A Sala Llena

Un Dios Salvaje, según Nuria Alvarez Silva

“A veces siento que entre dos que se rompen la cara a trompadas hay mucho más entendimiento que entre los que están ahí mirando desde afuera” Rayuela, Julio Cortázar.

¿Cómo romper a trompadas todas las caras de la burguesía y de la clase media-alta de, en este caso New York pero lo mismo da? Dejando que Polanski dirija, y en tiempo real, una adaptación de la obra teatral cómica Le Dieu du Carnage, escrita por la también co-guionista de la película Yasmina Reza. Altos niveles de ironía y cinismo.

Un niño agrede a otro en un parque golpeándolo en el rostro con una rama. Armado con una rama… no, cargando una rama… y así conocemos a los padres: a los refinados Cowan, Nancy (Kate Winslet) y Alan (Christopher Waltz), progenitores del agresor, y a los simples y amables Longstreet, Penélope (Jodie Foster) y Michael (John C. Reilly), padres del niño desfigurado… bueno, desfigurado no. Y desde aquí, desde esta premisa, un viaje al dedo bien metido en la llaga de todos los discursos hipócritas. Podríamos compararla con las comedias más ácidas de Buñuel, aunque en un tono realista que va, de a poco, tomando la forma del grotesco. Puede remitir a algunas obras del director español la incapacidad de los personajes para abandonar la situación, de aceptar la última palabra del otro.

Polanski utiliza la cámara con el tacto de un cirujano y le otorga un sentido especial a cada plano y a cada personaje con ellos, desnudando de a poco sus contradicciones, hasta que los cuatros personajes terminan por convertirse en una caricatura de ellos mismos, como si se tratara de una máscara de cera que se da derritiendo frente a nosotros. La forma en que las complicidades y enfrentamientos fluctúan en este cuarteto, hacen que cada postura pueda sostenerse menos, evidenciando las contradicciones de cada uno.

Quizás podríamos hablar de una mirada algo misantrópica en tanto que ninguno de los protagonistas se salva del ridículo, representando cada uno de ellos una linea de pensamiento diferente: se mofa del idealista, ridiculiza al inmoral. Jodie Foster y Christopher Waltz interpretan a los personajes más opuestos y extremos, por lo que quizás son los que más pesan en la pantalla.

Utilizando el mismo recurso que en La Muerte y La Doncella, la película abre y cierra con un plano prácticamente idéntico, resignificado en su contenido por lo todo lo acontecido en el medio. De corta duración, precisa y efectiva, Polanski vuelve con una obra que hace reir hasta que nos vemos reflejados.

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