A Sala Llena

Reflexiones sobre las Premiaciones

 

 

¿Qué es un premio dentro del mundo del cine?

Voy a tratar de evadir los protocolos y dejar de lado un poco los datos técnicos. No voy a remitirme en las próximas líneas a citar años o estadísticas sino a dar una visión personal acerca de los que George C. Scott denominaba, “el desfile de la carne”.

Habiendo terminado hace apenas 10 minutos, la última entrega de los premios Globos de Oro, concedidos por la Asociación de Prensa Extranjera, se me ha dado por hacer una pequeña reflexión acerca de la trascendencia de las premiaciones.

Lo que debería ser una acontecimiento bastante “simple”, en donde diversas asociaciones reconocen a lo que ellos denominan, lo “mejor” del año cinematográfico, termina derivando en un evento competitivo, donde lo menos importante termina siendo “que” se premia, para pensar en “a quien” se premia, “porque”, que implicancias socio-politicas-economicas pueden traer premiar a uno sí y a otro no, que resonancias pueden tener los discursos de figuras controvertidas, pero principalmente, se trata de un desfile de modas, en donde los mayores diseñadores de ropa se enfrentan con dientes apretados, para vestir a los “artistas”.

Un show, que requiere de millones y millones de dólares, suministro de energía, equipos técnicos descomunales, y todo para entregar una simple estatuilla.

Un evento de tres a cuatro horas de duración que mueve el mundo, supuestamente.

¿Qué estamos mirando?

Mi relación con los premios entregados por la Asociacion de Artes y Ciencias Cinematográficos, llamados cariñosamente “Oscars”, debido a que una de las primeras actrices ganadoras de dicho galardón, comparó a la estatuilla con su tío, es bastante estrecha. Gracias a un par de libros enciclopedicos, con la historia y estadísticas de dicho premio he aprendido mucho acerca de la historia del cine en sí. Me han servido de guía sobre todo aquello que tenía que ver, porque los premios, realmente trascienden en los libros de historia.

O sea, no se trata de calidad, sino de una tendencia. No todo lo premiado es realmente bueno, e incluso más de la mitad de los ganadores, sean injustos… ¿Pero injustos en comparación de quien?. Es esa la cuestión.

La temporada de premios no empieza en Diciembre como muchos creen, sino mucho antes. A veces cuando el film es un leve rumor, ya uno puede presentir por que se hace. Cual es el fin. Siempre, en Hollywood, la meta final, es la estatuilla dorada. Nunca lo van a admitir, pero para los productores es fundamental para poder publicitar más y mejor sus películas, y recaudar más dinero.

Esto no sucede solamente en Estados Unidos. Un premio, una nominación, la participación en un festival de cine, no es más, que publicidad. Sirve  tanto para un estudiante de cine, que hace su primer corto o un mero work in progress y quiere darse a conocer, como para aquel que ha invertido 350 millones de dólares y quiere recuperar lo invertido, además ganar dinero con su creación artística.

Es una verdad irreprochable. El público es seducido más por los premios que por la crítica especializada. Los premios dan el broche de oro, la confirmación de que una película ES BUENA. Los críticos somos un puñado de amantes del arte que ponemos solamente una calificación, pero un premio ES LA VERDAD.

Pero lo cierto, es que queda a criterio de cada uno evaluar que es bueno y no a comparación de qué, y los premios nunca tienen la palabra final, así como los que conceden los premios, generalmente son unos brutos, que terminan otorgando un reconocimiento más por aprehensión que por verdaderos motivos cinematográficos artísticos o conocimientos en la materia.

Sí, claro. Es una mera presunción lo mío. Los estoy subestimando, quizás. Honestamente hablando, lo único que realmente amerita saber es cual es la lista oficial de nominados.

Y con esto no solo me refiero a los glamorosos premios hollywoodenses, sino también a los festivales de cine.

Porque es así. La temporada de premios empieza en enero o febrero, muchas veces antes de los “oscars” con el Festival de Cine de Sundance o el de Berlín y terminan con los Oscars (yo no incluiria el BAFICI).  En este abanico de festivales, y círculos de premiaciones de asociocianes, vemos gran cantidad de películas, pero las que realmente interesan, son las que compiten por el premio mayor: llámese Mejor Película, Palma, León, Oso o Concha de Oro y, por supuesto los directores, actores, quizás guionistas… Rubros técnicos, mejor dejarlos de lado… Solo sirven para sumar.

Los premios pueden servir para marcar tendencias o modas. Gracias a los festivales de cine se descubrio el nuevo cine italiano, la nouvelle vague, el novo cine brasilero, etc. Y empezó tambien el glamour. Glamour que se opone a los mensajes de las películas, elegancia que contrasta con las miserias que se denuncian.

