A Sala Llena

Charlatan

EL AMADEUS DE LOS YUYOS

El inglés tiene una palabra sin contraparte en español: “helplessness”. Aunque se acostumbre traducirla por “impotencia”, en el sentido de “verse impotente para resolver un problema propio o ajeno”, esa equivalencia es insatisfactoria porque le falta lo más importante, la idea raíz de “incapacidad para ayudar” (helpless-ness).

Tal es lo que dice el sanador checo Jan Mikolášek (1889-1973) cuando ve huir de su consultorio a un padre desesperado, a quien acaba de anunciarle que no podrá curar a su pequeña hija, víctima de un cáncer terminal. “Helplessness is unbearable”, expresa Mikolášek. “No poder ayudar es insoportable”. Así, al menos, se lee en el subtítulo inglés, y aunque la palabra “bezmocnost”, que pronuncia en el checo original, se acerque más a la española “impotente”, la precisión de la inglesa representa con exactitud el lugar que el film de Agnieszka Holland le adjudica a su personaje, sostenido en una ambigua complejidad: el de vaso comunicante entre una naturaleza perfecta, la de las plantas, y otra imperfecta, la de los humanos.

El título de la película, en cambio, no necesita traducción: “charlatán” es una palabra universal. Así se empezó a llamar a Mikolášek en la Checoslovaquia comunista cuando en 1957, tras la muerte del presidente Antonín Zápotocký, el famoso sanador cayó en desgracia, se le inventó un delito que no había cometido (la muerte accidental de dos de sus pacientes, a quienes se les halló estricnina), y se lo encarceló. Sus artes mágicas para “leer” la orina de una persona al trasluz de un frasco, diagnosticar al instante su mal y recetar una infalible cura de hierbas, chocaron al fin con los principios del materialismo científico instalado en la Bohemia de posguerra. Era necesario resolver la contradicción.

El presidente Zápotocký, a espaldas de su gabinete de burócratas, había sido uno de sus miles de  pacientes, al igual que políticos, actores, escritores, comerciantes y campesinos, pobres y ricos, comunistas o nazis a lo largo de los años. Las hierbas no tienen ideología. Durante la ocupación alemana de Praga, cuando se produjo el atentado contra Reinhard Heydrich, Mikolášek fue también el sanador de Martin Bormann, pero antes de que lo condujeran ante él la Gestapo lo había sometido a varios exámenes con el fin de evaluar su idoneidad adivinatoria y terapéutica. Entre los nazis había un viejo conocido, el padre a cuya hija no había podido curar y que ahora, con la esvástica en el brazo, deseaba verlo muerto. Sin embargo Mikolášek superó con éxito todas las pruebas, aun las más capciosas, y así salvó su cabeza. Una de las tantas veces. La primera, siendo un soldadito inexperto, ignorante aún de su poder, había ocurrido cuando se vio forzado a fusilar a un camarada por orden de un superior. Era él o el otro. Helpless-ness.

Interpretado por la estrella del cine checo, Ivan Trojan, lo singular de esta bella película es el desplazamiento que hace del tópico del personaje, el charlatán, operación que es a la vez es la refutación de un título al que no adhiere ni niega, y que hasta podría tener cierta resonancia laudatoria, o de homenaje.

Esta no es una biopic de Mikolášek: el sanador no es sujeto de la historia sino que la historia lo atraviesa; no es farsante ni sabio, no ángel o demonio. En el mismo sentido, el resto de su condición también escapa a su propio gobierno: aunque casado de joven, poco después descubre una atracción erótica poderosa hacia el hombre al que contrata como su asistente, y a quien le hará la vida imposible. Eso lo arrastra, más de una vez, a arrodillarse sobre piedras filosas ante la estatua de un Cristo gigante, quizá como pecador, quizá como acusador. No hay hierbas posibles para ese deseo que tampoco él eligió.

Como se dijo antes, en la mirada de este film Mikolášek es sólo un vaso comunicante entre dos naturalezas, la vegetal y la humana; un Amadeus de los yuyos, el elegido para llevar a cabo una obra que sólo es asunto de unos pocos mortales y por la que debió pagar un precio muy alto.

calificacion_4

 

 

 

(República Checa, 2020)

Dirección: Agnieszka Holland. Guion: Marek Epstein. Elenco: Ivan Trojan, Josef Trojan, Juraj Loj, Jaroslava Pokorná. Producción: Sarka Cimbalova, Kevan Van Thompson. Duración: 118 minutos.

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