A Sala Llena

Pangea

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Dramaturgia: Ana Katz. Dirección: Ana Katz. Vestuario: Roberta Pesci. Diseño de escenografía: Rodrigo González Garrillo. Iluminación: Alejandro Le Roux. Música original: Nicolás Villamil. Asesoramiento en sonido: Jésica Suárez. Asistente de producción y dirección: Laura Huberman. Producción ejecutiva: Luján Greco y Ana Katz. Colaboración autoral: Inés Bortagaray. Actúan: Jimena Anganuzzi, Mario Bódega, Verónica Hassan, Iair Said, Mariano Sayavedra y Susana Varela. Prensa: Marina Bellinco.

Alicia a través del espejo

La obra de Ana Katz tiene dos componentes que perduran a pesar de los formatos adoptados: la pasión por los viajes y el carácter onírico de los mismos. Ambos elementos sirven para entender la trama desplegada en esta pieza teatral y permiten trazar un mapa que acompaña los hitos que se plantan desde el inicio de la historia asociados, principalmente, a una transformación interior. Se podría mencionar, por ejemplo, la vestimenta de Diana –la protagonista- cuyo vestido aniñado y tal vez un poco fuera de lugar en relación con el resto de los personajes recuerda algunas ilustraciones del clásico libro de Lewis Carroll. El contraste que delimita esta prenda de vestir inocente frente a un oscuro pecado –cuya naturaleza no queda clara- es uno de los motores de este viaje disfrazado de expulsión por el entorno de Diana, pero que a todas luces se presenta como un paso ineludible en la búsqueda que emprende esta chica que se asume ajena en un ambiente chato que la rodea y la oprime.


El carácter onírico lo marca el escenario en constante movimiento, compuesto por piezas multiuso que potencian, enmarcan, segregan y unen al mismo tiempo los espacios, horizontes y escenarios representados. Aquí la autora apuesta al máximo a la imaginación de los espectadores, a través de marcas implícitas o explícitas que sirven a modo de guía para comprender las distintas geografías por las que va transitando nuestra pequeña Alicia a través del espejo. Planteada así la trama se torna sugerente, pero a medida que transcurren los diferentes encuentros que va teniendo Diana –o Selva, como preferían llamarla en su pueblo- el sinsabor invade y ralentiza una trama que resultó a priori interesante. La lírica de Katz ahonda en los pequeños hechos cotidianos, en los detalles que llevan a rechazar o adoptar a personas y lugares, y es hasta llegar a la mesa cosmopolita que el periplo de la protagonista es más parecido a un sueño que a un verdadero transitar por la vida. Ese es el momento crucial de la obra, en donde se toman las decisiones, se reivindican las amistades y se esboza el futuro de un modo más plausible para el espectador. Los diálogos -más propios del teatro leído- conforman una atmósfera de solemnidad onírica que fascina y recuerda a las obras de antaño, pero que no terminan de colmar las expectativas.

Pangea es un continente en donde todo está cerca y unido, donde todo tiene un único principio y fin. En consecuencia, esta Alicia a través del espejo que es Diana va y vuelve en círculos y despliega su encanto en un horizonte que termina despertando su nostalgia por volver. Al ir en redondo, la historia se diluye y agota en reflexiones de carácter cosmopolita, ecologista, gay friendly y latinoamericanista. El lema “la familia es lo primero” flota en el aire e intenta volver a captar a aquella que ha repelido sin notar que han ocurrido ciertos hechos -que podrían haber sido por cierto más interesantes- y que llevan a la protagonista a mirar su vida desde una nueva perspectiva.

Teatro: Timbre 4 – México 3554

Funciones: Jueves 20.30 hs

Entrada: $120 y $90

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