A Sala Llena

Memories Look at Me

Memories Look at Me, de Song Fang

La sala numero uno del Ambassador estaba tan llena para ver Memories look at me que a punto de empezar la proyección la gente seguía entrando y ocupaba lugares que una persona sensata jamás eligiría. Cuando las luces se encendieron luego de los créditos, un buen porcentaje del público ya se había retirado y otro hacía esfuerzos por despertarse. El filme coreano pareció querer contar una historia intimista sobre el paso del tiempo, al poner a una hija de vuelta en casa de sus padres durante unos días. Lo que realmente muestra la películas es un compendio de conversaciones -principalmente entre madre e hija- en donde la mayor le habla de enfermedades de familiares, de algunos recuerdos de cuando eran más jóvenes y de alguna trivialidad casual.

El único mérito con el que cuenta este tedioso filme es la capacidad de sus actores de aprenderse larguísimos parlamentos, ya que el director compone esta película con planos fijos muy duraderos (los mas cortos deben durar un minuto al menos, los mas largos hasta cinco o quizas más) y prácticamente todos dentro de la misma casa. Como si ese constante camino hacia la nada no fuera lo suficientemente soporífero, el director se empeña en mostrarnos a muchos personajes bostezando, durmiendo, quedándose dormidos y ahí sí, claro, el espectador se siente muy pero muy identificado con los personajes: no quisiera estar haciendo otra cosa que cerrar los ojos y soñar una película mejor.

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