Los Premios son Política

Cuando las figuras artísticas, tienen oportunidad de mostrarse “tal cual son” en realidad interpretan otros papeles. El buen samaritano, el buen hijo, el buen padre, el buen político, el buen concientizador social. Entre chistes y explosiones lumínicas, las estrellas aprovechan la oportunidad de tirarse en contra de los políticos de turno, de apoyarlos o de hablar en contra de la guerra, y a favor de los pobres, cuando en realidad piensan en las fiestas a las que van a asistir, el alcohol, el sexo y las drogas.

Y aquellos que premian, tambien deben pensar en como la institución que representan debe quedar políticamente bien parada en el contexto mundial.

Por citar un ejemplo, la Palma de Oro en el año 2004 a Farenheit 911 de Michael Moore. Ni el presidente del jurado, por entonces, Quentin Tarantino, apoyaba la moción. Era sabido, que si por él fuera, le daba el premio a Oldboy de Park Chan Woo.

Y así podemos empezar a citar innumerables injusticias. No digamos aquellos que quedan afuera de todo, sino dentro de los nominados, siempre pienso que existe alguna obra destable. Los criterios no son del todo desacertados. Por eso sigo las entregas de premios. Por historia, y esperando el milagro.

Los Oscars de la Década

Creo que la última vez que realmente estuve de acuerdo con el ganador del Oscar a la mejor película fue en el año 2005 (sobre las películas del 2004), cuando Million Dólar Baby de Clint Eastwood, recibió el galardón. Sin embargo, fueron muchos años de frustraciones. Más allá de que no concuerdo con los ganadores, entiendo las razones que llevaron a dichas películas a tales posiciones, la mayoría de las veces.

Sigue siendo incomprensible como en el 2002, Una Mente Brillante le arrancara el premio de las manos al enorme esfuerzo de Peter Jackson en El Señor de los Anillos: La Comundidad del Anillo y Ron Howard le quitara el premio a David Lynch.

Al año siguiente, Scorsese pierde su premio de Pandillas de Nueva York ante la banal Chicago, aunque en el rubro de dirección, la política jugó de por medio, y se reconoció a Roman Polanski por El Pianista. Premio no demasiado incorrecto. Polanski venía de ganar justificadamente en Cannes, más allá de que la película no se encuentra entre mis favoritas del director.

Esto me recuerda que durante los ’60s y ‘70s, se jugaba más a la hora de nominar y premiar. Está bien, se dejaron afuera obras maestras de Kubrick, por ejemplo. Lo que me lleva a pensar que las injusticias están desde siempre, y ni Hitchcock ni Welles ganaron alguna vez un Oscar como mejores directores, cuando se los considera junto al director de 2001, Odisea del Espacio, los grandes innovadores del cine contemporáneo.

Pero es notorio que en la última década se premie cada vez más a los productos más intrascendentes que se encuentran entre la lista de favoritos, y que irónicamente terminan siendo los favoritos meses antes. Esto no es una cuestión de presupuesto, sino de superficies, de quedar bien con Dios y el Diablo, y no tratar de meter el dedo en la llaga.

Es por esto mismo, que en el 2006, no ganó Secreto en la Montaña, y sí, Vidas Cruzadas, que tiene muy pocos méritos artísticos. Por más que la película de Ang Lee no se trate de una obra revolucionaria, y ha sido bastante sobrevalorada, tiene mayores logros que la ópera prima de Paul Haggis.

El caso de 2009, el premio a Slumdog Millionaire: ¿Quien Quiere ser Millonario? es más relativo. La opinión se divide entre los que la amaron y la odiaron (y yo podría encabezar este segundo grupo), por tanto el premio queda relevado a preguntarse cual es la trascendencia artistica, social, cultural de la película de Danny Boyle. ¿Qué lugar ocupará en los libros de historia? El año pasado parecía una competencia entre películas, que podría haber sido hechas para televisión tranquilamente (a excepción de El Curioso Caso de Benjamin Button, que tiene méritos visuales para ser admirada en el cine, pero no tanto narrativos como para estar en un Top Five del año).

2010, ¿El Año que Habremos Hecho Contacto?

