A Sala Llena

Recuérdame

 

Recuérdame (Remember Me, EEUU, 2010)

Dirección: Allen Coulter. Guión: Will Fetters. Producción: Travis Engelson, Nick Osborne. Elenco: Robert Pattinson, Emilie de Ravin, Chris Cooper, Pierce Brosnan, Lena Olin, Tate Ellington, Martha Plimpton. Distribución: Alfa Films Duración: 113 minutos

La película narra la historia de Tyler un jovén problemático que lidia con una familia que se volvió disfuncional luego del suicidio de su hermano mayo. Enemistado con su padre, y evitado por su madre ya que esta por cumplir 22, la edad en la que su hermano se suicidio, se vuelve el cable a tierra de su hermana más pequeña. A su vez, trata de encontrar su lugar en el mundo, y se enamora de la hija de un detective que lo puso preso por una noche, quien carga con la muerte de su madre y una relación problemática con su padre.

No se puede resucitar a James Dean.

Si Robert Pattinson quiere que lo recuerden por algún trabajo “serio” y no como el  “cara-bonita” de la saga Crepúsculo, o que hizo una pequeña aparición en una Harry Potter, no puede imitar a James Dean.

En primer lugar, debería tomar una clase de actuación en el Actor’s Studio y aprender el “método” al menos. Después que busque su propio método interpretativo, pero… imitar a James Dean… es caer muy bajo. Especialmente para aquellos que conocimos la obra de este increíble actor, de frescura inmortal, que con apenas tres películas se convirtió en leyenda y falleció en un trágico accidente automovilístico.  

Podríamos decir que no es culpa de Pattinson elegir un guión tan malo (no hay otra palabra) como el de Recuérdame, pero tomando en consideración que aparece como productor ejecutivo, en algo debió influir para realizar semejante bodrio.

La película empieza en 1991. Dato no menor. Una mujer con su pequeña hija son asaltadas, esperando el tren. A la mujer la matan. Su esposo es policía de Nueva York.

Diez años después conocemos a Tyler (Pattinson), un joven rebelde que va a cumplir 22 años y no sabe que hacer de su vida, excepto vivir de fiesta en fiesta y leer libros en la biblioteca para la que trabaja. Tyler vive deprimido por el suicidio del hermano mayor, a quien admiraba. Piensa que debe dejar algún tipo de testimonio o legado para que no se olviden de él. Vive peleado con su padre (Brosnan),un millonario empresario, a quien culpa de la muerte de Michael, su hermano. Para Tyler, lo único relevante que le queda hacer es cuidar de su hermanita de 11 años, y tratar de que su padre, se preocupe por ella, y como cuido a los hijos mayores. Diferentes circunstancias acercarán a Tyler a Neil (Cooper) y su hija Ally (De Ravin), de quien se enamorará paulatinamente. Ally es la hija de la mujer que matan en la secuencia inicial, y su padre policía, la cuida como si fuera un guardabosques. La pareja se rebelará contra sus respectivos padres, buscando un rumbo a su relación, y a sus vidas.

Si combinamos Al Este del Paraíso (Elia Kazan, 1955) con Rebelde Sin Causa (Nicholas Ray,1955), ambas protagonizadas por Dean, llegaremos a la génesis de esta historia. El conflicto central de la película es obviamente la relación padre e hijo, ya sea uno ausente, o uno omnipresente. La moraleja, es dejar crecer a los chicos, pero por otro lado, acompañarlos en la vida, por así decirlo.

Este tipo de conflictos que suceden en las mejores familias, Coulter (director de Hollywoodland, y miles de series de TV, especialmente Los Soprano), los convierte en la telenovela de las dos de la tarde de manera más burda posible, apelando a golpes bajos, momentos sensibleros, gritos, llantos, besos, video clips románticos vistos en las peores series estadounidenses. Acompañado por melodías contemporáneas. No falta un clisé, ni lugar común. Por supuesto, el comic relief es el compañero de habitación de Pattinson.

