A Sala Llena

Selma

(Estados Unidos/ Reino Unido, 2014)

Dirección: Ava DuVernay. Guión: Paul Webb. Elenco: David Oyelowo, Carmen Ejogo, Oprah Winfrey, Tom Wilkinson, Giovanni Ribisi, Tim Roth, Martin Sheen, Cuba Gooding Jr. Producción: Oprah Winfrey, Jeremy Kleiner, Dede Gardner y Christian Colson. Distribuidora: Buena Vista. Duración: 128 minutos.

La conciencia negra.

Para bien o para mal, las tres primeras escenas de Selma (2014) establecen la inflexión narrativa del film en su conjunto: vemos a Martin Luther King (David Oyelowo) ensayando un discurso frente al espejo, luego viene un atentado con explosivos en el que mueren niños y el remate llega de la mano de un personaje -interpretado por Oprah Winfrey- que recita el Preámbulo de la Constitución Norteamericana mientras intenta registrarse para votar. El opus de la publicista reconvertida en directora Ava DuVernay se centra precisamente en la batalla mediática de King en pos de finiquitar la segregación en Estados Unidos mediante marchas y actos varios de índole pacífica, toda una estrategia política resumida en el eslogan “negociar, demostrar y resistir”, sin jamás obviar a los sectores blancos en el poder.

Más que en edificar una biopic tradicional, la realizadora se muestra interesada en ofrecer un retrato del héroe del movimiento por los derechos civiles y dar testimonio de su doctrina igualitaria, en función de la cual analiza los detalles de la caminata que el susodicho promovió de Selma a Montgomery, la capital del estado de Alabama, reclamando la inclusión concreta de la comunidad afroamericana en el sufragio universal, algo que estaba garantizado sólo de manera nominal. La propuesta apuntala un contexto convulsionado caracterizado por la ignorancia, el complot gubernamental, un racismo de corte esclavista, la vehemencia del aparato de represión, una campaña de terror impulsada desde las cúpulas y finalmente la presencia de dirigentes extraordinarios como Malcolm X y el propio King.

Ahora bien, el error habitual de este tipo de obras mainstream pasa por el hecho de pensar que la figura pública de turno basta por sí sola para sostener la película, lo que deriva en un relato en mosaico a pura dispersión por todos los “personajes secundarios” de su vida. Selma por momentos también pierde el foco y para colmo cae en esa pomposidad alegórica sustentada en clichés, diálogos trillados y montajes sensibles con música a tono. Si bien vale aclarar que estamos lejos de los golpes bajos de El Color Púrpura (The Color Purple, 1985) o la mucho peor El Mayordomo (The Butler, 2013), resulta lastimoso que aun hoy continúe en auge esta clase de recursos cuando ya han sido superados por la crudeza documentalista intra industria de cineastas de la talla de Paul Greengrass y Steve McQueen.

Como suele ocurrir en casos como el presente, el convite compensa los problemas formales con la excelente interpretación del protagonista, Oyelowo, un actor británico al que no le tiembla el pulso cuando debe reproducir palabra por palabra los discursos históricos de King. Una idea oportuna del guión del debutante Paul Webb fue la de recurrir a inserts con los reportes del FBI en consonancia con la persecución y vigilancia de la que el señor fue objeto, un detalle bastante irónico que ejemplifica tanto la faceta reaccionaria de la sociedad del norte como la violencia que la enmarca. Dejando de lado las buenas intenciones del film en general, DuVernay se luce en las escenas intimistas y redondea un pantallazo afable sobre la construcción de la conciencia negra y su articulación militante…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

Sinécdoque Selma.

La mayor virtud de Selma es que se presenta transparentemente como un recorte y no como un intento por abarcar lo inconmensurable, estrategia que suelen adoptar las biopics para narrar una vida completa, a modo de síntesis. Salvo la enorme J. Edgar (2011) de Clint Eastwood, los modos empezaron a cambiar en los últimos tiempos. El foco de las vidas se empezó a direccionar sobre los acontecimientos, incluso el propio Eastwood tomó un fragmento por sobre la totalidad para contar una vida, en el caso de Invictus (2009), cómo Nelson Mandela recién electo presidente vislumbraba en el inminente mundial de rugby en su país una chance de reconciliación para su pueblo. Casi en la misma sintonía la directora Ava DuVernay cree en “la parte por el todo” para representar a Martin Luther King y es por eso que se posa sobre la lucha de este activista pacífico en una nación violenta, a las puertas de Vietnam y con el reciente magnicidio de Kennedy reverberando en la figura del presidente Lyndon Johnson, un personaje fundamental en esta historia.

