A Sala Llena

Búsqueda Implacable 2 (Taken2)

Búsqueda Implacable 2 (Taken 2, Francia, 2012)

Dirección: Olivier Megaton. Guión: Luc Besson, Robert Mark Kamen. Elenco: Liam Neeson, Famke Janssen, Maggie Grace, Leland Orser, D.B.Sweeney, Rade Serbedzija. Producción: Luc Besson. Distribuidora: Fox. Duración: 91 minutos.

Naturaleza muerta

Ante el estreno de Búsqueda Implacable 2, es interesante trazar la diferencia por la cual la original funciona y esta última no. Ambas pertenecen al género de acción y naturalmente, se manifiestan con los tópicos de dicho cine (armas, peleas, muertes, buenos y malos). Sin embargo, si la primera es muy buena se debe a algo ajeno al dinamismo y a la adrenalina. Búsqueda Implacable era un film real. Su detonante argumental (la trata de blancas) se debía a una problemática actual, que trasciende fronteras y clases sociales (así, se exponía una fuerte crítica hacia los estatutos de poder más altos). A su vez, los personajes no eran más que seres comunes y corrientes con conflictos dramáticos clásicos, pero no por eso menos interesantes (un padre sobreprotector, una hija que quiere ser independiente, etc.).

El elemento que ayudaba a inyectar todavía más realismo era la presencia de Liam Neeson, un actor que puede interpretar, con la misma convicción, a un padre de familia como a un ex agente secreto en busca de venganza. Uno de sus mayores logros era la capacidad para lograr que la cruel y desesperanzadora realidad se funda con el entretenimiento. Es decir, que mientras se introducía en una temática oscura y real, el relato seguía siendo leal al género, por lo cual avanzaba segura sobre los carriles establecidos.

No bastan muchos minutos para pensar que Búsqueda implacable 2 no funcionará. Su peor falla proviene, justamente, de la eliminación de ese carácter realista para reemplazarlo por la confianza ciega en un guión vago y sin fuerza. En este caso, la excusa es un viaje que realizan el ex agente Bryan Mills, su ex esposa y su hija a Estambul, en donde se encuentran quienes buscan venganza tras las muertes ocurridas en la primera película. Sin embargo, nada se siente natural. Por el contrario, las acciones son tan desanimadas y poco estimulantes que termina sin importar demasiado que sucederá con los personajes (posiblemente se salven, con lo cual uno puede ajustarse tranquilo en la butaca). Estos se hallan en un determinado espacio y tiempo a hacer los mismos movimientos y a decir las mismas líneas de diálogo otra vez, pero peor. Al menos la primera parte tenía más imaginación para inventar excusas. Tampoco funciona como secuela. Con el correr de los años, nos acostumbramos a notar una mayor ambición en las segundas partes (aunque no necesariamente sean mejores que la original). En el caso de esta película, donde debería haber el doble de explosiones, peleas y muertes, todo se reduce a la mitad de la abundancia de la primera parte.

Es un grosero error que un film de acción no transmita adrenalina ni peligro. Este legado de la pantalla al espectador es, en esencia, el cine mismo. Es decir, la preocupación por la vida de alguien que se presenta en un tiempo efímero. Búsqueda Implacable 2 se encuentra en las antípodas de, por ejemplo, Misión Imposible 4, una película dinámica, inteligente y que unifica el peligro con el afecto hacia los personajes. Esta no es una comparación odiosa, sino justificada. Sean mejores o peores, las secuelas de la saga de Ethan Hunt siempre se interesaron en mutar su genética para brindar una línea de entretenimiento distinta a la anterior. El resultado pretende llevar al público a sentir que la amenaza y el peligro nunca se fue, sino que es un elemento constructor de la puesta en escena.

En Búsqueda Implacable 2, el camino recorrido por el héroe queda relegado a una nula imaginación que ni siquiera el más pesimista podría haber imaginado. En la primera parte, el nivel de acción no se detenía. Por el contrario, se incrementaba a medida que el protagonista  avanzaba en su afán por encontrar a su hija. Acá, todo se encuentra limitado a un puñado de secuencias poco novedosas que se denota un triste piloto automático detrás de cámara. Por otro lado, ya no hay una crítica social y política: todo se trata de exterminar a un par de albaneses deseosos de revancha. En París (donde transcurría la primera parte) había un descenso a los infiernos que tenía un fuerte mensaje, justificando la dura temática que utilizaba, en Estambul todo se reduce a unos personajes unidimensionales, que no son otra cosa que meros excusas en el espacio.

Este film de Olivier Megaton (director de la excelente y dinámica El Transportador 3) no conmueve pero -el mayor pecado-, es que nunca entiende que una secuela no debe estar sujeto a la idea del desgano, ni aunque venga precedida por el éxito de su anterior parte. Por más que dos personas peleen a muerte, si no se lo muestra con alma cinematográfica, no se transmite nada más que un acción desnuda. Se espera (y se necesita) algo de realismo, de naturaleza. Algo que sea vivo, que haga mover al espectador de su asiento. En el medio de tanto desastre, hay algo que es interesante y que es, obviamente, involuntario: pocos films obligan a pedir que haya una sorpresa, que algún villano salga de cualquier parte y le brinde pulso a esta película. Adivinen si esto pasa.

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