A Sala Llena

Más Notas Perfectas (Pitch Perfect 2)

(Estados Unidos, 2015)

Dirección: Elizabeth Banks. Guión: Kay Cannon. Elenco: Anna Kendrick, Rebel Wilson, Hailee Steinfeld, Brittany Snow, Skylar Astin, Adam DeVine, Katey Sagal, Anna Camp, Ben Platt, Alexis Knapp. Producción: Elizabeth Banks, Paul Brooks, Max Handelman y Jason Moore. Distribuidora: UIP. Duración: 115 minutos.

¿Una redención trash?

El musical, como otros géneros cinematográficos, ha experimentado en los últimos años constantes desniveles, en un rango que puede abarcar propuestas anodinas como En el Bosque (Into the Woods, 2014), opus majestuosos símil Los Miserables (Les Misérables, 2012) y joyitas en la línea de Jersey Boys (2014). La vertiente adolescente siempre resultó muy redituable en lo que respecta a la taquilla, prueba de ello fue la simplona Ritmo Perfecto (Pitch Perfect, 2012), una suerte de producto híbrido que tomaba la estructura de Fama (Fame, 1980), el repertorio de los reality shows del rubro como American Idol y la típica sandez de los exploitation de la Disney, en sintonía con High School Musical (2006).

Por supuesto que el segundo eslabón no cae muy lejos del primero pero, sin llegar a ser una maravilla ni nada parecido, por lo menos supera mínimamente lo hecho en el pasado a través de una jugada de lo más curiosa, en especial tratándose de una película destinada a los imberbes y sus tristes equivalentes de la fauna adulta: en vez de tomarse tan en serio a sí misma con diatribas huecas orientadas al autodescubrimiento y el mercado competitivo, ese que tanto obsesiona a los estadounidenses, Más Notas Perfectas (Pitch Perfect 2, 2015) decide intensificar el componente trash que ya estaba presente en la original, aunque ahora sin ningún tipo de tapujo en pos de profundizar el ridículo y la dimensión cómica del film.

La trama continúa siendo la misma y se centra en las Bellas, un grupo femenino de canto a capela de la Universidad de Barden, no obstante hoy cambia el catalizador de esta fábula de restitución del estatus público: si antes la historia comenzaba con un certamen arruinado por el vómito on stage de una de las señoritas, en esta oportunidad tenemos una simpática exhibición de vagina por parte de Fat Amy (Rebel Wilson, quizás la única verdadera revelación de la primera entrada), lo que -desde ya- deriva en una crisis interna y nuevas tribulaciones de distinto calibre. Aquí la comedia ligera le gana decididamente al drama bobalicón y hasta consigue despertar alguna que otra sonrisa, gracias a latiguillos absurdos.

Sin embargo, lamentablemente este recambio hacia el caos está administrado de manera precaria por la guionista Kay Cannon y la directora debutante Elizabeth Banks, un dúo que combina a los tumbos tres líneas narrativas, léase el ingreso de una nueva integrante a las Bellas, el trabajo de pasante de Beca (Anna Kendrick), con vistas a acercarse a su sueño de convertirse en productora, y la competencia con Das Sound Machine, un colectivo alemán favorito en el concurso internacional a capela. En lo referido a las canciones, seguimos presos de ese pop berreta descafeinado que caracteriza a buena parte de la industria cultural, circunstancia que mantiene a la obra en la comarca de la mediocridad pasatista…

calificacion_2

Por Emiliano Fernández

 

Bellas forever.

El regreso de las chicas y el debut de Elizabeth Banks como directora. Puro optimismo en la previa teniendo en cuenta el antecedente de Ritmo Perfecto, esa pequeña gran película, de corte clásico, que pasó desapercibida y fue totalmente subvalorada por aquí. Banks arranca fuerte y pone a Fat Amy (la estridente y genial Rebel Wilson) a cantar una canción de Miley Cyrus, colgada de unas telas en un teatro, junto a las otras Bellas, en una presentación ante el presidente Obama. A Fat Amy se le rompe el pantalón y les muestra sus partes al presidente y a la primera dama. Las Bellas son desacreditadas porque “Fat Amy le mostró la vagina a Obama”. La directora, en su ópera prima, nos marca la cancha y nos indica que no es partidaria de un cine medicado y adocenado.

