A Sala Llena

Masterplan, según Rodolfo Weisskirch

Los Levy no son los Coen ni tampoco los Zellner, pero empiezan a tejer una interesante filmografía en la cinematografía nacional. El humor que utilizan no es agresivo ni crítico, no pretenden innovar con el uso del absurdo ni salir de una línea  de comedia surrealista o cínica. Masterplan es una obra afable, sencilla, simpática con humor efectivo, que posiblemente no sea ni original ni ingenioso, pero es notable como de una premisa tan minimalista, los Levy arman una obra personal, atrapante y honesta.

El protagonista, Mariano Cohen, se está por casar. A su cuñado se le ocurre que para reducir gastos, puede usar la tarjeta de crédito de Mariano para comprar electrodomésticos para la boda. Después Mariano denuncia la tarjeta como robada y se le devuelven los gastos. Nadie pierde. Excepto la aseguradora de la tarjeta. Pero a la hora de hacer la denuncia, Mariano explica que se la robaron de su auto, junto con este, un Siam Di tella de los años 60. Lo que lo obliga a denunciar el robo del coche, al que abandona al lado de las vías del tren, y a la vez lo ocupa Andrés, un simpático hombre, que la usa de vivienda.

Una serie de mentiras que se agranda como bola de nieve es el resultado de esta comedia, que nunca decae en ritmo ni eficacia narrativa. Hay una construcción coherente, verosimil en el comportamiento de Mariano, con una soberbia interpretación de Alan Sabbagh (Mi Primera Boda). La película sorprende en la relación de Mariano y Andrés, paulatina, bien desarrollada, profunda y genuina. La química entre Sabbagh y Andrés Salabria es perfecta. La tercera pata es Paula Grynspan, como la novia confundida e inocente de Mariano. Los Levy crean una comedia de enredos clásica con influencias del slapstick tradicional, con un protagonista patético, un perdedor querible.

Detrás del argumento principal, las subtramas que envuelven la mezcla de culturas (judío-japonesa), la relación conyugal (destacada la participación de los padres de la novia), la burocracia administrativa (muy buenas las apariciones de Campi y Carlos Portaluppi) tienen una participación destacada. Calculada, simple, pero funcional. Viene bien una comedia así para un domingo a la mañana.

calificacion_3

Por Rodolfo Weisskirch

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