A Sala Llena

DIVIDIDOS EN EL LUNA PARK

Ante un Luna Park repleto, con localidades agotadas, salieron a escena Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella. Conservando sus posiciones habituales –mirando desde el público, Mollo a la izquierda, Arnedo sobre la derecha y Catriel en el centro-, dieron comienzo a lo que sería otro gran show de uno de los tríos más potentes de nuestro rock nacional. Un recital de Divididos, de antemano garantiza calidad y potencia. El sonido fue preciso y el volumen, justo, a diferencia de sus anteriores presentaciones en el Luna Park, donde por momentos los decibeles se fueron por las nubes.

Durante el transcurso del concierto, quien los ha visto unas cuantas veces en vivo, experimenta una sensación cotidiana: sabe hasta qué momento puede esperar alguna sorpresa, y partir de cuándo todo será igual a sus pretéritas presentaciones.

“Villancico del horror” comenzó a sonar luego del saludo del siempre querible Ricardo Mollo, dando inicio de manera tímida al show, aplacando un poco al público, que había comienzado a gritar de manera enardecida con el apagado de las luces. Pero la tranquilidad duró poco: “Haciendo cosas raras”, “La ñapi de mamá”, “Alma de Budín”, “Elefantes en Europa”, “Buscando un ángel” y “Casi estatua” conformaron una seguidilla de canciones que no dio respiro a la audiencia, que aprovechó cada uno de los silencios, entre tema y tema, para corear el clásico cántico que expresa que Divididos es la “Aplanadora del rock and roll”.

Con “Qué tal” y “Sábado” cerraron la primera parte del espectáculo, para dar lugar al habitual set acústico, una especie de tranquilidad necesaria que en algún momento tiene que llegar para equilibrar la noche. “Vengo del placard de otro”, interpretado de manera superlativa por Mollo, que canta cada día mejor, abrió este segmento. Le siguió “Sisters”, con Federico Mendiry, en guitarra, como invitado, que se dedicó a tocar la base de la canción, sobre la que Ricardo no dejó de deslizar preciosos arreglos y solos de manera constante. “Spaghetti del rock”, que tiene que sonar obligadamente, fue el tercero. Después de una presentación extensa por parte de Mollo y con sabor a disculpa anticipada, invitó al escenario a Lisandro Aristimuño, para entonar “Par mil”. Poco generó en la audiencia el joven cantante, que interpretó a duras penas un verso de la canción, que terminaría cantando Mollo –afortunadamente para los presentes-, y luego se retiró de manera displicente. “Huelga de amores” fue la perla con la que concluyó la segunda parte del show. Una divina chacarera, de hermosa y crítica lírica, con aires de protesta y ánimos de lucha.

Ya de pie y portando nuevamente sus instrumentos eléctricos, comenzó el momento más alto de la noche: “Mantecoso”, un tema que marca la superioridad y complejidad de las canciones del disco “Amapola del ‘66” por sobre las de aquellos que lo preceden, fue una flagrante demostración de talento por parte del trío, con Ricardo Mollo improvisando durante varios minutos e incluyendo el solo de “Money”, de Pink Floyd.

“Tanto Anteojo” sirvió de puente para el momento de las versiones. Con la guitarra obsequiada por Luis Alberto Spinetta, a quien definió como “el más grande”, empezó a interpretar los primeros acordes de “Despiértate Nena”, de Pescado Rabioso. Le siguieron “Tengo”, de Sandro y “Salgan al Sol”, de Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll. El riff de “Heartbreaker”, de Led Zeppelin, empalmado con “Sucio y Desprolijo”, de Pappo’s Blues, cerraría la tercera etapa. “Amapola del ‘66” y “Hombre en U”, dos grandes canciones del álbum más elaborado de la discografía de Divididos, fueron la antesala de un final por demás anunciado. Tal vez esto sea lo único verdaderamente criticable del flamante trío: una vez que comienzan a sonar los platillos que dan inicio a “El 38”, ya sabemos todo lo que vendrá: “Paisano de Hurlingam”, “Rasputin”, “Paraguay”, y la extensa introducción de Diego Arnedo que derivará en “Ala Delta”, con Mollo acercándose a saludar a los fanáticos que estaban pegados a la valla, mientras los dos restantes miembros de la banda improvisan sobre el escenario.

Fue otra gran noche de la mano de Divididos. Buen sonido, una lista de temas interesante, pantallas de fondo reproduciendo imágenes de épocas pasadas y tapas de discos históricos de nuestro rock nacional, homenajes a través de las versiones, mucha improvisación, potencia y humildad por parte de los músicos. Los invitados, lamentablemente, no se lucieron. La presencia de Merlín Atahualpa -el hijo de Ricardo Mollo y Natalia Oreiro- sobre el escenario, caminando de un lado al otro, tampoco ayuda demasiado y no hace más que aburrir al público, aunque de más está decir que a Mollo le perdonamos todo y que se ha ganado, a través de tantos años, la licencia para hacer sobre un escenario lo que le dé la gana. Una gran banda, con tres miembros que se multiplican arriba del escenario, para ofrecer recitales de alto nivel, siempre.

calificacion_3

Crítica por Leonel Javier Ciliberto.

 

Divididos. Estadio Luna Park, 5 de septiembre 2015.

Formación:

Ricardo Mollo: guitarra

Diego Arnedo: bajo

Catriel Ciavarella: batería

Invitados: Federico Mendiry (guitarra) y Lisandro Aristimuño (voz)

 

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