Sin embargo, las distancias entre Más Notas Perfectas y su predecesora son importantes. En la película inicial de la saga la narrativa era clásica: una estudiante nueva (Anna Kendrick) aparecía para modificar las estructuras de un grupo musical a capela de la Universidad de Bardem. En la película los personajes se transformaban, crecían, como en El Club de los Cinco (cita pilar del film); era un coming of age, una película de cambio, de construcción de un nuevo sonido para el grupo, y de representación clásica donde todo se ejecutaba con mucha pericia cinematográfica y conocimiento de los procedimientos del clasicismo. En Más Notas Perfectas, los personajes ya están aplomados, el grupo recorrió todo el camino universitario, siendo tres veces campeón, y el desafío es presentarse en el campeonato mundial de “a capela”, donde deben competir con el campeón de Europa, unos alemanes que ocuparon el lugar de las Bellas en las giras locales ante la exclusión que sufrieron por la Organización A Capela.

Si bien la química entre las Bellas aún está intacta, los chistes tienen gracia y Banks no tiene temor en recurrir a burlarse con one liners machistas y misóginos muy precisos, el conflicto que se presenta sobre cómo dar el paso posterior a finalizar la universidad es un poco difuso y débil, y hasta sobreexplicado. La subtrama de Kendrick y el lanzamiento de su carrera como productora es un bálsamo que usa la directora para demoler el submundo de la producción musical con un productor subnormal, casi un dibujo animado que dispara precisos momentos de comedia.

La película también juega con el legado de las Bellas, el final de una época para el grupo y el comienzo de otra. Emily es el papel que interpreta la hermosa Hailee Steinfeld, una Bella por derecho adquirido, ya que su madre lo fue y en la representación final aparecen todas juntas, cantando y bailando en el mundial. Las Bellas siguen sonando bien, siguen teniendo gracia, aún incluso cantando las canciones pop más espantosas. Banks logró que la comedia funcione y le dio un futuro a la franquicia. Que las Bellas sigan rockeando.

calificacion_3

Por Carlos Rey

 

No hay dos sin tres.

¿Quién maneja el mundo? La pregunta surge desde una de las tantas canciones que podemos escuchar en la esperada Más Notas Perfectas, y la respuesta está clara: las mujeres. Si bien la primera entrega, de lo que parece ir camino a convertirse en una franquicia a futuro (ya se habla de la tercera parte), no tuvo el éxito esperando en nuestro país, queda claro que en esta ocasión las chicas vuelven con todo y dispuestas a ganarse al público que no pudieron ganarse la primera vez.

Las Bellas, un grupo femenino de cantantes a capela, quien ha resultado victorioso en las últimas competencias, se enfrenta a diversos contratiempos, algunos típicos de la edad, otros no tanto: convengamos que no todos los días alguien se queda colgando de una soga mostrando sus partes al presidente de la nación. Así comienza la trama, Fat Amy (Rebel Wilson) da la nota, quedando expuesta en un festejo de cumpleaños de nada más ni nada menos que Barack Obama, siendo todo el grupo desterrado de las competencias, giras y festivales, quedándoles como única opción para recuperar la gloria musical ganar el campeonato mundial de canto a capela. Allí se enfrentarán con Das Sound Machine, un grupo de chicos alemanes, demasiado esterotipados y llevados al extremo (de todas formas, no molestan en el argumento gracias al humor subliminar en cada diálogo entre ellos y las Bellas).

En paralelo se cuentan dos historias más. Beca (Anna Kendrick), quien parece ser la única a la que le preocupa su vida fuera de la universidad, comienza una pasantía en un estudio de producción musical: posiblemente esta historia sea la que menos funcione, aunque sirve para darle más protagonismo al genial personaje de Fat Amy, lo cual alcanza para compensar. La tercera línea argumental trata sobre la incorporación de una nueva Bella, “la heredera” (Hailee Steinfeld), quien será la revelación y salvará no solo al grupo en la competencia, sino también a las otras dos historias que componen esta segunda parte de Ritmo Perfecto.

Un punto a favor es la inclusión de más tiempo en pantalla para los personajes de los presentadores, una dupla genial donde los chistes de política, homosexualidad, racismo y misoginia están a la orden del día y funcionan perfecto. Siguen las canciones pop, se renuevan los covers con una canción original y el público agradecerá que haya llegado esta versión para posicionar de mejor manera a aquella primera película que algunos supimos disfrutar mucho más que otros, los cuales a su vez esperamos que el rumor de una tercera parte se haga realidad.

calificacion_3

Por María Paula Putrueli

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