A Sala Llena

El Amor de Robert

El Amor de Robert (Lovely, Still, Canada, 2008)

Dirección y Guión: Nicholas Fackler. Elenco: Ellen Burstyn, Martin Landau, Adam Scott, Elisabeth Banks. Producción: Dana Altman, Lars Knudsen, James Lawler, Jack Turner, Jay Van Hoy. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 92 minutos.

Le voy a ser sincero, no tenía muchas expectativas con El Amor de Robert. En un mercado como el nuestro casi el 50% de las películas que se estrenan por año son de Estados Unidos. El hecho de estrenarse una de 2008 en plena temporada de tanques me resultaba raro. Como si se buscara en el baúl de los recuerdos algo que sirva para tapar baches.

De todos los golpes que existen en el boxeo, el golpe bajo es el más condenable. Es sorpresivo, si. Pero traicionero y malintencionado. Esto se da a veces en el cine. El Amor de Robert es fácilmente clasificable dentro de esta categoría.  

Robert (Martín Landau) es un hombre de unos ochenta años. Tiene un trabajo de esos que parecen dar algunas empresas y comercios para subir su imagen. En este caso, un autoservicio. Su vida parece esperar el ocaso dentro de una rutina en la que dibujar resulta una suerte de escapismo a la trabajosa tarea de evitar conectarse con el mundo.

Mary (ellen Burstyn) es todo lo contrario. No sólo parece amar vivir; sino también creer en las oportunidades y nuevos comienzos.

Durante parte de la película, quedan claras las intenciones de ambos con los juegos de miradas y cierta actitud corporal. Mary y Robert se van enamorando merced a la fuerza espiritual de ella y la disminución de las defensas de él.

Lo que al principio amaga con funcionar muy bien luego se va cayendo y uno se da cuenta de que en realidad el gran secreto es la química de dos grandes actores, interpretando sus personajes al servicio de una historia que va preparando de a poco una trampa cuidadosamente colocada ahí debajo. Donde la sensibilidad del espectador llega a confundir llanto con dolor y lágrima con buen cine.

El director y guionista Nick Fackler hace su debut detrás de las cámaras con un libreto que aparenta querer hablar sobre la tercera edad y el amor que puede florecer en cualquier momento, incluso para personas que prácticamente han renunciado a vivir. Nunca logra profundidad con su narrativa. Simplemente porque no hay ningún antecedente que permita conocer mas a fondo a los personajes. Las pesadillas que sufre Robert están tan difusas como su pasado; no ayudan a explicar nada y solamente una actitud positiva del personaje de Mary sirve como base para disparar momentos que sobresalen de la chatura de la historia.

Como lo único que hay para mostrar es lo que pasa entre ellos desde el comienzo hasta el final, Fackler se despacha con un martes trece que ríase de Jason y su machete. Le da un giro tan incongruente al final de su película que hasta parece utilizar una enfermedad grave como una advertencia innecesaria de vivir el presente porque puede pasar lo peor. Sólo la fotografía es destacable entre los rubros técnicos, pero me da la sensación que toda le hegemonía que logra hubiera merecido otra película.

La banda de sonido es monótona y hasta predecible. Molesta inclusive. Por ejemplo, cuando suena interrumpiendo el trabajo gestual de Landau y Burstyn que sorprenden trabajando muy bien sus personajes a pesar de la falta de información del guión para componerlos. No aplica como melodrama porque no lo es a pesar de los lugares comunes en los que se instala por momentos. Es sencillamente un drama mal realizado y con una pésima elección y tratamiento del golpe de efecto. Digo, golpe bajo.

Queda advertido. Hasta luego.

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