A Sala Llena

Reliquia

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Reliquia

Dirección: Carlos Pelaéz. Textos: Silvina Ocampo. Diseño de vestuario: Laura Perez Andreau . Diseño de luces: Adrián Cintioli. Diseño de títeres y objetos: Julia Nardozza – Carlos Peláez. Elenco: Julia Nardozza y Valeria Pierabella. Prensa: Tehagolaprensa

…”Contiguo al cuarto de juguetes, que era a la vez el cuarto de estudio, estaban las letrinas de los hombres, letrinas que nunca viste sino de lejos, a través de la puerta entreabierta. El primer visitante, Chango, el hombre de confianza de la casa, que te había puesto de apodo Muñeca, se demoraba más que sus compañeros en el recinto. Lo advertiste porque a menudo cruzabas por el corredor, para ir al cuarto donde planchaban la ropa, lugar atrayente para ti. Desde allí, no sólo se divisaba la entrada vergonzosa: se oía el ruido intestinal de las cañerías que bajaban a los innumerables dormitorios y salas de la casa, donde había vitrinas, un altarcito con vírgenes, y una puesta de sol en un cielo raso…”



Reliquia es una obra basada en textos de Silvina Ocampo. Reliquia son las personas que forman este grupo, que imaginan y materializan este trabajo escénico, como Julia Nardozza, Valeria Pierabella y el director Carlos Peláez, ambos todos, provenientes del mundo titiritero del San Martín. Reliquia, también, son los objetos que embellecen la obra, objetos que guardan recuerdos y recuerdan historias, objetos que cobran vida, se santifican y acompañan la trama demente, lunática que se viene a mostrar.

Icera Medina Flores es una mujer, y es dos mujeres, la disociación. Que no por eso distintas son, ni contrarias, presentan su historia, algunas anécdotas que las marcaron en su eternidad, que trazaron el rumbo de su sórdida vida. Una vida perversa, obsesionadas con su rol de institutriz, con el cuidado de los niños, niños que tuvieron un final patético. Y los textos elegidos son trágicos,  exquisitas palabras, elegante redacción, así como la interpretación. Las actuaciones de Julia y Valeria son sublimes, logran darle a la  historia siniestra un tinte gracioso, para el que pueda lograr la risa con historias tan macabras, un tragicómico. La iluminación y la estética están muy bien trabajadas, ellos mismos son los encargados de hacer los títeres que aparecen en la obra, y por supuesto, de manipularlos. La ambigüedad se pasea por toda la creación, se mezcla lo cotidiano, lo familiar y peligroso al mismo tiempo, el cuidado y el miedo, el amor y el castigo, hasta quedar en el más absoluto desamparo.

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Por Cynthai Michelli

La niñez es ese período de la vida al que normalmente se lo caracteriza como la edad de la inocencia; pero dicha caracterización, en esta obra, es puesta  en entredicho. La niñez aquí es rememorada; y devenida en recuerdos se convierte en el vestigio de un tiempo otro, un tesoro, una verdadera reliquia.

Reliquia, con una magistral dirección de Carlos Peláez, aparece así como una obra teatral atrapante desde el principio, cuya dramaturgia, basada en cinco cuentos* de Silvina Ocampo, logra de un modo sorprendente recrear ese universo tan particular e inquietante de esta genial autora, en el que conviven la ambivalencia, la ironía y el humor negro. Verdaderos dramas humanos que se desarrollan en el transcurrir de la vida cotidiana y tienen por protagonistas a niños ligados al horror y la crueldad, como víctimas o victimarios, según la ocasión.

Hay relatos-reliquia propios y ajenos, y objetos-reliquia de apariencia inocente, que se exhiben como signos de la época en que tuvieron su origen, como testimonios concretos que garantizan la existencia misma de ese pasado. Relatos-Ojetos-Reliquias que a primera vista parecen irrelevantes, pero que en el devenir del relato revelan su pertenencia a situaciones muchas veces sombrías; y así es como lo familiar, lo conocido, poco a poco se vuelve extraño, provocando una sensación inesperada y aterradora, atractiva y repulsiva a la vez: la vivencia misma de lo siniestro.

A lo largo de toda la trama se aborda el mundo de los niños y su lado oscuro,  mostrando la existencia de la malicia agazapada detrás de la máscara de la inocencia. Así se hace foco en una lucha de opuestos que, en su permanente coexistencia, genera una fuerte impresión de ambigüedad que atraviesa toda la obra, y que desde el principio se plantea a partir de la presentación de una protagonista desdoblada, escindida, que necesita sacar a la luz  todo aquello que debería permanecer escondido.

Icera Medina Flores es una institutriz que dice tener la vocación de cuidar niños. Es una mujer asexuada, pulcra, de vestimenta recatada, que lleva el pelo muy corto y prolijamente peinado, de gestos delicados y medidos. Pero… ¿qué hay detrás de todas estas correcciones ajustadas a los requerimientos de la moral, la religión y los mandatos sociales de la época? La clave tal vez se encuentra en todos y cada uno de los relatos de la protagonista, que se eslabonan uno tras otro a medida que avanza la trama, reconstruyendo una pesada cadena de sucesos. Icera  realiza un mapeo hostil de territorios cotidianos; sus relatos transitan en principio por caminos familiares, reconocibles para cualquiera, hasta que un giro inesperado vuelve todo escalofriante.

En esta propuesta dramática son para resaltar las lucidas interpretaciones  de Julia Nardozza y Valeria Pierabella, que de modo exquisito logran darle carnadura a un personaje complejo y multifacético, que debe transitar por distintos registros dramáticos.

El vestuario (de Laura Pérez Andreau) también constituye un aspecto destacado de esta puesta, porque de un modo acertado recrea el espíritu de la época que se referencia. Y la iluminación (de Adrián Cintioli) también juega un papel muy importante, ya que la elección de una luz tenue, por momentos media luz/penumbra, consigue construir un clima intimista adecuado.

También es para destacar el modo en que los relatos de la protagonista, por medio de descripciones pormenorizadas de situaciones y personas, e incluso a través de la vivaz reproducción de diálogos, conducen/transportan imaginariamente a múltiples escenarios, pletóricos de fisonomías, atributos, personalidades, colores, texturas y hasta olores. Y en este sentido, la disposición del espacio de la escena -limitado por telones negros- resulta funcional; porque es en ellos en donde las imágenes mentales provocadas por los relatos minuciosos, aparecen como superficies en donde la imaginación no encuentra obstáculos para desplegarse sin límites.

Reliquia es una preciosa pieza teatral.

*(El Pecado mortal, Las fotografías, La Furia, Voz en el teléfono y  El diario de Porfiria)

Teatro: Pan y Arte – Boedo 876.

Funciones: Domingos 19hs.

Entrada: $60 y $50

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Por Mariana Moriello

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