A Sala Llena

REC 3: El Comienzo

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REC 3: El Comienzo (España, 2012)

Dirección: Paco Plaza. Guión: Paco Plaza y Luiso Berdejo. Producción: Julio Fernández. Elenco: Leticia Dolera, Diego Martín, Ismael Martínez, Alex Monner. Distribuidora: Cdi Films. Duración: 80 minutos.

Bodas de sangre infecta

No hay dos sin tres ni tres sin cuatro aparentemente. Hace cinco años Paco Plaza y Jaume Balagueró estrenaban la primera entrega de esta saga zombie (o de infectados) hispana, llamada REC y que fuera bastante bien recibida por el público amante del género. Filmada “cámara en mano” nos clausuraba en un espacio reducido, generando una sensación de claustrofobia e inquietud muy bien lograda. Tal fue su éxito que un año después se realizó una remake llamada Quarantine dirigida por John Erick Dowdle (nuevo y poco prometedor director del género dentro de la industria cuyo último trabajo fuera La Reunión del Diablo), que no tuviera tanto éxito en lo que respecta a recepción del público, en virtud de que no aportaba nada nuevo, prácticamente calcándola plano por plano.

Dos años después de su estreno, la dupla de directores decidió lanzar una segunda parte, REC 2, que a mi parecer no funcionó en tanto no había posibilidad de identificarse con las víctimas, un grupo de policías que junto a un médico buscaban dar con la sangre de los infectados y así poder encontrar una cura. Manteniendo la estética de cámara en mano y falso documental, supo mantener su aire de encierro pero no así generar el mismo miedo.

En esta ocasión llega, ya solo de la mano de Paco Plaza, REC 3: El Comienzo, película que gana cierta autonomía dentro de la saga al romper (literalmente a patadas) con lo propuesto por las primeras dos, sobre todo en su forma, volviéndose más un homenaje al cine de Zombies y exploit clase B. Vale aclarar que se trata de una precuela de la historia. Las referencias cinéfilas no se ciñen únicamente a los géneros mencionados, también se hace mención al cinema verité (estilo de cine de origen europeo que buscaba romper con el sistema clásico y reflejar cierto realismo subjetivo) y a directores como Renoir, puesto en boca de Atún, camarógrafo oficial de la boda que se representa, y que resulta ser el alter ego de Plaza.

Estamos en la boda de Clara y Koldo (Leticia Dolera y Diego Martín), y como suele suceder en los casamientos, siempre hay un tío que se manda alguna. Este caso no es la excepción, y arribado a la fiesta con una mordida en la mano, ya sabemos quién es el que va a iniciar el desastre. En un principio la película permanece unida a sus antecesoras mediante el uso de la cámara en mano (en este caso se nos son presentadas más de una subjetiva, variando incluso la calidad de la imagen, dado que hay más de un personaje captando el evento), cortando definitivamente con la técnica cuando, antes del título inicial y ya habiéndose desatado la masacre, Koldo en un acto de desesperación le da una patada certera a la lente.

De ahí en más la película responde a la forma tradicional del cine de terror (en el uso de la música incidental, los planos y demás) y en la que, especialmente los amantes del género, podrán reconocer influencias claras de directores como George Romero, John Carpenter, entre otros, y en el papel de Leticia Dolera a heroínas del cine clase B, como ya lo hiciera Robert Rodriguez con Rose McGowan en Planet Terror. Abunda (y mucho) el humor negro, y sorprende la inclusión del género de aventuras infantil.

La ausencia de Jaume Balagueró en la dirección de esta película responde nada más ni nada menos a que el mismo se encuentra trabajando en la cuarta entrega, REC 4: Apocalipsis, y al deseo de ambos directores de poder trabajar por separado debido a ciertas diferencias creativas. Ésta sí sería una secuela que retoma la historia donde la dejara la segunda. Aún no hay fecha de estreno confirmada, pero seguramente será esperada con ansias por quienes vean esta última entrega.

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Por Nuria Silva

“REC-uerdos”

Hay una filosofía de vida que atraviesa el discurso así como éste continúa influyendo a todos los posteriores y, llevando el campo de análisis al séptimo arte, se desemboca en un universo de plagio, inspiración y reconstrucción de realidades y recortes de la misma que se aúnan y se combinan en pos de una novedad respecto de un producto final que busca una revolución en el caso del género o bien, cine de autor. REC (España; 2007) tuvo la fortuna de romper con los basamentos típicos del cine de suspenso/horror y revolucionar, a nivel hogareño eso sí, la forma de consumir el cine, de sentir el cine y de entregarse a él. Cámara en mano, buenos efectos que suman a las curvas dramáticas,  actuaciones que pretenden el cinema verité del siglo XXI dentro del cosmos de la ficción hecha y derecha y más aún cuando el carácter central generador de lazos psicológicos e intercaracteres, es el archi-conocido mundo zombie bajo nulas justificaciones dignas del mejor Romero, eso sí, hasta una segunda entrega en el año 2009.

