A Sala Llena

Fausto, según Tomás Maito

Una nueva y bella versión de Fausto.

Fausto es una clásica leyenda alemana acerca de un hombre que le vende su alma al diablo a cambio de conocimiento y de los distintos placeres de la vida que le fueron ajenos. Johann Wolfgang von Goethe fue el más prominente responsable de llevarla a la literatura y uno de los principales autores que le dio ese tono épico que la caracteriza, convirtiéndola en una obra clave del Romanticismo. La trascendencia del escrito de Goethe fue también captada por el universo cinematográfico. Entre las versiones más destacadas se encuentra la de Friedrich W. Murnau de 1926, una obra sumamente poética y uno de los principales clásicos del cine mudo. La otra gran adaptación es la del checo Jan Švankmajer, que en 1994 crea una interesante película incorporando la técnica del stop motion, en una versión más libre y delirante del clásico alemán.

En la actualidad, quien se pone a profundizar sobre la obra de Goethe es el consagrado realizador ruso Aleksandr Sokurov. Ante todo, esta nueva versión es una obra bella; la oscura fotografía de Bruno Delbonnel enmarca la historia en una Europa del siglo XIX, con un clima desgarrador. En algún lugar intermedio entre lo fantástico y lo realista, el film propone una narración que, por momentos, alcanza extremos grotescos. A esto se le suma una convulsionante musicalización de Andrey Sigle que, por momentos,  traslada las acciones a un plano hipnótico.

Uno de los aspectos más sobresalientes de esta nueva versión de Fausto es el dueto actoral de Johannes Zeiler (el Dr. Heinrich Fausto) y Antón Adasinsky (el Diablo que, en este caso, no es llamado con el clásico nombre de Mefistófeles). Ambos protagonistas logran caracterizaciones brillantes, creando dos personajes oscuros y aterradores, especialmente el de Adasinsky, que compone a un demonio de un aspecto totalmente vil y desagradable pero con un carácter más cercano a lo bufonesco.

Más allá de los grandes aciertos del film, hay ciertas cosas que le juegan en contra, entre ellas, su excesiva duración, que hace que, por momentos, la narración se torne un tanto densa, especialmente en la primera parte, donde varios diálogos podrían haberse suprimido y las acciones podrían haber sido más llevaderas. En conclusión, esta nueva adaptación de Fausto es un interesante trabajo a nivel artístico, que, a pesar de algunas cuestiones un tanto confusas y de no estar a la altura de versiones como la de Murnau o Švankmajer, resulta buena y digna de ver, sobre todo en cine, por lo impactante de sus logros visuales.

calificacion_3

Por Tomás Maito

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