A Sala Llena

Partir

Partir (Francia, 2009)

Dirección: Catherine Corsini. Guión: Catherine Corsini con la colaboración de Gaëlle Macé. Producción: Fabienne Vonier. Elenco: Kristin Scott Thomas, Sergi López, Yvan Attal, Bernard Blancan, Aladin Reibel, Alexandre Vidal, Berta Esquirol, Gérard Lartigau. Distribuidora: Alfa. Duración: 85 minutos.

De amor, coraje y tragedia

Suzanne (Kristin Scott Thomas) tiene alrededor de cuarenta años y una vida casi perfecta; es esposa de un médico que le dio todas las comodidades materiales y un excelente pasar económico. Sus hijos, por los que ella dejó de lado su profesión para poder dedicarles todo su tiempo, son ya adolescentes. Suzanne quiere retomar su carrera, y aunque para su esposo Samuel (Yvan Attal) esto es un capricho, él le pone un consultorio propio. Allí conoce a Iván (Sergi López), un albañil simple, pobre, amable, del que pronto se enamora.

Personalidades detalladamente marcadas son las de los protagonistas de Partir. La historia relata la vida de una mujer que tiene todo, pero se ahoga; necesita vivir su propia vida, valerse por sí misma y demostrarse (a sí misma como a su marido) que ella es alguien y puede sola. A Suzanne se la ve débil, vulnerable, pero interiormente tiene una fortaleza y valor que asombra. Su marido es un hombre exitoso, tanto profesional como socialmente. Tiene claro que puede lograr lo que quiere y que es el dueño absoluto de todo, incluso, de la vida de su mujer. Es posesivo, machista y con un autoritarismo que disimula con gestos de condescendencia. En el otro extremo está Iván, un hombre trabajador que día a día debe luchar por su sustento. Estuvo preso muchos años y tiene una hija pequeña a la que su ex mujer no deja ver más que de vez en cuando. Iván se cruza en el camino de Suzanne en el momento en que ella se da cuenta de que sus hijos ya no la necesitan como antes y de que su vida no le es suficiente.

La directora –quien en otros filmes ha demostrado su interés por las heroínas- elige en este caso poner el centro de atención en el drama que la mujer debe enfrentar para lograr su propósito. La dependencia económica de Suzanne con respecto a Samuel es lo que hace casi imposible a la protagonista alejarse completamente del marido, a tal punto, que llega incluso a robar en su propia casa para poder subsistir.

La escenografía del film está cargada de significados, como para que no queden dudas del contexto en el que ocurre lo que allí se cuenta. La casa de Samuel es grande, sofisticada, cara, pero fría, casi vacía; sus paredes anchas y los ventanales de vidrio dan una sensación de encierro, la misma que siente Suzanne por dentro. La de Ivan en cambio es pequeña y lo que ella contiene es tan simple como su dueño; pero es suficiente como para sentir calidez. Nada más hace falta; se tienen el uno al otro.

Las escenografías aportan más valor aún. Caminatas junto al mar, una casa abandonada, la naturaleza, tomas amplias al aire libre; evocan la libertad y distención que los amantes sienten al estar juntos. Opuestos son los planos que abundan cuando Suzanne está con el marido: son más cortos, acrecentando la idea de encierro y poder de uno sobre la otra.

Partir es una historia de amor como las de las novelas clásicas. La protagonista se enamora y deja absolutamente todo, sin importarle nada ni nadie, por ir tras su amante y sentirse plena. El amante la contiene y siente culpa por las miserias que ella debe pasar. El marido engañado, por su lado, siente odio e impotencia porque acaba de perder algo –en este caso alguien- que le pertenece y para peor, le hace frente y se atreve a retarlo. El final, tremendo, es una muestra de que el amor siempre triunfa, a pesar de lo que cueste.

