A Sala Llena

La cacería (Jagten)

(Dinamarca, 2012)

Dirección: Thomas Vinterberg. Guión: Tobias Lindholm, Thomas Vinterberg. Elenco: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp. Producción: Sisse Graum Jorgensen, Morten Kaufmann y Thomas Vinterberg. Distribuidora: Impacto. Duración: 115 minutos.

Según me comentaba un colega, algo que le molestó mucho de este film es la pasividad del maestro (Mads Mikkelsen), personaje principal, tras la aberrante experiencia que debe vivir al ser acusado de mantener contacto sexual con una alumna del jardín de infantes. Estamos ante una película intrigante y absorbente, en la que Vinterberg vuelve a tratar el tema del abuso en una sociedad danesa muy cerrada, que entrena a sus integrantes para la caza y celebra el “hacerse hombre” con una caminata por el bosque para matar y llevar de trofeo un venado.

Vinterberg no hace más que demostrar lo enferma que está la sociedad en su conjunto, señalando microscópicamente dónde puede radicar el origen de estos comportamientos. Moverse y decidir por los instintos, desechar el diálogo y creer lo que dicen los medios o, en este caso, el boca en boca, provocan terribles injusticias para aquellos que quedan marcados y deben padecer una condena errónea. La sociedad juzga ante la acusación antes de cualquier veredicto.

Sí, como comentaba el colega, la pasividad está presente; creo que la única razón de la tranquilidad de Lucas (Mikkelsen) es que piensa que la pesadilla va a terminar en cualquier momento. El film jamás plantea siquiera la culpabilidad del personaje; más bien recrea y se detiene en el entorno, los familiares que responden antes los malos momentos, la crueldad de los vecinos y en cómo una pequeña malinterpretación puede arruinar la vida de cualquier mortal.

calificacion_4

Por José Luis De Lorenzo

 

Inocencia Interrumpida.

En épocas donde el abuso sexual infantil en las instituciones escolares, es noticia recurrente en los diversos medios de comunicación. Thomas Vinterberg, aquel que creó unos de los films de culto más trascendentes de los noventa (La Celebración), y uno de los fundadores de ese proyecto llamado Dogma 95. Ahora, vuelve a tocar el tema de la pederastia, pero desde un lugar mucho más incómodo, sobre todo para padres que tienen hijos en edad escolar, no depositando el monstruo en un sujeto pervertido que está a cargo de la educación de los hijos, sino en la sociedad misma, y en el núcleo psicótico paranoico de toda cultura.

Parece que los dichos de los niños deben ser tomados como verdad incuestionable y muchas veces terminan siendo inducidos a decir lo que los adultos quieren escuchar, en esta necesidad de cazar al otro. Lucas (Mads Mikkelsen), es un hombre recién divorciado que trabaja en un jardín de infantes de algún pueblo danés, mantiene con los pequeños un vínculo basado en la exploración de las necesidades lúdicas de ellos. Klara, una niña que está en plena etapa edípica, se enamora de él, que es el mejor amigo de su padre, al no ser correspondida porque Lucas le pone un límite a este amor inocente, acusa al maestro de haberle mostrado los genitales, a partir de ahí los adultos mismos se encargan de generar una psicosis colectiva donde el victimario es la verdadera víctima y los niños son objeto de abuso del goce paranoico de sus padres y profesionales.

Vinterberg toma una clara postura y mantiene a raja tabla la supuesta inocencia de su protagonista. La sociedad, en sus ansias de justica, se vuelve hostil, peligrosa, violenta e insegura. Como espectadores, sentimos impotencia y desesperación y es inevitable repensar en los casos verídicos que nos hemos anoticiado recientemente, por más que esto sea un recorte ficcional intencionado, pero nada inocente. El cineasta danés sabe de lo que está hablando y lo que nos quiere contar.

Un relato que nos mantiene en vilo durante todo el metraje, con un ritmo pausado que profundiza cada situación pero a la vez mantiene el pulso narrativo enérgico y avasallante. Con poca música extra diegética, primacía de la intensidad en los diálogos y la ductilidad de planos, conjuntamente con impecables actuaciones, dan esa sensación de realismo abrumador que convocan a la empatía inmediata.

Un giro y aporte interesante a la estructura narrativa lo da cuando aparece en escena el hijo adolescente de Lucas, uno de los pocos que confía con seguridad, sin ningún tipo de fisuras, en la inocencia paterna. El chico también queda atrapado en la desesperante impotencia de develar la certeza cuasi delirante de la comunidad. Una metáfora interesante es el rito de la iniciación a la masculinidad que tiene esa cultura, que es salir de caza. El joven está próximo a realizar esa ceremonia,  pero la verdadera caza es entre los humanos, donde todos somos potenciales presas.

Inquietante, polémica, jugada, y aunque corra el riesgo de ser indulgente con posibles abusadores, esta película denuncia el germen enfermo que esconde toda sociedad “sana” y la necesidad de buscar la manzana podrida en el cajón del otro, afectando así el normal desarrollo de la evolución sexual humana, desde el cuidado persecutorio. Un film, que seguramente si no lo tomamos como mero entretenimiento de suspenso, posibilitará que ante el encuentro de sucesos parecidos, hagamos un mínimo ejercicio reflexivo antes de adoptar posturas o suposiciones apresuradas.

calificacion_5

Por Emiliano Román

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