A Sala Llena

El Sorprendente Hombre Araña, según Cecilia Martinez

Nada muy nuevo bajo el sol

Mi editor me prohibió tajantemente el uso de malas palabras e insultos. Tuve ganas de mandarlo al diablo pero, después de un momento de profunda meditación, vi la censura como una posibilidad de mejorar mi escritura, de adentrarme en el mundo de la sinonimia y los eufemismos. De manera tal que, si se topasen con arcaísmos o expresiones vetustas, no me culpen a mí.

Que en Hollywood los grandes cerebros responsables de guiones originales se están, de a poco, extinguiendo, es de perogrullo. Los personajes y las historias universalmente reconocibles allanan el camino hacia el éxito y aseguran la concurrencia cuasi masiva a los cines, dado que ya se han convertido en marcas antes de llegar a las salas. No tengo nada en contra de las remakes pero mucho en contra de la pacatería y la falta de originalidad. Hacer una remake a tan pocos años de la anterior presupone que el nuevo director a cargo tiene algo extremadamente novedoso para mostrarnos. Bueno, este no es el caso. La historia, lógicamente, es casi igual, excepto alguna cosilla aquí y allá, excepto algún reptilcito aquí y allá. Los cambios están en la tecnología –presuntamente- y en los actores.

Andrew Garfield tiene tres características que Tobey Maguire no tenía: encanto, simpatía y un no sé qué que lo hace querible. Tobey Maguire tenía cara de hámster apaleado durante sus tres entregas y sufría constantemente por el amor histriónico de Kirsten Dunst. Gran parte de su conflictiva interna radicaba en sus problemas sentimentales. En este nuevo film, no se pone tanto énfasis en la relación amorosa. Aquí esto se da de manera más natural gracias a que Garfield no es tan pollerudo como Maguire y a que Emma Stone no es tan histérica y manipuladora como Dunst. Además, esta versión tiene algo que la anterior no tenía: buena comicidad, en ciertos chistes que funcionan y en los personajes. Garfield se divierte bastante con sus poderes arácnidos, cosa que su predecesor no hacía tanto, o no con tanta soltura. Garfield realmente la pasa bien y se lo ve disfrutar de su nueva condición de súper héroe. Y Emma Stone funciona como perfecta partenaire; la sonrisa de esta mina es su mejor atributo por lejos, y es esa clase de chica que, gracias a su presencia, su voz grave y su manera de hablar nos hace reparar no solo en su aspecto físico. Stone tiene el combo belleza-inteligencia-humor tan difícil de encontrar por estos días, y sus directores saben sacar el máximo provecho de esa tríada (el ejemplo más claro es la magistral Superbad). Acompañando a la parejita feliz está el gran Martin Sheen -bueno, es Martin Sheen- que hace este papel de taquito; no así Sally cara-de-compungida-constante Field. Denis Leary -con su sonrisa estilo mueca- también está muy bien y hace el mejor chiste de la película (que yo no cacé porque no vi Godzilla pero igual me reí, no sé por qué). O sea que, podemos concluir, el reparto es un acierto.

Ahora bien, teniendo este elenco y está química, ¿por qué Marc Webb no elije ir un poco más allá? ¿Por qué no mostrar una relación sexual, un seno, una nalga (cosas que apenas se insinúan), un poco de sangre, alguna muerte fuera de las esperables? Si bien estamos frente a un producto pensado para una audiencia lo más amplia posible, compuesta en una parte importante por niños, me gustaría encontrarme con un director que se atreviera a darle a este personaje cierta oscuridad, perversión y más matices, y a la historia un poco más de realismo y menos pacatería. Los matices no existen en esta película, ni en los personajes ni en la historia; es el bien contra el mal, el epítome del pensamiento binario. No solo eso, sino que además se nos refriega en la cara la redundancia de los mensajes aleccionadores, esa moralina insoportable bien típica de Hollywood que ya hace rato me tiene los ovarios por el piso. Como decía al principio, nada demasiado nuevo bajo el sol. Tampoco desde el punto de vista técnico.

Porque el 3D… el 3D es un tema aparte y daría para escribir un manifiesto. Me gustaría hacer un análisis acerca del uso (más bien el no-uso) de esa tecnología durante los últimos años. ¿Para qué diantres me hacen usar los anteojitos esos de morondanga durante más de dos horas si voy a ver, a lo sumo, 3 o 4 escenas en las que el 3D está bien aprovechado? A medida que avanza el metraje, lo que ocurre es que uno se olvida de que está viendo una película en tercera dimensión y se siente un gilipollas con los anteojos puestos, viendo escenas en 2D -excepto por el subtítulo que sí, está en profundidad de campo con el resto de la pantalla-. Sacando alguna que otra secuencia de pelea, alguna que otra telaraña que llega un poco más cerca de nosotros y la escena final, el 3D no existe. Vengo viendo esto en muchas películas estrenadas recientemente, entre ellas, Prometeo. El único largometraje reciente que hace excelente uso de esa técnica es Madagascar, recomendable desde todo punto de vista, con un 3D incansable que te sacude durante toda la película. Entonces, si vas a hacer un par de escenitas con la telaraña de Parker y algún que otro salto por los edificios, te podes meter el anteojo y el 3D por donde no brilla el sol.

Para concluir, El Sorprendente Hombre Araña no sorprende en lo más mínimo; es más, ya lo mal-gastaron y lo remakearon tanto que lo convirtieron en el superhéroe más pusilánime y mariquita de todos los tiempos. Sin lugar a dudas, lo mejor que nos dio este personaje es la canción de Los Ramones, ese clásico del punk que jamás va a morir, sin importar cuantas nuevas adaptaciones mediocres hagan del “poor Peter Parker”.

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