A Sala Llena

El tiempo todo entero

 

El tiempo todo entero

Autoría y Dirección: Romina Paula. Escenografía y ambientación: Alicia Leloutre, Matías Sendón. Iluminación: Matías Sendón. Elenco: Pilar Gamboa, Esteban Bigliardi, Susana Pampín, Esteban Lamothe. Prensa: Pintos Gamboa.

El tiempo todo entero está inspirada en El zoo de cristal, de Tennessee Williams, y la directora no lo oculta. Romina Paula tuvo las agallas de adaptar el texto del legendario autor norteamericano, autor de Un tranvía llamado deseo, imprimiendo su marca personal. La autora de Agosto y ¿Vos me querés a mí? reconoce que es un texto que la fascinó pero que por el costo de los derechos no pudo llevarla a las tablas tal y como es.

Esta obra tiene un título sugerente. Nos aproximamos a la historia pensando si lo que va a decirnos nos va a sacar de la ambivalente dicotomía entre el tiempo ocupado y el tiempo libre, naturalizada por la complejidad del mundo capitalista y globalizado de Occidente. El desafío de la puesta de Romina Paula radica en corrernos de esa mirada estereotipada, y lo logra con creces.

El tiempo todo entero sólo se realizará como obra de teatro si logra hacernos olvidar aunque sea por un momento que lo que estamos viendo es eso mismo: una obra. Con escasez de despliegue escenográfico -el espacio de acción está delimitado por una estructura metálica y no por paredes, permitiendo incluso ver a los personajes cuando han salido de escena- y minimalismo en la ambientación, esta puesta no deja ningún detalle librado al azar.

La riqueza dramática de los personajes es por demás visible. La directora da a cada uno de los actores la posibilidad de sacar a la luz las partes más oscuras de sus papeles a su debido momento para potenciar la ambigüedad entre drama y comedia que tiene el relato.

El personaje de Antonia -interpretado por la sobresaliente Pilar Gamboa- se diferencia desde el principio del resto de los personajes cuando manifiesta cualquier negativa a salir de su casa. Desde allí, suyo será todo, entero, el tiempo que dura la obra. Antonia marcará las vicisitudes de la historia: intervendrá cuando lo crea necesario para interrogar a sus interlocutores tanto como al espectador, o dará la espalda para sumirse en el mundo cibernético cuando las conversaciones circundantes carezcan de atractivo. En ese juego (suyo y al mismo tiempo colectivo) está el quid de la cuestión.

Antonia vive con su hermano Lorenzo (Esteban Bigliardi) y su madre, Úrsula (Susana Pampín), y es entre ellos donde los silencios se hacen más pronunciados, tanto como se tornan efervescentes en algunos pasajes. Mientras Lorenzo se desenvuelve con simpleza, refugiado en las páginas de un libro –y viviendo, él también, su propio tiempo-, Úrsula acompaña los interrogantes filosóficos de Antonia y –lo que no es menor- acepta y justifica el hermetismo de su hija. Ante esta situación, Lorenzo parece quedar algo excluido del nodo familiar, buscando salir de la casa -sin llegar a hacerlo nunca-. Alrededor de esto es que girará el tema más silenciado de la obra: Lorenzo se quiere ir a España pero no quiere decírselo a Antonia, mientras Úrsula pugna porque sí se lo cuente.

Maxi (Esteban Lamothe), compañero de trabajo de Lorenzo, viene sobre el final a poner en stand by las cuestiones familiares que se estaban desarrollando para luego ser testigo (y hasta partícipe) cuando se precipitan los hechos definitorios. Maxi representa la normalidad; su tiempo está escindido entre dormir, trabajar y descansar o practicar el ocio más pacífico que lo prepara para volver, al día siguiente, a seguir trabajando. Así, la vida que lleva Antonia le parece en principio un caso digno de análisis psicológico, pero son las respuestas de ella las que dejan a Maxi al desnudo tanto como al espectador. ¿Acaso no suele suceder que cuando coinciden dos individuos con cosmovisiones opuestas ninguno vuelve a ser el que fue antes de ese encuentro? Su (nuestra) tranquilidad se ve alterada, su lente del mundo es sustituida de repente. Antonia, en tanto, enuncia sus verdades en un mix formado por el tono lúdico de una adolescente y la madurez de una adulta, casi sin que se pueda distinguir cuándo es una o es la otra (¿o será ella misma así, toda entera?).

Quizás sea por todas estas razones que la puesta empieza y termina con el tema “Si no te hubieras ido” de Marco Antonio Solís. Porque la obra es una reflexión sobre el tiempo, y la decisión de irse o quedarse es siempre una decisión sobre el uso de ese tiempo. Y aunque el espectador haya salido de su casa para ir a ver la obra, quizás haya sentido el impulso de volver al ella, para experimentar con otros sentidos su lado ermitaño, tratando de reflexionar sobre su tiempo en otros términos, buscando marcar territorio, explorar las múltiples variantes que le ofrece su propio hogar, sin dividir su vida entre el momento en que está o no está en él.

Antonia es la única de los cuatro que permanece ahí, a la vista de todos todo el tiempo. Ella no elige irse, porque si se fuera estaría partiendo el tiempo y faltando a su disfrute, porque como dice en un pasaje: “a mí me gusta el tiempo así, todo entero.”

Teatro: Espacio Callejón – Humahuaca 3759

Funciones: domingos 17.30 hs. hasta el 24/04/2011

Entrada: $40. Estudiantes y Jubilados: $25

 

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