A Sala Llena

Las Mujeres que (M) aman demasiado

Las Mujeres que (M) aman demasiado

Dirección: Pablo Rodriguez Albi. Autor: Eduardo Grilli. Vestuario: Fernanda Alvarez. Maquillaje: Maria Laura Gantus. Fotografía: Daniel Bericua. Elenco: Julieta Cajg, Susana Giannone, Julieta Oliva, Martina Zapico.

La obra comienza con la entrada en escena de Maleeva. Una viuda algo autoritaria que convoca a sus tres amigas (Hermosilla, Fantina y Erika) a practicar un ritual para exorcizar las conductas obsesivas que sienten hacia sus parejas, (vivas, muertas) fruto del desmesurado amor que sienten hacia ellos.

Estos cuatro hombres pasarán a un segundo plano ya que la obra se centra prácticamente en el universo femenino y en un círculo de traiciones que las atañe a todas y finalmente muy poco es lo que tiene que ver con el amor.

Este argumento es tomado del libro “Mujeres que aman demasiado”, de Robin Norwood, pero con un sentido totalmente distinto del que propone éste autor.

En cuanto a los diálogos, éstos son de humor. Humor ácido, irónico, agresivo, y poco filosófico, pero bien sabrán hacernos sacar unas buenas carcajadas.

Mi idea previa, como buena mujer que suele amar demasiado, era que me identificaría con las historias de estas actrices. Pero no.

Sus personajes están bastante exagerados y estereotipados, y no sentí que reflejaran el mundo femenino verdaderamente, por lo menos el mío y de mi círculo de amigas,  sino que lo caricaturizaban y ridiculizaban.

Maleeva es dura y tacaña. Húngara ella. Extraña a su difunto marido pero mientras estaba con él se acostó con cuanto hombre se cruzara por la calle dados sus problemas de impotencia.

Erika. Es agresiva, fuerte y algo violenta. No va con matices y es extrema en todo. Se emborracha y se quiere suicidar.

Hermosilla. Está practicando inglés oral. Parece ingenua y atontada, pero ha tenido intervenciones y conclusiones muy interesantes.

Fantina, (que se destaca en su actuación sobre la demás por su gracia gestual y corporal) es algo intelectualoide, intenta desviar la intención del budismo por métodos menos esotéricos.

En la obra se desencadenan una serie de traiciones e infidelidades que son superadas y “cuasi-perdonadas” ya que nadie está libre de tirar la primera piedra.

Los momentos grupales se ven interrumpidos por monólogos donde cada actriz habla de sí misma mientras el resto hace morisquetas en el fondo.

Hay momentos muy bizarros, muy bien interpretados y muy graciosos, como la aparición y corporización de un espíritu en estas mujeres o el momento en que pasa todo en cámara lenta.

A pesar de discutir, atacarse (hasta físicamente) y agredirse verbalmente, finalmente estas mujeres demuestran que necesitan y desean estar juntas para sostener éste vínculo de amistad, contención, confidencialidad y encuentro.

En lo personal me divertí.

La sala del Espacio Colette estaba con más gente de la prevista y esto no permitía una mayor comodidad para la escucha y visualización del escenario.

La obra pasa fugazmente por mi vida de espectadora y me provoca risa y gusto por ver muy buenas actuaciones y situaciones y diálogos muy disparatados en manos de humoristas que se imponen ante el público. Más allá de esto, no queda mucho más.

Por Heliana Rofrano

El que confiesa no es traidor

La comicidad y el absurdo se mezclan en una reunión de amigas. La complicidad, el compañerismo y la contención parecen fluir entre ellas. Pero también la traición, que repentina e irremediablemente se adueña de la situación. Es entonces cuando cambia el curso de lo que en un principio sería una sesión de exorcismo (o de  autoayuda grupal, de esas que caracterizan a los típicos círculos femeninos).

Para apreciar la puesta hay que prestarse al juego. Es tarea difícil, ya que las conversaciones llevan a lugares comunes y tocan tópicos que permiten alguna asociación con la realidad. Por otro lado, las protagonistas rompen la cuarta pared en los momentos menos pensados. Además de crear un vínculo personal con el público, intentan generar identificación con algunas situaciones. Pero vale la pena el esfuerzo. 

La corporalidad está exagerada, pero no puede ser de otra manera. Los gestos de Fantina (Martina Zapico) terminan de construir un personaje tan inocente como inteligente; de las cuatro es la más intelectual. Es algo así como “la mosquita muerta del grupo”, capaz de sorprenderse todo el tiempo. Hermosilla (Julieta Oliva) vive en un mundo irreal, tan vacío como su lenguaje y su discurso. Se mueve de manera grácil, con liviandad y delicadeza. Maleeva (Susana Giannone) es la más fuerte de todas; tiene una personalidad es avasalladora y sabe perfectamente qué quiere. Es un poco tosca, pero es así como maneja la situación. Érika (Julieta Cayetina) es despierta, moderna, práctica, acelerada y un poco extremista. De las cuatro, la más “normal”, entendiéndose por ello a alguien con quien más fácilmente puede sentirse identificada una mujer joven segura de sí misma.

Tanto lo humorístico como lo ridículo exaltan el dramatismo que encierra el secreto que tan bien guardado tienen las protagonistas. Cuando éste salta a la luz, afloran también una multiplicidad de sentimientos y reacciones, todas probables y acordes a las personalidades de cada una. Es allí en donde está lo más rico de la puesta, y que el director explota al máximo. Lo que resta es el lenguaje, que en varios momentos decae y se torna burdo sin ninguna necesidad. Si estas mismas expresiones o sensaciones se mostraran (o contaran) con mayor sutileza, seguramente tendrían un efecto más impactante.

Las mujeres que (M) aman demasiado hurga en la profundidad de las relaciones de amistad del mundo femenino, tan extraño a veces como fuerte.

Teatro: Colette Espacio de ArteAv. Corrientes 1660 (Paseo La Plaza) http://www.mujeresqueaman2011.blogspot.com

Funciones: Sábados de Mayo 19:00 Hs – Sábados de Junio 19:00 Hs.

Entradas: $50 (con consumición) (hasta el 28/05/11)

 

Por María Eugenia D’Alessio 

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