A Sala Llena

Trío Fernández-Sívori-Piazzolla + Nicolás Sorín en Boris

Trío Fernández-Sívori-Piazzolla + Nicolás Sorín

Martes 15 de mayo 2012

Boris, Club de Jazz

Cirilo Fernández: piano y teclado

Mariano Sívori: contrabajo

Pipi Piazzolla: batería

Nicolás Sorín: voz y efectos

Pedro Rossi: guitarra criolla

Hoy somos testigos de la más completa armonía, sincronización, conexión, juego, alegría, goce, delirio y comunicación entre tres personas, amos y señores de su instrumento cual misteriosa prolongación de sus manos, de su cuerpo, de su alma o a la inversa, poseídas cual hechizo sublime digno de ser presenciado en el maravilloso cosmos de la música que envuelve, que abraza, que arma submundos, burbujas de cristal imperceptibles logrando su cometido. El talento fluyendo entre los músicos y nosotros gustosos de poder estar ahí, viviendo lo irreal. Agua límpida y a veces oscura pero rebasada, desbordada de emoción.

El grupo se unió a través de la propuesta de Mariano Sívori, a quien se le ocurrió hacer un crossover, y el mismo día del concierto ensayaron, se vieron por primera vez, naciendo el amor a primera vista que los unió y los mantiene en esa sintonía en la que además comparten otros proyectos: Mariano Sívori Sexteto y el Octeto de Nicolás Sorín. Editaron su primer disco Triathlon -enteramente instrumental- por BAU Records en el año 2009 con una muy buena recepción por parte del ambiente del jazz. Con motivo de mostrarse y adelantar su próximo material que incorporará letras, se presentaron en Boris aunque con el aporte adicional de Nico Sorín; quien además de ponerle su voz y sintonía alienígena a las canciones, las ornamentó con efectos electrónicos desde su iPad marcando claramente un “otro” en ese natural fluir de elixires sonoros que hipnotizan y nos adentran en el placer onírico del ritmo y sus melodías.

Así disfrutamos de grandes momentos de la mano del Pipi Piazzolla; siempre desarmando estructuras, acelerando la velocidad en un placer lúdico, dejándose penetrar por los espíritus ancestrales, por los dioses del arte mismo. Cuando los músicos saborean la melodía, la disfrutan, la beben placenteramente, ahí es cuando nos la sirven en la boca, la impregnan en los sentidos, hacen que el deleite se comparta y esa sensación estuvo presente de comienzo a fin, creando un espacio etéreo, en el que estuvimos separados del mundo por un rato.

Los protagonistas de la noche perpetuaron las canciones de su disco y al mismo tiempo las recrearon, reinventándose en el instante y el espacio del ahora, jugando, improvisando, hablando las maravillas, vibrando en un fluir constante, en un entendimiento majestuoso, en una travesía donde -a pesar de que el jazz fue el maestro de ceremonias- se unieron el rock, lo clásico, lo regular y su antítesis. Pedro Rossi fue un invitado de lujo, regalando el arte esplendoroso de su guitarra criolla, aceptando aventurarse en este escenario-metrópoli pleno de creatividad.

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