A Sala Llena

Discos Nuevos: U2 – Songs of Innocence

Tenemos los clásicos. Tenemos las bandas sonoras. Y ahora también las novedades de la mano de Pablo Rabotnikof.

U2 – Songs of Innocence

Bono | Voz 

The Edge | Guitarra Eléctrica.

Adam Clayton | Bajo.

Larry Mullen | Bateria.

El sacerdote que brindó la misa para la moral

No se dio cuenta que tenía grasa en el delantal

Pappo, “Insoluble”

Quizás ya no lo recordemos, pero en algún momento importaba la música. Una guitarra (post) post-punk podía construir catedrales sónicas infinitas a base de delays sobre estructuras firmes y monolíticas de bajos y baterías. Y desde el púlpito, un pequeño predicador irlandés nos hablaba de amor, castigo y redención. Y le creíamos cada palabra, cómo no. Éramos inocentes.

Más tarde, el mismo predicador – que se sacó la sotana y nos mostró que debajo estaba lookeado como para reventar la noche- nos llevó al boliche y nos dijo “muchachos, todo era una gran joda, llegó la hora de divertirnos” mientras destapaba una Guinness. Y le hicimos caso, cómo no. Aunque lo que entonces sonara de fondo fuera electrónica sucia, seguíamos obnubilados contemplando cómo la guitarra dibujaba fuegos artificiales sobre el cielo de Berlín. Perdimos la inocencia, sí, pero cómo bailamos.

Después empezaron los verdaderos problemas. Recién salidos del boliche, encontramos al pequeño predicador transpirado, con brillantina y rouge marcado por todos lados subido al púlpito, hablando nuevamente de amor, castigo y redención. Pero ya no podíamos creerle. Ya no éramos inocentes.

Todo eso fue hace mucho tiempo. Ahora sólo importan Apple, los 100 millones de dólares, los histéricos de todo el mundo que se quejaron de que les apareció Songs of Innocence de U2 (de él hablamos) en su ultra canchero dispositivo sin haberlo pedido. Ahora ya no importa nada la música.

Es increíble como en un disco que llevó tanta planificación -cinco años, decenas de demos, el trabajo de productores estrella del mundo con Danger Mouse a la cabeza- todo parece ir tan a la deriva. Lo recorremos de punta a punta y nos cuesta encontrar una melodía memorable en un disco al que Rolling Stone le dio ¡cinco estrellas!  -lo que por supuesto habla más de Rolling Stone que de U2 (sí, Kurt, las revistas corporativas siguen dando asco).

Los coros y los guitarrazos de The Edge en “The Miracle (of Joey Ramone)”, la cita a “Barbara Ann” (Beach Boys) en “California” son homenajes explícitos incomprensibles que mueren en el gesto mismo. Y sorprende creer que de una preselección de más de cincuenta canciones temas como “Volcano” o “This Where You Can Reach Me Now” hayan sido finalmente incluidos en el disco. Ojala jamás vean la luz los outtakes.

Por momentos, a U2 se le ve el papel de calcar. En “Iris (Hold Me Close)” Bono recuerda a su madre, duplicando su voz en octavas, pareciendo querer montarse sobre el “Behind the Wheel” de Depeche Mode – aunque sin su oscura genialidad retorcida- para estallar en un estribillo épico marca de la casa. Con esto, le basta a U2 para moldear tranquilamente uno de los mejores temas del disco. Para el cierre con “The Trouble” (con Lykke Li) nos lleva directo a “7 Seconds” (Youssou N’Dour y Neneh Cherry), un notable hit crossover… de 1994.

Es triste ver como hoy todas las catedrales se llenaron de nuevos predicadores (Coldplay, Killers, Keane) y notar cómo ese pequeño irlandés se aparece camuflado con un cuaderno en una mano -y una Guinness en la otra- tratando de copiarles alguno de los trucos que le robaron a él en estos años. Asombra pensar que ese viejo predicador es uno de los hombres más ricos del mundo.

Sin embargo, es aún peor es cuando U2 intenta aggiornarse, algo que le salió de maravillas hace 20 años. Pero no ahora. Desafío a que algún padre en el mundo intente hacer dormir a su hijo con “Sleep Like a Baby Tonight”. Ojalá lo logre antes de que entre Bono con su falsete.

Así y todo, hay momentos de Songs of Innocence en los que U2 parecen avergonzase de ser la banda más grande del mundo y no tener un solo motivo musical actual que lo justifique. Ahí es donde aparecen temas como “Every Breaking Wave”, que al igual que en “Moment of Surrender” o “Miracle Drug” en los discos anteriores intentar buscar algo de la magia perdida. Porque la inocencia es imposible de recuperar.

Cuando miramos de vuelta, el pequeño predicador irlandés cierra con llave la puerta de la catedral vacía. Y como ocurre en “Eleanor Rigby” nadie fue salvado esta vez.

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