puede ser una película de terror, pero DeMonaco está más interesado en hacer todo un drama. Cuando la obra intenta ser más que un simple exponente del género, queda apresada bajo un agotador discurso sobre “lo mal que estamos”.  Como en la reciente Metegol, todo está mal desde las prioridades que el film establece y allí es en donde ambas fallan: prefieren preocuparse por dejar en claro su filosofía (torpemente, a los garrotazos) en vez de priorizar la sincronización y ejecución de los tópicos del género.

El otro problema de la película es que cada acción de los personajes se ve afectada por la arbitrariedad del realizador. No debe haber muchos otros films que posean protagonistas tan poco naturales como en La Noche de la Expiación. Aquí todo es artificial: los personajes se mueven por obligación de un Dios caprichoso e incoherente (en un momento, la hija decide correr sin ningún rumbo fijo en lugar de quedarse con el resto de la familia, sabiendo incluso que hay un criminal también en la casa). ¿Y cuál es el propósito de los villanos con máscaras? No está muy claro, y esta falta de lógica hace que La Noche de la Expiación pierda en comparación con la sequedad argumental de Los Extraños, una película infinitamente superior. En ese film, no sólo había una idea de puesta en escena sino que el verdadero miedo se basaba en un relato sujeto al poder de las acciones.

Para peor, el devenir narrativo juega con la doble moral de una forma engañosa. En varios momentos, DeMonaco nos obliga a querer un destino trágico para gente que puede llegar a ser inocente. No hay muchos secretos en La Noche de la Expiación: es un relato manipulador, tramposo, que juega con las sensaciones y pensamientos del espectador. El realizador insiste con que ésta no es una película de terror pero su crueldad supera incluso a exponentes mucho más gore. Al final, ¿qué tan contradictorio es todo esto?

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Por Luciano Mariconda

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