Hasta hace pocas horas abrigaba las esperanzas de que vientos de cambio, soplarían en Hollywood y por fin se podría pensar que un film de calidad narrativa y visual, una mirada diferente sobre la guerra, sobre la violencia. Una reflexión que no da como resultado respuestas, sino hipótesis, sin tomar una posición, dejando al espectador, pie para que él no diga, “voy a ser antibélico, simplemente porque la guerra está mal”, sino piense acerca de lo que significa que un hombre mate a otro, muera para salvar a otro. Una película inteligente, con un guión estructurado, no en la forma clásica de eventos que desancadenan otros eventos sino como una acumulación de situaciones críticas que dan por resultado una conclusión que saca el espectador cuando termina la proyección, como es el caso de la excelente Vivir al Límite (The Hurt Locker) de Kathryn Bigelow pueda obtener el galardón mayor dentro de la opulencia hollywoodense es un milagro. Y no demasiado imposible, teniendo en cuenta que venía arrasando en todas partes del mundo. Que empezó su camino como la sorpresa de Venecia 2008. Sin distribuidor en EEUU, abrió con la presencia de la directora en el Festival de Cine de Mar del Plata en el mismo año (el staff de A Sala Llena estuvo presente). Y que tras estrenarse en Julio pasado en Estados Unidos ha logrado sumar críticas elogiosas, adeptos, abrir viejas discusiones, pero plantearlas de manera distinta. Además que se dejaría atrás, la opinión misógina de que una mujer detrás de cámaras no puede ganar un Oscar como directora.

El hecho de que se haya extendido el número de películas nominadas a diez, en vez de cinco, lo veo como una medida favorable, donde películas más independientes y menos vistas como la increible genialidad de los Coen, Un Hombre Serio, podría alcanzar un grado de posteridad, aun cuando obviamente no se lleve ni una estatuilla (igual Joel y Ethan tuvieron su reconocimiento en el 2008, año en que indudablemente los premios deberían haber sido para P.T. Anderson por Petróleo Sangriento).

A gusto personal, me quedo un poquito más este año (pura cinefilia, no tanta objetividad) con los Bastardos de Tarantino o el pesimismo Coen, pero me parece que la película de Bigelow debería ser la justa ganadora. Por tanto, por fin, después de tanto años, haría contacto con la Academia.

Pero los Globos de Oro (que para muchos marcan un camino hacia los Oscars, lo cual coincido a medias) demostraron que nada esta dicho aún. El viernes Bigelow se llevó lo premios concedidos por los críticos, pero la prensa extranjera esta noche decidió conceder los laureles a los millones invertidos y los millones acumulados de Avatar, y al rey del mundo, Sir James Cameron, en vez de a la ex mujer del mismo (hablo de Bigelow justamente).

El resto de la ceremonia fue justa y previsible. Precious se llevó el premio a la actriz de reparto (Mo’nique), el Coronel Landa, digo Christoph Waltz sigue el camino dorado que se presumía desde que se lo vio en la primera proyección de Cannes de Bastardos… Meryl Streep nuevamente es favorita a todo, que tendrá como competidora a Sandra Bullock (debería ser un chiste esto, pero no lo es). Nada le sale mal. Sorprendió que le den un premio con mejor actor de comedia a Robert Downey Jr. por Sherlock Holmes y el bueno de Joseph Gordon Levitt haya quedado relegado. Misma suerte corrió la comedia romántica 500 Días con Ella, que más allá de su popularidad (pronto se convertirá en película de culto) no pudo avallasar a los ebrios sobrestimadisimos conductores de ¿Qué Pasó Ayer?. Sin duda, los Globos de Oro se miden en popularidad y no en méritos artísticos. Espero que los Oscars, este año sean distintos. Pero auguro resultados peores ahora, por lo que vinimos viendo en los últimos tiempos.

Seguramente, Avatar arrasará con las nominaciones. 10 u 11, la mayoría en rubros técnicos y seguramente los ganará (merecidamente) y será la mayor ganadora de la noche. Como dijo en su momento Curtis Hanson cuando compitió con Los Angeles al Desnudo contra Titanic, “espero que encuentre varios icebergs en el camino”. Aunque no me pondría demasiado alegre si Amor Sin Escalas se convierte en dicho escollo.

Sin embargo y a pesar de todo, sigo estas premiaciones con atención. Pensando en las próximas generaciones que aprenderán a ver y hacer cine guiándose por libros de historia de premiaciones. Pensando que Slumdog Millionarie, fue la gran película que cerró la primera década del siglo, del milenio, ocupando una posición acaso similar, a la que ocupara en su momento Lo que el Viento se Llevó. ¿Qué habría pensado yo entonces de la película que le arrancó el Oscar a La Diligencia de John Ford? ¿Fue merecido acaso?

Solamente espero, que los niños del futuro sean más inteligentes que yo, y aprendan a ver cine, buscando las películas por interés propio y no siendo (mal) influenciados por estos libros sobre premiaciones, que apenas sirven en realidad para entender de que se trata este preciado arte, por el que todos que leemos y escribimos en esta página compartimos con pasión.

 

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