A Sala Llena

La Isla Siniestra, Según José Luis de Lorenzo

Distintas clases de cinefilia

Martin Scorsese es uno de los maestros directores de estos tiempos, no solo se ha involucrado en la enseñanza de cine en distintas modalidades (brinda clases y seminarios en prestigiosas escuelas), así como en la restauración y preservación de joyas del séptimo arte (hace mas de una década descripto en el articulo “Save the Reels”, periodo donde notó el deplorable estado irreparable de clásicos como Las Zapatillas Rojas, y en la actualidad con The Lovemaid presentada en el BAFICI 2009),  a su vez, lejos de una mirada cinéfila, él se encarga de estudiar al cine, en si; estudiarlo y, amarlo, con igual devoción.

El primer director que llega a mi mente al querer emparentar alguno que sea tan apasionado o merezca mención sobre su amor al cine, seria Tarantino, una distinta especie de cinéfilo, mas avocado a los géneros, backstage, memorabilia y constantes homenajes a personajes y directores, en gran parte de su filmografía. Resucitador de olvidados talentos.

Scorsese y Tarantino, agradable seria poder encasillarlos como maestro y alumno en una clase de cine. Ya que estamos en la vereda de imaginar por que no la dupla educacional Jacques Torneur – Scorsese ,  Samuel L. Fuller – Scorsese o el mismísimo Hitchcock – Scorsese (cierto, esta dupla ya esta reservada a Truffaut, un digno aprendiz).

Hablando de duplas, también podemos mencionar las duplas director – actor. Scorsese ha tenido este especie de romance anteriormente con diversos actores en su carrera, comenzando por el joven Harvey Keitel, seguido por Robert De Niro y actualmente con Leonardo Di Caprio. Este último, si bien es un excelente actor y según dicen, se lleva de maravillas con el maestro, entendimiento a solo mirada, por su joven fisonomía, no ha llegado al momento de concretar un trabajo soberbio como los ha hecho con De Niro. Pandillas de Nueva York fue un film olvidable, El Aviador demostró la gran dote directorial. Trabajos realizados, de gran manera, con una impronta necesidad de adquirir un Oscar; lográndolo con la aceptable remake de Infernal Affairs, titulada Los Infiltrados.

 

Una isla, un detective, un manicomio

En el viaje por barca emprendido, se avista un pasajero un tanto descompuesto, mojando su cabellera, enfermo del mar, el oleaje, el movimiento. Junto a él, su co equiper, principiante delegado al acompañamiento del oficial. La misión: esclarecer la desaparición de una paciente internada en el instituto para insanos mentales, ubicado en una isla alejada, inhóspita, siniestra. Una manera de llegada y salida o escape, por medio de la embarcación.

En el film divisamos las ya aplicadas y conocidas tomas oblicuas, con movimientos bruscos pero armónicos que suele utilizar Scorsese, en los comienzos, y una vez adentrada la acción olvidadas completamente en el relato. He allí el quiebre donde Scorsese se embarca al igual que Di Caprio en una tarea absorbente, demandante, lunática, opresiva y con un acertado juego con la psiquis del espectador. En La Isla Siniestra o Shutter Island, nada es lo que parece.

Pasados misteriosos, internos que han sobrevivido a la 2da Guerra Mundial, con recuerdos hostiles, memorias de sucesos que han dejado marcas, brutales asesinatos, psicoanalistas con oscuro pasado y vinculaciones al nazismo, nuevas practicas de sanar.

El film también presenta ambigüedad entre los personajes principales. No todos los héroes son buenos ni todos los villanos tan malos, si es que los hay. Las melodías abrumadoras al internarse en la institución recuerdan a los mejores y más punzantes acordes de partituras de Herrmann, presentes en toda la duración.

Dentro del elenco contamos con el veterano Max Von Sidow, en un rol que no solo le queda pequeño; es presentado con el valor que merece este gran actor. Ben Kingsley es correcto, así como creo Mark Ruffalo, no presenta desafío alguno. Ciertos acontecimientos de la trama se dejan preveer.

Scorsese por momentos escapa al relato original, con sueños, pesadillas, recuerdos. He  aquí donde creo el film hace agua, esas escenas, si bien magníficamente filmadas, ayudan a dar demasiada información que podría haber quedado latente para la personal digestión del espectador. 

Cinefilia pura, amor y estudio por el cine, cada decenas de narrativas clásicas hollywoodenses al fin llega un film para poder apreciar y amigarse con el cine, que es otra materia completamente distinta a lo que suele llegar a nuestras carteleras.

 

 

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