  1. 1. House effect. Hablábamos en el encabezado acerca del formato hogareño que propone el acercamiento a obras del estilo cámara en mano que intentan un retrato fiel dentro de la narración ficcional que se crea cuadro a cuadro. Formato contra el sumun del arte que es la representación en pantalla gigante, culmina con el triunfo de la TV como medio de transporte de un sentimiento, de una empatía e incluso de un conjunto de sensaciones que hace en sí al cine pero, por qué este estilo de películas repercute tan fuertemente en el inconsciente colectivo y las hace de culto respecto de otras obras maestras que huyen relegadas por el grueso del público. REC en específico fue maestra en generar una tensión más allá de lo controlable al momento de visionarla como así lo hiciese El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project; Estados Unidos; 1999) y más adelante la infame Actividad Paranormal (Paranormal Activity; Estados Unidos; 2007), pero, el detalle más importante al momento de destacar en el género y en el escenario de realización es lo limitado del recurso y la veracidad que logra respecto de una ficción con la que todos fantaseamos, es decir, se muestra absolutamente todo y, casi al estilo road movie, el espectador realiza el viaje que propone la obra y convive con los espectros que crea, entonces la tensión se muestra hasta empática porque “es lo que se debe sentir” y no otra cosa.
  2. 2. 3.0. Inserte el DVD/VCD y disfrute el casamiento de Clara y Koldo, una historia de amor, es que hasta ese detalle está bien plasmado, es una fiesta, se vive la fiesta y uno cree en esa fiesta y en esos invitado, entonces poco cuesta creer el caos que sobreviene luego. REC 3, específicamente REC 3, brinda, aggiornandose, reinventándose e incluso volviendo conceptualmente unas dos décadas atrás, el efecto zombie (sin importar de una explicación que se corresponda con el orgasmo de lógica que nos da la sensacional y actual The Walking Dead), dentro de un ámbito completamente distinto a todo lo vivido, ya sea como experimentación de comportamiento o bien, la simple excusa de ver qué sucede pero siempre (SIEMPRE) con la inserción de una cuota de humor negro y sádico que puede pasar desapercibido y tomando incluso a broma, muchos de los pasajes más dramáticos del cuento. Es entonces cuando se nos presenta un apocalipsis en el contexto del casamiento a todo trapo de Clara y Koldo, dos jovencillos que, luego de mucho tiempo juntos deciden contraer la unión y festejar con todos sus amigos y familiares sin saber que la mordida de un perro semivivo a uno de los ancianos de la familia, podría desatar el caos generalizado que rompe con todo lo edulcorado que puede resultar la pre-destrucción de todo orden moral.
  3. 3. Peter REC Jackson. Es que sí, hay puntos fuertes en todo el desarrollo dramático en el ámbito humorístico y de pompa que se celebra que nos remite al más Zeta e incluso gore de los Peter Jacksons, aquel de óperas de lo bizarro como Mal Gusto (Bad Taste; Nueva Zelanda; 1987) o Braindead (Nueva Zelanda; 1992) que, si bien no se corresponden con los valores de belleza y técnica propios de un a-b-c de costumbres mainstream, se imponen como filmes de culto por el contenido en sí y el revuelo conceptual dentro del cuadro. REC, en su última entrega y sin continuidad alguna ni génesis aparente (que lo reza el título, pero poco importa), alterna la forma de relato a partir de la alternancia de 3 cámaras vivas de distinta calidad en 3 puntos de vista aislados (la familia del novio, la familia de la novia y el cameraman contratado para registrar la boda “como Dios manda”) para luego dar un vuelco completo y dedicarse a registrar, cinematográficamente hablando, el todo que constituye la unidad de visiones con un mismo criterio y un arte en todo superior a lo que ya se ha visto en sus anteriores seriales e incluso dentro de lo que el filme lleva recorrido hasta el momento.

Seamos concretos, la génesis prometida no existe en lo absoluto en la totalidad del relato, el tono al que nos acostumbró lo “viejo” de REC, tampoco existe, el recurso estilístico total ya presentado en las anteriores obras, no resulta igual con los cambios de calidades e incluso la nueva forma de presentar la historia desde la filmación cinematográfica sin carácter presente ni subjetiva alguna. Pero qué y por qué atrae REC 3 que hasta puede considerársela bizarra y gore? Justamente y solo eso, la ausencia de los elementos ya harto conocidos por el espectador y que, predispuesto por la experiencia, va con equis expectativas a sentarse frente a la pantalla solo para encontrarse con algo completamente descontracturado y que goza de su propia obra, de su error y aprendizaje, y disfruta y ríe en consonancia con nosotros que en lugar de distanciarnos, queremos más de ese apocalipsis que lo tiene todo.

Entonces vemos que el prejuicio solo lleva a la mala premeditada al momento de ver cualquier cosa que se presente, el rompimiento consciente de esquemas rígidos del género culmina en aburrimiento extremo y rutinario que es lo que se debe evitar e incluso (así y todo) se puede lograr una unidad temática y artística más completa que la repetición constante.

REC 3 representa eso, entregarse y disfrutar, hasta entrar en un juego que, conocido o no, propone nuevos niveles de interpretación y de dificultad que adapta hasta al más reacio a su basamento interno.

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Por Uriel De Simoni

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