A Sala Llena

Pezones Mariposa

 

Pezones mariposa

Director: Bernardo Cappa. Dramaturgia: Creación Grupal, sobre una idea original de Bernardo Cappa. Intérpretes: Lorenzo Quinteros, Fernando De Rosa y Darío Levy. Dramaturgista: Laura Nevole. Diseño de Luces: Ricardo Sica. Vestuario: Paola Delgado. Escenografía: Félix Padrón. Prensa: Silvina Pizarro.

En un olvidado bufete de club de barrio conviven Cesario, el ex jugador estrella que parece sabérselas todas y Lionel, quien llegó hace tiempo del Chaco, se dejo estar y ahora se encuentra entre los baños del club y una promesa de jugar para Bolivia. Ricardo es la conexión con la otra realidad, integrante de la comisión, quien no se decide a dar la noticia: hay que entregar el bufete por varias irregularidades que se fueron sucediendo, le impide comunicarlo el hecho de que Cesario fue un compañero y gran amigo de su padre.

Durante el armado del espacio para recibir a las caponas de patín del club, Lorenzo Quinteros (Cita a Ciegas, Marat – Sade) interpreta maravillosamente a este ex crack que en su tiempo supo armar muy buenas jugadas y ahora se vino abajo : sin embargo aun  conserva esa chispa de jugador estrella y  trata de encenderla en el apodado gordo papa Lionel, excelente Fernando De  Rosa (Una Noche Incalculable, Ambiente) que peca de inocente, siguiendo paso a paso los consejos de este padrino, por locos que sean, dejando en evidencia que uno puede vivir sin el otro.

Dario Levy ( Los Siete Locos, Los Demonios) es Ricardo, quien participa más consciente de estar abordo de este tren absurdo del cual se quiere bajar pero se lo impide la culpa. Miembro como es de la comisión directiva, trae y lleva durante toda la obra, entremezclando su historia de amor con un café mal hecho y dando herramientas a Cesario para que este estire la situación a su conveniencia.

Un texto divertido, en el cual las acciones fluyen y la carcajada no se hace esperar: Bolivia se hace tan lejano como Alemania para el espectador mientras observa la rutina de el pobre Lionel, es Quinteros el indicado para encarnar a Cesario, quien nos  engaña con ese caminar lento, producto de la lesión en la rodilla que le impidió seguir jugando, pero no  de intentar conquistar a la letrada del club. Ricardo esta más cerca del mundillo de Cesario que de los directivos, dejándose llevar por los viejos relatos que involucran a su padre …

La escenografía acompaña el relato épico, mezcla el mito con el drama de tres hombres, termina por derivar en un espacio conocido para el espectador.

El director Bernardo Cappa (Amor a Tiros, Paciente Jabalí)  hace alusión al costumbrismo y  al sainete, con un elenco de estilo grotesco que funciona a la perfección.

 

 
Por Julia Panigazzi 
 

La belleza del fracaso

Ingresamos a la sala y ya en escena nos espera Lionel, sentado sobre un cajón de madera, rodeado de trastos viejos, mirándose en un pequeño espejo que sostiene con una mano, mientras con la otra se humedece el pelo sujeto con ruleros, utilizando un vaporizador de plástico.

Lionel realiza su acción como si fuera un sin fin. Se observa, respira y vuelve a comenzar. Este inicio marca el carácter de una pieza que se presenta como un transcurrir, y del cual el espectador sólo presenciará una parte una vez que se ubique en la platea, que, vale aclarar, está colmada.

Cesáreo, Lionel y Ricardo están ligados por la vida de un club de barrio, ya en sus epígonos. Los tres, como restos de una institución que tuvo tiempos mejores replican en su persona el haber sido también mejores. Derrotados en sus sueños y ambiciones viven en una realidad, construida desde una locura que de tan absurda genera ternura. Cesáreo, en la bellísima interpretación de Lorenzo Quinteros y por la cual recientemente recibió el Premio Teatro XXI a la actividad teatral 2010/2011, como mejor actor, justifica y a la vez excede el galardón. Vencido y con rencor, atrincherado en el buffet del club, adiestra a Lionel (tal vez el más desgarrador por su derrotada juventud) a quien ha convencido de ser una joven promesa que triunfará en el fútbol boliviano. Objetivo imposible ya desde la irrealidad de la pintura que fantasea el entrenador, cuando describe “las costas” del país andino. Empecinado en la empresa, reiterará los llamados a Santa Cruz de la Sierra, según el discado que marca (5913), por lo que su descripción de mujeres rubias y altas no se encuentra tan lejos de la realidad. Así transcurre Cesáreo, entre la fantasía y lo posible. El extraño vínculo entre el mentor y la promesa es interrumpido por Ricardo, miembro de la comisión directiva del club, abandonado por la amante y luego por su esposa, cuyo padre fue la otrora estrella del equipo y hoy es parte de ese grupo marginal de derrotados, en los límites del sistema, un poco adentro, un poco afuera.

Pezones mariposa aparenta una ausencia de conflicto pues no ofrece la clásica estructura de inicio en un punto de equilibrio, ruptura de la armonía y descenlace con restauración del equilibrio. La obra de Cappa, producto de una creación colectiva, ofrece la violencia de tres sujetos en permanente fracaso. Tres individuos que son la metáfora de un tiempo pasado que no sabemos si fue mejor pero que pudo serlo. El conflicto, decíamos, no estalla porque es permanente. El gran acierto de la obra es mostrar ese constante deterioro, esa lucha por permanecer en sujetos y espacios que son arrastrados cada vez más al margen por el mismo sistema y el cuarto de hora que ya pasó. Cesario, Lionel y Ricardo tienen un carácter de reciprocidad con el espacio que ocupan. La escenografía funciona aquí como un conjunto integrado que lejos de ser una bella postal de la decadencia, adhiere a ella, la construye, la crea. Cada elemento en escena cumple una función, cada movimiento de los personajes evidencia un diseño y una espacialización en términos de organicidad y en relación al conflicto que moviliza a cada personaje.

La puesta en escena está concebida como signo de tiempo pasado y abandono. El procedimiento constructivo que predomina es la reiteración de diálogos que significan la pérdida de memoria de un sujeto fuera de todo tiempo real que está al límite; y en esa geografía liminal irrumpe y sorprende el pedido de orden a través de una figura del afuera (brillante juego de palabras al homologar monarca, oligarca, demócrata, en boca de Ricardo pidiendo por “alguien que imparta algo”). El vestuario, en sintonía con la descripción anterior, completa la creación de un mundo en el que prima la caracterización del jugador que lleva el nueve en la espalda. El delantero con poder de ataque, poder que a la vez limita su defensa. El mundo que presenciamos no puede defenderse ya, vencido sólo intenta a duras penas seguir atacando, cada uno a su manera, Lionel en su ridículo entrenamiento, Cesáreo en los preparativos de su fiesta y Ricardo al pretender imponerse como la voz de la comisión directiva. Los tres, en bellas composiciones de los actores, evidencian una inteligente dirección de parte Bernardo Cappa, un enganche que sabe como conducir y mover al equipo en la cancha.

 

Por Larisa Rivarola

raracritica.blogspot.com 

  
Teatro: El Camarín de las Musas – Mario Bravo 960

Funciones: Viernes – 23:00 hs – Sábado – 21:00 hs

Precios: $ 50,00 y $ 30,00 


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