DuVernay logra sortear algunos lugares putrefactos del más reciente cine de reivindicación afroamericana (cuyo film icónico es 12 Años de Esclavitud), acompañante de la administración de Obama, sin embargo cae en el uso pueril de los planos cortos para resaltar la violencia. En especial la de un ataque brutal a un hombre blanco que viajó de Boston a Selma para participar de la marcha hacia Montgomery, convocada para protestar por la negativa del gobernador de Alabama para dejar sufragar a los ciudadanos negros, lo que constituye el conflicto central de la película. El guión de Paul Webb tiene un doble mérito porque en primer lugar tuvo que reescribir los discursos de Martin Luther King (derechos que posee el estudio DreamWorks), y además porque expone en líneas muy contundentes cierta contradicción del protagonista, expandiendo los límites bidimensionales con los que se suelen encuadrar a estas figuras, incorporándoles un halo de endiosamiento.

Allí donde Steve McQueen no podía resistirse a hacerle un zoom con su cámara a una espalda marcada por latigazos, DuVernay hace un acercamiento más profundo al discurso pero no atraviesa del todo el límite de utilizar su película como medio para emitir un mensaje: poco es el espacio para la representación. David Oyelowo (Jack Reacher, 2012) compone a un Martin Luther King desde la particularidad y no desde la imitación, quizás como principal atributo. Selma es una película intrascendente pero dentro de las fronteras pintadas por su propio dispositivo surfea algunos rasgos inevitables de las biopic concientizadoras permitiéndose, por ejemplo, jugar con la profundidad de campo en las escenas del puente. Su estreno local solo tiene una justificación por ser una de las ocho candidatas a mejor película para los próximos premios Oscar. La ironía de la Academia en solo sumarle otra nominación, y a mejor canción original (la categoría menos cinematográfica de todas), la etiqueta como una obligación para mantener la línea de lo “políticamente correcto” para la industria, una jugada de la que era merecedora 12 Años de Esclavitud.

calificacion_3

Por José Tripodero

 

El poder del contexto.

Un joven de no más de 25 años y sus padres corren por sus vidas. Entran a un café para resguardarse, pero dos policías los encuentran. El joven se para contra la pared y alza las manos. El policía dispara. El policía es blanco, el joven negro, y la escena no transcurre en el 2014 en Ferguson, sino en 1965 en Selma, Alabama. Este fragmento describe solo una pequeña parte de los eventos que transcurrieron cuando Martin Luther King decidió viajar a Selma e instar a sus habitantes negros a pelear por su derecho a votar. Para aquel entonces, la segregación ya era ilegal en los Estados Unidos, pero como suele suceder cuando la ley está más avanzada que la mente de los habitantes a quienes rige, los ciudadanos de Selma simplemente deciden ignorarla. Cuando King llega, lo primero que recibe como bienvenida es una piña, pero cada situación que pone en evidencia el racismo que encierra esta ciudad no hace más que convencerlo de que es “el” lugar donde debe estar. King es inquebrantable, e insistirá hasta que su misión se cumpla.

La historia de King es fascinante tanto a nivel narrativo como político. Es una historia con muchos matices y pequeñas anécdotas, todas dignas de ser contadas. Sin embargo, King es una figura histórica peligrosa a la hora de retratarlo en un film. Es muy fácil acabar por endiosarlo, o utilizar sus hazañas para apelar a la culpa de sus espectadores blancos y al resentimiento acumulado por años de maltrato de sus espectadores negros. Sin ir más lejos, esto último es lo que hizo 12 Años de Esclavitud, lo cual le consiguió un Oscar a mejor película.

Afortunadamente, Selma logra escaparse de estos estereotipos que tantas veces arruinan a las películas históricas. Ava DuVernay retrata a King como una figura admirable pero también como un hombre con errores, contradicciones y dudas. El guión logra combinar los brillantes discursos de King con la voz de aquellos que sufren en el transcurso de la lucha que él invoca, y la dirección presenta planos interesantes y originales. La musicalización del film es impecable: sirve no solo para situarse en el momento y el lugar en el que transcurre, sino también para adentrarse en la cultura negra que la produce.

Sin embargo, en otro momento histórico, quizás Selma no recibiría la atención que recibió. Es una película bien realizada e interesante, pero no está a la altura de la mayoría de sus competidores en los Oscars. He aquí el aspecto más interesante del film, aunque se encuentre por fuera del mismo: Selmanos recuerda que una película no es solo los aspectos técnicos y artísticos que la componen, sino también el contexto en el que se produce. El ver a un joven negro ser asesinado por un policía y entender la impunidad que él disfrutará es volver a ver los noticieros que anunciaron la muerte de Michael Brown y recordar la total impunidad de la que disfruta hoy quien le disparó, el policía Darren Wilson. En este aspecto, es interesante cómo Selma hace hincapié en la importancia de las noticias: King mismo admite que necesita que suceda algo espectacular frente a las cámaras para que la gente entienda el sufrimiento por el que la gente de Selma pasa.

Selma no es, entonces, una maravilla del cine por sí misma. Pero sí es un producto interesante y relevante en su época y atento a su coyuntura, que busca influenciar la cultura desde el reflejo de la misma. Quizás el mayor logro de la película sea haber encontrado dicho reflejo en una lucha que interesa a todos, y hacer entender a sus espectadores que la problemática que retrata sigue vigente.

calificacion_4

Por Verónica Stewart

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