A Coultier no se le escapa estereotipo, y esto repercute en las interpretaciones. Cooper, que desde El Ladrón de Orquideas, se convirtió en una figura de gran relevancia, pero su aspecto hosco, lo encasillaron en el personaje del conservador / borracho / policía violento. Brosnan es el típico empresario frío, sin la calidez del Michael Douglas de Wall Street pero un comportamiento más serio, que lo alejan cada vez más de James Bond. Se muestra creíble en el personaje, pero los excesos dramáticos del guión lo obligan a sobreactuar. Lena Olin completamente desaprovechada como la madre testigo. Solamente Emile de Ravin aporta mayor simpatía y gracia a su personaje,

Pero Pattinson se come al elenco. Y no porque sea buen actor. Tan solo por ser narrador y protagonista. Se trata de un monigote. Un verdadero vampiro, pálido, andrógeno, escuálido sin una mínima expresividad. Todos sus diálogos están dichos con el mismo tono parco. Y no hace falta aclarar que cada línea, encima es peor que la anterior. Cada diálogo es previsible, mil veces visto.

Y como si esto no fuera suficiente para completar el tedio, Coultier no acierta con los encuadres, con la puesta de cámara, con la iluminación (no hay una sola puesta lumínica de interior donde no me haya distraído pensando donde estaba cada farol). Realmente se trata de una película que visualmente pretende ser prolija, y termina siendo peor que un cortometraje de un estudiante de cine de primer año. Hay errores de montaje que son increíbles para un film industrial.

No se trata de una película siquiera hecha en piloto automático. Directamente, es “algo”: un “ente melodramático” cuya exhibición y realización resultan inexplicables. Resulta anticuada en el peor de los sentidos. Ver hoy en día las obras de Kazan y Ray siguen siendo inspiradoras, tensionantes, apasionadas. Recuerdame es lo opuesto.

Teniendo en cuenta, que Coultier, con Hollywoodland trató de recuperar el espíritu del film noir de los ‘50s, así como la desmitificación de los “héroes” de esos años, no es difícil creer, que con esta película trató de revivir los melodramas adolescentes de ese periodo, pero llevado hace 9 años atrás. Aclaro, Hollywoodland no me gustó. Fue una gran decepción porque la historia prometía contar aspectos interesantes sobre el star system de la década, pero se perdía en densas escenas de diálogos inertes, y pistas falsas. Al final no tenía ni una pizca de noir, ni de tensión, ni de dramatismo o suspenso. Lo mismo o peor, mejor dicho, sucede con Recuerdame.

Pero si el principio y desarrollo son más difíciles de tragar que bola de naftalina, el final es un insulto a la inteligencia del espectador. Fetters y Coulter se las arreglan para introducir pistas sobre como (o mejor dicho, cuando y donde) va a terminar la historia. Cada espectador lo resolverá de forma distinta seguramente. Por mi parte, me di cuenta cuando el protagonista mira en el cine la secuela de American Pie (¿no podía haber elegido un película mejor de ese año?). Una cadena de razonamiento, me llevo a razonar, la fecha en que sucede la película y el lugar. El resto, por lo tanto es previsible.

Y sí, van a correr lágrimas… pero de bronca. Porque si alguno no lo entendió (o se quedó dormido capaz), Coulter no encuentra un cajoncito para las sutilezas, y no solamente indigna la redundancia del relato en off de Pattinson, sino también la manera burda, obvia, subrayada con que remarca cual va a ser el destino de Tyler en el final del relato. 

Me molesta cuando ciertos “críticos” hablan de los hermanos Coen, como realizadores, que  se creen que están por encima del espectador, y se burlan de la inteligencia de los personajes. Los Coen no lo ocultan: critican y se ríen, de y con el espectador (bueno, no a todos les cae bien el humor Coen). Pero Coulter es pretencioso e ingenuo al pensar que el espectador es demasiado estúpido para no darse cuenta de su jugarreta. Repetir tantas veces el mensaje y la información más banal ES burlarse deliberadamente de la inteligencia y la paciencia del espectador. Y ni hablar del cinéfilo, amante del cine clásico, al que ya nada puede sorprender, y solo pide… respeto por aquel cine.

