A Sala Llena

Medianeras, Según Rodolfo Weisskirch

Crítica
previamente publicada con motivo de exhibición en el 13ºBAFICI.

¡Que
agradable sorpresa! Hace seis años, cuando vi por primera vez, el mediometraje Medianeras
(2005), la pasé bien, pero la ampliación a largometraje de la idea de
Taretto me tenía un poco preocupado.

Sin embargo,
el resultado final, no solamente es satisfactorio sino que además, quizás sea
la película más agradable del BAFICI, y no estaría muy lejos de afirmar que es
el mejor film argentino con intenciones comerciales que he visto en años.
Probablemente no sentía esto, desde Nueve Reinas.

¿Demasiado?
Para nada. La concepción de Medianeras no es la típica de las películas
argentinas. Estructuralmente hablando está concebido como una clásica comedia
romántica estadounidense. Si extrañan las buenas obras que hacía a fines de los
’80 y principios de los ’90, Rob Reiner, Nora Ephron o Woody Allen, acá llega
Taretto para refrescarnos la cabeza con una película que no parece haber sido
filmada acá, pero que por otro lado parece una declaración de amor a la Ciudad
de Buenos Aires.

Dos
personajes solitarios, herméticos, ermitaños, jóvenes viejos que buscan el amor
de su vida, Mariana y Martín, encerrados en sus departamentos, unidos por
medianeras. Las desilusiones amorosas en una ciudad cosmopolita.

Acá no van a
ver cine social, ni pobreza, ni robos. Se trata de una Buenos Aires burguesa,
demasiado europea para ser real… e irónicamente así es. Porque Medianeras
tiene como protagonista a la Ciudad y su arquitectura, sus edificios y
sobretodo su gente.

Una película
rica en ideas, matices, donde la iluminación, el montaje, el diseño de arte
demuestran una vasta creatividad. Y es taaaan agradable además, tan contagiosa,
empática. Sus personajes son tan patéticos como atractivos y queribles. Taretto
juega con hacer guiños constantes con el espectador.

Es cierto que
no va con el espíritu “Indie” del BAFICI, pero también es verdad que sirve como
trampolín al éxito, al boca en boca. Y no me quiero adelantar, pero con un boca
en boca adecuado, este film podría tratarse del gran éxito del año, de nuestro
representante en los Oscars 2012.

Las
actuaciones de los “desconocidos” Pilar López de Ayala (antes Moro Angheleri) y
sobretodo Javier Drolas son sutiles, magníficas. La elección de poner
protagonistas no demasiado glamorosos es jugada pero efectiva en el contexto
del film. Antihéroes perfectos rodeados por un elenco de grandes figuras del
cine y la televisión (no voy a quemar las sorpresas). El relato en off por
momentos es redundante, pero está aplicado a la estética elegida, que adopta un
tono a lo Manhattan, acaso principal referencia cinematográfica, con
algunas cosas del mejor Burman, el de El Abrazo Partido y Derechos de
Familia.

Realmente
deseo que a este film le vaya muy bien en la taquilla, porque ahí apunta. Se
nota mucho esfuerzo detrás y sería una lástima que críticos malintencionados,
prejuiciosos banalicen su estreno comercial.

No hay rama
artística ni aspecto comercial en que el film no funcione. Es probable que sea
demasiado pensada, previsible a nivel estructural, obvia en los elementos
narrativos, pero a veces es necesario. No molesta eso en Medianeras. El
mayor problema que tiene es que es muy corta. Es tan bueno el ritmo, tan
dinámica, tan cálido en su frialdad, que uno desea que no termine. No cansa
seguir viendo el deambular de los personajes.  Pero bueno, habrá que
esperar a la secuela, o al próximo film de Taretto.

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