A Sala Llena

Ted, según Elena Marina D’Aquila

Teddy Beer

Con su ya característico humor proveniente de Padre de familia, Seth MacFarlane se anima a hacer un poco más de lo que venía haciendo y también a arriesgar. El resultado es una película que cuenta con un osito de peluche malhablado que fuma marihuana, toma cerveza y -¿por qué no decir algo más específico sobre él?- es putañero. Además, tiene buen corazón y es adorable. Todo eso nos recuerda a otro personaje reciente: Paul, el simpático extraterrestre de la película dirigida por Greg Mottola.

Aquí aparecen elementos familiares: el tipo de humor negro cínico, políticamente incorrecto e irónico de siempre, chistes ligados a la contemporaneidad, que funcionan muy bien, y la actriz Mila Kunis (voz de Meg en Padre de Familia); también hay otros nuevos que sorprenden gratamente, como la presencia de Mark Wahlberg. Acá Wahlberg interpreta a un hombre de 35 años con una mezcla de dulzura y fiesta, como su personaje en Boogie Nights. La historia es simple pero está narrada con mucha honestidad por la voz en off – transgresora- de Patrick Stewart. Es la historia de un niño que una Navidad desea que su oso de peluche cobre vida y se convierta en su mejor amigo. Al día siguiente, cuando despierta, su deseo se ve convertido en realidad y, desde ese momento, oso y niño permanecen siempre juntos, lo que se convertirá en un obstáculo para el crecimiento emocional del personaje de Marky Mark (sí, incluye escena con los pantalones bajos, para nada despreciable) y la relación con su novia, Lori. Es decir, Ted vendría a ser el Dupree que debe mudarse para darle espacio a la pareja. Pero sobre todo, Tedes una buddy movie, un bromance y un coming of age para el personaje de Wahlberg, que finalmente logra superar su miedo a los truenos pero sin dejar de lado al niño que lleva adentro –porque, después de todo, es un niño en un cuerpo de adulto (y qué cuerpo…)-.

La película tiene varios cameos -el más divertido es el de Ryan Reynolds-, y MacFarlane hace un trabajo impecable dándole voz y vida a Ted y, a su vez, intercalando desde guiños a Indiana Jones y Tintín hasta la música de Padre de Familia. También utiliza sonidos provenientes del dibujo animado en un divertido recuerdo del personaje de Wahlberg. El director explota todo tipo de humor: el narrativo, el visual y el de situación, logrando escenas increíbles como aquella en la que Ted es entrevistado por el empleador del supermercado, o cuando el peluche descubre a la nueva cajera: Tami-Lynn. También está la inolvidable canción del “trueno”; además, ver a un osito que muele a palos a Mark Wahlberg funciona como un plus, entre otros grandes momentos.

Es imposible dejar de reírse a carcajadas constantemente, sobre todo en las escenas que incluyen a Ted. El film, en suma, no decepciona en ningún momento, porque es un cine puro y sincero. Es la demostración de que este tipo de humor no pertenece sólo a la TV y de que es tiempo de abrirse y dar paso a un modelo de comedia renovadora que funciona en parte como espejo de la actualidad. Algo que Seth MacFarlane sabe muy bien cómo hacer funcionar.

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