Por María Eugenia D’ Alessio

Amantes en crisis (económica)

La historia no presenta ninguna novedad: ama de casa burguesa con hijos adolescentes y esposo lleva una vida aburrida. Quiere empezar a volver a trabajar de lo que le gusta (kinesióloga), pero esto no significa que pueda quebrar la rutina. El marido le presta más atención a su consultorio, sus pacientes, sus amigos y sus fiestas. Suzanne necesita un cambio y será un albañil hosco pero honesto, amable, Iván quién le robe el corazón y la lleve por los románticos caminos del sexo sin edad y el riesgo… a ser descubiertos.

Hasta aquí nada sale de lo convencional. Las mujeres franceses no soportan estar casadas a los 40 y agarran al primer catalán que se les cruza en el camino… y si es ex presidario, mejor. Veremos algo similar en el próximo estreno, Un Affair du Amoir.

Sin embargo, cuando ya creíamos que teníamos la película vista y terminada, la guionista y directora, Corsini nos sorprende con un giro que a los argentinos nos acerca un poco más a la historia: Suzanne es una mujer honesta y decide decirle la verdad a su esposo, quien se niega a darle el divorcio y en venganza, le corta la cuenta corriente e ingresos a Suzanne, echa a la calle a Iván y gracias a sus amistades gubernamentales, les prohíbe conseguir otro trabajo.a ambos.

¿Cómo sobrevivir sin dinero? Del sexo solamente… no se puede.

Ante un planteo inicial lleno de lugares comunes, climas reconocibles, clisés, nos terminamos encontrando con un film social, una sátira extrema a la crueldad de una burguesía dominante. De repente Suzanne, debe vivir con el sueldo de una obrera. La reina se tiene que bajar del trono para estar al lado de su amante.

De forna sutil, Corsini va convirtiendo su melodrama romántico en un thriller psicológico en línea netamente chabroliana. Combinación perfecta entre la magistral El Carnicero y La Ceremonia, con elementos de La Dama de Honor, El Infierno y La Mujer Partida en Dos, la veterana Corsini homenajea al maestro del suspenso francés.

Sin embargo los méritos no recaen solamente en la paulatina y sólida forma en que la directora lleva el relato, sino también en decisiones estéticas importantes, como elegir a la gran directora de fotografía Agnes Godard, para diseñar encuadres emotivos, líricos, o fotografiar el rostro de la protagonista, Kristin Scott Thomas de manera impecable para que cada arruga de su rostro denote un sentimiento y preocupación. El montaje tiene un ritmo inusualmente in Crescente para este tipo de películas, inusual. Al principio planos largos en duración van dan paso a cortes violentos y sin raccord (como en la nouvelle vague) con inesperados saltos de eje.

Pero más allá de los toques estilísticos se destaca su trío protagónico. Tanto el israelí Yvan Atal como el catalán Sergi López están sólidos como es acostumbrado verlos en sus complejos personajes. López es un oso tierno. Lejos están los oscuros personajes de Harry, un Amigo que te Quiere Bien, El Laberinto del Fauno y Negocios Entrañables. Su Iván es parecido al protagonista de Ricky, pero con mayor profundidad dramática y búsqueda interior. Pero la verdadera revelación vuelve a ser Kristin Scott Thomas. La actriz de El Paciente Inglés ya se había destacado el año pasado en el film francés Hace Mucho que te Quiero, y en Partir, se la ve mucho mejor: más liberada, capaz de pasar del minimalismo gestual al desenfreno pasional, de la mirada sutil a la expresión más exagerada. Son difíciles los diversos estados de ánimo que atraviesa el personaje, y Thomas, con un fluido francés transmite emoción, risa e inocencia… y además demuestra ser una de las mujeres de 50 años más hermosas y sexis de la pantalla, sin necesidad de hacerse cirugías u ocultar su edad con maquillaje. Su excepcional trabajo enaltece la calidad del film.

La directora logra mantener un clima de tensión latente a lo largo de todo el film. No tiene miedo de hacer escenas de sexo “osada” para un film de estas características. Poco importa si el final es o no previsible. A diferencia de otras películas la breve duración ayuda a que el impacto final deje reminiscencias en la conciencia del espectador.

 

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