A Sala Llena

Quiroga y la selva iluminada

Dirección: Laura Cuffini. Guión: Laura Cuffini. Música original: Pablo Sirianni. Sonido: Mariana Chandelier. Diseño, realización de títeres y dirección general: José Menchaca. Actúan: Cruz Aquino, Mirna Gamarra, Ayelén Giammarco, Marcelo Giammarco, Jesús Igriega, Eduardo Maceda, Francisco Menchaca y Verónica Trinidad. Prensa: Marisol Cambré.

Desafío para los sentidos

El denominado teatro ciego no es ninguna novedad por estas pampas desde hace largo tiempo. Pero su amplio abanico de propuestas siempre sabe explorar algún costado nuevo, y esta vez el Grupo Ojcuro se anima a captar un público inesperado: los niños. El proverbial temor a la oscuridad es un desafío que requiere replantear la puesta de la obra, y debe decirse que el objetivo se supera con creces. Pasado el primer momento de incomodidad, de susurros que reclaman irse y de manitas que se aferran a la de uno en la mayor de las negruras, la obra acapara con su potencial sonoro las cabecitas de los más chicos, que de a poco y sin chistar sin van sumergiendo en la obra del genial escritor argentino Horacio Quiroga.

 Para esta generación tan ligada a lo visual sea tal vez un poco raro estar tanto tiempo sin esa cantidad de estímulos que bombardean sus retinas a diario: es por ello que esta representación de Cuentos de la selva se “ilustra” a través de marionetas luminosas, que surcan los aires, los ríos y las selvas imaginarias que los protagonistas van describiendo en cada historia. Estos títeres generan gran empatía con los chicos, que casi pueden tocar al loro pelado que sobrevuela por sus cabezas, o sentirse observados por las decenas de pares de ojos de los yacarés del cuento La guerra de los yacarés. De a poco, el pequeño público se mete de lleno en la trama, a través del personaje de Delfina, una nena a la que su abuelo y su madre le relatan estas historias.

Quiroga y la selva iluminada es un gran acierto de sus creadores por múltiples razones. Por un lado, se achica la brecha entre adultos y chicos a través de la supresión del sentido de la vista. En la oscuridad, la comunión de los espectadores es completa, así como grande es el disfrute que generan esos animales que van y vienen a través del éter impalpable. Todo esto se complementa con canciones que rescatan ritmos autóctonos tales como la chacarera y una puesta de sonido “envolvente” que no es más que el desplazamiento de los actores por el invisible espacio escénico.

Por último, los cuentos de Quiroga fomentan algo más: el interés por la lectura. Así, el comentario que se escucha en boca de muchos chicos a la salida es “¿me comprás el cuento?” Que una obra de teatro pueda despertar el tan valioso y descuidado como el interés por la lectura es –por estos días- algo más que elogiable.

Teatro: Ciudad Cultural Konex – Sarmiento 3131

 Funciones: Domingos 17.30 hs

 Entrada: $120

calificacion_4

Por Pilar González

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