No solamente se trata de un film, pretencioso, pobre, retrógrado, insultante, indignante y manipulador, sino también, un producto irrespetuoso, que no solamente desmitifica a la leyendas y glorias, del cine de la edad dorada de Hollywood, sino que los pasa por encima y se ríe de ellos.

Elia Kazan, Nicholas Ray y James Dean deben estar revolcándose en sus tumbas. Recuerdame es totalmente olvidable.

  

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Uno de los trabajos más difíciles a la hora de elaborar una crítica se da cuando uno recuerda el refrán “Si no puedes decir nada bueno, mejor no digas nada”. Y a su vez un espacio en blanco gigante no hace bien el papel de una crítica. Inevitablemente, y pese a que mi compañero Rodolfo Weisskirch ya dijo casi todo lo que se puede decir sobre este intento de película, hay, aún, unas pocas cosas de las cuales se puede extraer algo, no bueno, pero algo.

Aquello que ronda toda la película, aquello que se subraya y se resalta de una forma tan alevosa que resulta indignante sobre encontrar el lugar de uno en el mundo, esta, curiosamente, ligado a la depresión y el suicidio. Por lo tanto, no es ilógico pensar que la película sufra del mismo problema. Sin mucho talento y con un guión que deja mucho que desear, se hace imposible construir un filme optimista a partir de una nota de suicidio. Así que tarde o temprano, y gracias a los incontables esfuerzos del equipo creativo detrás de Recuérdame, finalmente la película tiene su momento kamikaze y se inmola contra todo lo poco bueno que había construido.

Ese “poco bueno” debe leerse como Emilie de Ravin, y por mucho que me pese, las intenciones de homenajear a Brando y Dean de Robert Pattinson, quién pese a que sus dotes actorales no son sobresalientes, entendió que nadie puede hacer mejor de joven incomprendido que ellos, aunque no logró extraer algo propio del tan peculiar lenguaje corporal de esos dos monstruos de la actuación. Todo lo demás, hace agua. Pierce Brosnan si bien tiene unos segundos donde logra construir un personaje más o menos decente, el guionista se esfuerza en llevarlo al cliché más extremo. Lo mismo puede aplicarse a Chris Cooper, y a todo lo que uno pueda imaginarse dentro del filme, el mejor amigo es el cliché del mejor amigo, la relación padre e hijo, casí que la película debería haberse llamado así. 

Por favor, y me tomo una licencia muy grande, que se entienda que no tengo nada en particular contra el cliché, no es el recurso en si, sino como se lo usa. Cuando se recurre a este tipo de elementos debido a carencias del autor para poder transmitir el nivel dramático que desea o por falta de recursos artísticos para poder narrar una historia, es cuando el espectador se molesta. Y el final, ese momento cuando la película se inmola en una escena tan asquerosamente patética, subrayada, abyecta e innecesaria que uno realmente no puede creer que hayan tenido el coraje de dejarla en el corte final. No solo por como iban a ser cuestionados, no porque fuesen a ser tratado como viles (después de Preciosa dudo mucho de los valores morales del estadounidense promedio), no porque lo hayan hecho con una ligereza indignante, no porque hayan tratado el aspecto moral y/o ético del asunto (el personaje de Emilie de Ravin y su profesor no se decidieron), ni siquiera por la falta de respeto que representa tomar por estúpido al espectador de una manera tan asquerosamente evidente, sino por la falta de consideración que representa para una inmensa parte del pueblo norteamericano (y por mucho que nos pese, mundial) incluir una escena tan canalla. 

Por otro lado, chicas, vayan tranquilas, lloren a su héroe, lagrimeen por esta versión triste y opaca de rebelde. James Dean hay uno solo, Robert Pattison ni siquiera califica como un Matt Dillon tercermundista. De todos modos, quiero rescatar que el pibe se animó a hacer una película independiente, a creer en un proyecto y llevarlo adelante, lástima que haya elegido tan mal.

Dejando de lado toda seriedad y solemnidad, debo decir que no se me ocurre mejor título para el film, es tal el esfuerzo de que uno recuerde a la película y a sus realizadores que uno no solo se acuerda de ellos sino tambien, de sus madres y hermanas.

 

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