A Sala Llena

Los Vengadores (3D), Según Rodolfo Weisskirch

El humor disipa las penas (o el fin del mundo)

Tras internarme 10 días viendo cine “independiente”, pasando del drama intimista contemplativo nacional con solo 20 planos en 80 minutos, al cine experimental de Narcisa Hirsch o de Raya Martín, del documental autobiográfico al cine de terror y ciencia ficción más bizarro e ingenioso, agarrar nuevamente una superproducción de Hollywood con la magnitud de Los Vengadores en menos de 12 horas, provoca un shock fuerte… encima en 3D (y pensar que hace 48 hs había visto una obra croata de artes marciales en SVHS).

Lo primero que sale a la luz es la artificialidad que tienen estas megaproducciones, el cálculo, la manera en la que los hilos de la estructura quedan al desnudo, el golpe de efecto, el momento de humor exacto. La previsibilidad del montaje y los diálogos construidos en base a frases hechas o protocolos militares. El patriotismo.

Pero cuando uno comienza a entrar en la propuesta de Joss Whedon, descubre que Los Vengadores supera en casi todo sentido a las últimas adaptaciones del mundo Marvel. La unión hace la fuerza.

Whedon proviene de la televisión. Su estilo, al igual que el de Johnston o Favreu es completamente transparente. Visualmente, el director de Serenity no encuentra demasiado ingenio para innovar visualmente. Cumple con lo que espera cualquier fan que desea que sus personajes tengan mayor protagonismo que el director. No es como Kenneth Branagh que logró incluir escenas con impronta teatral shakesperiana. Sin embargo, la mano de Whedon se nota en el guión, la narración y el humor que le imprime a la historia, los personajes y los diálogos.

Si hay algo que nunca me gustó de los superhéroes Marvel es que en algún momento se hacen demasiado morosos, sentimentales en niveles cursis, solemnes. Whedon prefiere dedicarse a la acción y al conflicto grupal. Genera bastante tensión. No hay espacio para el romance prácticamente (apenas unos besos de Tony Stark  con Pepper Potts, y un cruce de miradas entre Hawkeye y la Viuda Negra), por lo tanto el nervio está puesto sobre la lucha de egos que se desarrolla en el grupo. Bruce Banner tratando de repeler al Hulk, Tony Stark aprendiendo a trabajar en equipo, Steve Rogers buscando la forma de no tomar el rol de soldado que solo sigue órdenes.

Esta lucha permite que se alimente el poder de Loki, el villano de turno. Whedon aplica un equilibrio preciso para que cada personaje de desarrolle casi de igual forma. Loki termina por ser más tenebroso y poderoso en Los Vengadores que en Thor, por ejemplo.

A pesar de no contar con demasiadas sorpresas (solamente hay algunos cameos muy divertidos), el film es entretenido, el suspenso está bien generado, y los efectos especiales toman protagonismo, pero no desorientan al espectador como sucede en los films de Michael Bay.

Cuando Whedon hizo Serenity (adaptación de su fallida serie Firefly) ya demostró que sabe manejar equipos, que se puede generar comedia cuando se tiene a un grupo que funciona como una familia disfuncional. En medio de diálogos dramáticos, Whedon aplica comentarios irónicos de Stark y Banner, el Hulk genera voluntaria comicidad con sus peleas, e incluso hay un registro de autoparodia (“Parece un conflicto shakesperiano” dice Stark cuando ve a Loki luchando con Thor).

De esta forma, las casi dos horas y media son precisas. Al film no le falta ni le sobra nada. El cálculo permite que todos se queden conformes y vivan la experiencia como un chico de 12 años (como dijo Iván Steinhardt).

Hay incongruencias narrativas en el guión. Algunas vueltas de tuerca sin resolución, errores en la coherencia y verosimilitud misma de la historia, pero se perdonan. Pasan inadvertidas.Acaso, lo peor del film es en realidad el 3D, prácticamente inexistente. Esto es culpa del estudio que decidió convertir Los Vengadores a dicho formato después de haberse filmado, y no de Whedon, que la pensó en 2D. Fuera de eso, el resto es perdonable.

Alan Silvestri da un gran apoyo musical en la acción, crea un leit motiva que queda horas en el oído.

No busquen espontaneidad en los textos. La mayoría de los diálogos carecen de realismo, sin embargo los chistes funcionan.

Si bien, ninguno de los actores, tiene una participación memorable, la mayoría está mejor que en sus propias películas. Es el caso de Tom Hiddleton, mucho más sólido y convincente que en Thor, Chris Evans, que parece comprender mejor su rol de Capitán América, los pocos minutos de Gwyneth Paltrow aportan una frescura que no había en las dos partes de Iron Man. Downey Jr. con menor participación logra destacarse, Ruffalo es más convincente que Edward Norton como Bruce Banner y Scarlet Johansson interpreta a una Natasha Romanoff más cálida y humana. Sorprende la frialdad de Jackson como Nick Fury (estaba más suelto y menos atado al guión en Iron Man), desaprovechados Stellan Skarsgard, Cobie Smulders y Jeremy Renner, y son muy nobles las pequeñas intervenciones de Clark Gregg o el veterano realizador polaco Jerzy Skolimowski

Para distenderse, divertirse y relajar la cabeza después de romperse la cabeza reconstruyendo las tramas (o buscándole sentido) a más de 46 films, Los Vengadores cumple con las expectativas generadas. Un producto redondo y calculado. El riesgo habrá que buscarlo en Miguel Gomes o Guy Maddin.

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