A Sala Llena

No me Quites a mi Novio

No me Quites a mi Novio (Something Borrowed, Estados Unidos, 2011)

Dirección: Luke Greenfield. Guión: Jennie Snyder. Elenco: Kate Hudson, Ginnifer Goodwin, John Krasinski. Producción: Hillary Swank, Yolanda Cochran, Andrew Kosove, Aaron Lubin, Pamela Murphy, Molly Smith. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 117 minutos.

Buenas, tome algo.

Si en Hollywood hacen estas películas calcando guiones anteriores y cada año tenemos dos o tres parecidas; si las situaciones y los personajes se desarrollan  a partir de planteos que rayan lo inverosímil, digo yo: ¿No sería justo que yo agarre por ejemplo el comentario de Amigos con Derechos, le cambie la ficha técnica, un par de frases y lo entregue a la redacción? Digo, así todo es más rápido y conciso. Es un aliciente contra el hecho de haber visto No me Quites a mi Novio.

Se lo pregunté así al director de la página, pero no prosperó. Pucha digo, me podría haber tocado en suerte la de Woody Allen. En fin, vamos allá, como dice Obelix.   

En este caso hay dos amigas de toda la vida. Darcy (Kate Hudson) está a punto casarse con Rex, el hombre del que Rachel (Ginnifer Goodwin) está perdidamente enamorada. A su vez a Rex (Colin Egglesfield) siempre le gustó Rachel pero se va a casar con su mejor amiga porque… ejem… bueno, la razón no está en el guión así que invente ud la que quiera. ¿Hace falta aclarar algo más? Si. Ethan es un gran amigo de Rachel y está en la película como el famoso y nunca bien ponderado consejero-consolador. ¿Y por qué está tan interesado en el bienestar de su amiga? Adivinó. Siempre estuvo enamorado de ella. ¿Vio que tengo razón?

El mayor error del director Luke Greenfield, es jugar su historia muy al borde de lo inverosímil. Es como si el también subestimara la inteligencia de sus personajes ya que el único elemento sostén de la trama es la baja autoestima de Rachel. Para trabajar este estado de ánimo,  el director se ocupa de meter algunos flashbacks en los cuales el espectador asiste a situaciones en las que hasta las sillas de los bares se dan cuenta de que Rachel y Rex se gustan. Ellos no. Aunque ronda el pensamiento de “¿como le voy a gustar yo?” en el clima de las escenas, físicamente ocurre otra cosa con las miradas y el cuerpo. Sólo queda pensar que ambos son bastante idiotas.

El catalizador de la retracción de los dos lo pone Darcy, una mujer que Luca Prodan describió perfectamente en la canción “La rubia tarada” de Sumo. Además es egocéntrica posesiva y soberbia con su mejor amiga y el mundo en general. No obstante esto Rachel, que vivió y vive bajo la sombra de Darcy, insiste en jamas fallarle a su mejor amiga. Casi masoquista.

Los 117 minutos de película sirven para redundar las situaciones en una playa y en bares mientras el casamiento está cada vez más cercano.

El guionista se apiadó (un poco) de todos metiendo de vez en cuando a Ethan, por suerte interpretado por John Krasinski, el único que entendió No me quites a mi novio y pone los únicos momentos rescatables de la película.

La típica selección de temas de la banda de sonido son tan caprichosos que deben haber salido del estéreo del auto de alguno de los productores y la partitura original es demasiado edulcorada y por momentos satura. Uno ve la película y puede anticipar que se viene el pianito emotivo.  

Llegará el momento de mamarracho total con la escena en la que el padre del nene le dice que se olvide de ella porque “no son de nuestra clase” esto es: Gente sin plata.

Ah! Cierto! Casi lo olvido. Rachel y Rex tendrán su momento íntimo para replantearse todo, hacer el amor y confirmar lo que ya sabíamos…Se aman. Y como ya lo sabíamos, podemos aprovechar el tiempo que ellos se toman para charlar el tema en la cama y darnos cuenta del talento de Rachel para tener sexo toda la noche y amanecer perfectamente peinada y maquillada. Como si hubiera estado con Casper.

Supongo que no va a molestarse en preguntar si todo termina bien.

Caer en el simplismo de decir que este tipo de cine tiene su público es sencillamente subestimar la inteligencia del espectador y la cantidad de años que uno lleva viendo películas.

No.

No voy a decir eso porque no quiero cargar con esa culpa. Con el guión de No me Quites a mi Novio, Migré hubiera hecho una tira de medio año.

Por eso lo de si termina bien o mal es relativo. Fíjese que no contento con este mamarracho, en medio de los créditos Greenfield inserta una última escena que no alcanza a calificar como gag, pero se cierra con un “continuará”. Espero que el cartelito se haya referido al resto de los créditos.  

 

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