A Sala Llena

Las Aventuras de Nahuel

Las Aventuras de Nahuel (Argentina, 2011)

Dirección, Idea y Guión: Alejandro Malowicki. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 85 minutos.

Buenas, tome algo.

Dentro de las opciones cinematográficas para las vacaciones de invierno el estreno de Las Aventuras de Nahuel representa la variante argentina. Un guión simple, de propósitos nobles que tocan temas como los lazos entre madre e hijo o la difusión de leyendas autóctonas, además del intento de rescatar el trabajo artesanal de los titiriteros. Pero todas las buenas intenciones de esta última película de Alejandro Malowicki se diluyen ante la cantidad de malas elecciones (sobre todo estéticas), mensajes poco claros y la redundancia de situaciones y escenarios.

Nahuel es un chico de (supongo) unos ocho años que es echado de su casa por un padrastro alcohólico en una escena inicial en la que también se sugiere la violencia de género. Una delicia para los chicos, vea. 

En su huida termina en un callejón en el que conoce a “Busquita”, un gato de voz carrasposa con el que traba amistad instantánea. Nahuel le cuenta que su mamá lo abandonó (aunque todos los espectadores escuchamos a la señora rogándole a su hijo que vuelva), pero igual saldrá en su búsqueda hasta encontrarla. Luego de una noche triste, el cabo Donato apresa al nene, pero no lo lleva ni a una autoridad competente ni a un hospital; ni siquiera le pregunta dónde vive. No. Lo mete en un horrible calabozo en una acción cuyo único justificativo es que el policía es amigo del padrastro. Argumento que se torna muy endeble si uno se hace dos o tres preguntas elementales.

De aquí el chico se escapará mas de una vez (siempre intentando encontrar a su mamá) y sistemáticamente se volverá a encontrar con Busquita y un libro de leyendas autóctonas que brilla cuando quiere ser leído. Por suerte todo termina bien (es una forma de decir) aunque nadie, ni los villanos, aprendan ninguna lección. 

Los títeres de Las Aventuras de Nahuel son estéticamente melancólicos o tétricos en un escenario que remite al barrio de La Boca. En el caso del policía funciona pero perjudica al resto de los personajes con los que es difícil simpatizar (salvo el gato que se parece mucho a Gaturro y sus amigos murgueros). 

La película cambia de puesta cuando Nahuel lee en el libro leyendas de cuatro pueblos originarios y pone en marcha su imaginación. Estos cuentos se van mechando en la línea principal de un guión que termina estirándose demasiado. Los segmentos son animados con una técnica muy básica, lo cual no tiene nada en particular pero ante las opciones visuales de hoy, se adivina difícil que los chicos puedan sentirse atraídos. De todos modos, el punto es otro. Las historias autóctonas que se cuentan apenas sirven para subrayar lo que están viviendo los títeres. No agregan nada a lo básico del relato y en todo caso, a veces dispersan la atención. 

En Las aventuras de Nahuel, es muy discutible el lugar en donde queda parada la autoridad. El policía es corrupto, maltrata a su perro guardián y hace abuso de autoridad. Salvo un resbalón al final (que no imparte justicia) el servidor público sale tan impune como el padrastro cuya historia no se resuelve. 

Suponga que todo esto se puede pasar por alto y que como padres cometemos la aberración de no considerar el contenido de las películas que ven nuestros hijos. Bien, la proyección en DVD en las salas en las que se exhibe atenta por momentos con la posibilidad de comprender todos los diálogos, además de no haber un sólo número musical cuya acústica no esté saturada. 

Cualquiera sea el motivo por el que vaya, queda avisado. Hasta luego.  

 

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