A Sala Llena

La Sospecha, según José Tripodero

Prisioneros del miedo.

En la primera escena de La Sospecha, un joven apunta y con cierto atino mata a un venado de un escopetazo, su padre de inmediato lo palmea felicitándolo. En el regreso a casa, Keller (Hugh Jackman), el padre, le da un discurso acerca de estar siempre preparado ante las contingencias; de hecho, en el transcurso del metraje repite la frase: “Rezar para lo mejor, prepararse para lo peor”. Este nuevo film del canadiense Denis Villeneuve (Incendies) no pone el foco en una historia de cazador cazado, sino en una problemática que opera sobre el peor de los miedos: el secuestro y la desaparición de niños, frente a lo que ciertamente es muy difícil estar preparado. 

El miedo no está en no saber qué sucedió sino en la idea de nunca saberlo. La Sospecha maneja varias puntas, siempre con la rienda corta para tirar de ella en los momentos en los que la alarma de lo confuso comienza a sonar. Si bien la investigación sobre la desaparición de dos niñas motoriza el relato, las acciones de las víctimas (los padres) son las que están bajo el microscopio de la moral. Esa pregunta tan genérica, acerca de qué hacer bajo una situación tan extraordinaria y angustiante, es la que se traza como correlato de una investigación a contrarreloj.  Y precisamente, el tejido narrativo analiza la intervención policial, cuando en vez de ser parte de la solución se convierte, según la óptica del damnificado, en parte del problema. En ese instante Keller debe decidir. El director canadiense cuestiona sus resoluciones y actos posteriores, a partir de la determinación de torturar a un sospechoso al que apuntan todas las conjeturas alrededor del paradero de las niñas desaparecidas.

El contexto gris de un pueblo de Pennsylvania -sumido en la recesión y el supuesto desamparo por parte del Estado- contribuye al dramatismo de la historia, en la que no hay buenos más que los que no están, los niños. Los adultos son los responsables de todos los actos, los que cometen los errores y las aberraciones, que quizás no tratan de justificar pero por las que no muestran arrepentimiento. El pulso narrativo de Villeneuve mantiene la intensidad general y se regodea, además, en el factor del tiempo límite. Estos puntos no sólo se evidencian en el rostro demacrado de Hugh Jackman -en su composición más visceral- sino también en la desesperación contenida del detective Loki, un Jake Gyllenhaal que emana nervio de sus ojos que parpadean, por momentos, sin cesar.

La Sospecha tiene como mayor virtud sortear la solemnidad con la que se suele tratar el caso de las desapariciones o secuestros de menores (recordemos Río Místico) y construir en clave encolerizada una visión sobre los actos cometidos bajo los efectos del temor. Hacia el final, la estructura prototípica del policial marca el ritmo de un desenlace que no deja hueco sin tapar, y en ese afán nos encontramos con una resolución pragmática orientada a estirar los tiempos internos. Ello por supuesto no impide que las secuelas de lo sucedido queden marcadas a fuego…

calificacion_4

Por José Tripodero

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