A Sala Llena

Los Fantasmas de Scrooge, según Rodolfo Weisskirch

Sensaciones encontradas me produjo esta nueva adaptación de Un Cuento de Navidad de Dickens. No se trata de una película navideña más. Lleva la firma de uno de los realizadores que más influyeron en mí cinefilia durante los ´80 y los ´90: Robert Zemeckis.

¿Que esperaba encontrar? Sabía que no me iba a sorprender la historia. Vi varias versiones, y al igual que muchos que los que nos criamos durante los ´80 pienso (aún después de esta versión) que Los Fantasmas Contraatacan de Richard Donner con un genial Bill Murray, es la mejor adaptación filmada.

También era previsible el efecto contraproducente que me produce ver películas de animación por Caption Motion. Por un lado, creo que la técnica funciona. Visualmente aporta que no quede tan artificial ver a los actores enfrentados a cosas que no estuvieron a su alrededor durante el momento del rodaje. Todas las acciones fluyen más, tienen mayor cohesión los elementos. Por otro lado, sí. Todo es artificial. Los rostros parecen sacados de personajes de un video juego de aventuras. Por alguna razón parecen mucho más vivos los personajes humanos de las películas de Pixar que los de Zemeckis.

Aun hoy pienso que la adaptación de Beowulf, supera a cualquier película que haya tocado el tema, y el nivel de aventura y acción eran realmente admirables; entretenida, magistral como obra fílmica, pero daba la sensación, que con los actores reales hubiese sido mucho mejor (especialmente por Angelina Jolie). Y demasiado oscura… Nunca había visto tanta violencia y sangre en una película de Zemeckis. Generalmente, era bastante reprimido en este aspecto.

Con Los Fantasmas de Scrooge, Zemeckis vuelve a mostrar una faceta suya, no muy distinta a la que viene mostrando Spielberg en sus últimas tres películas, curiosamente pesimista y oscura, que se opone a la imagen clara, divertida, más light, de sus primeras obras, hasta Contacto.

Irónico, pero real, esta versión del cuento de Dickens, producida por los estudios Disney es quizás la adaptación más crítica, política, y poco romántica que se haya hecho. La clasificación “Para Mayores de 13 años” es correcta, pero por razones diferente al simple hecho de contener ciertas escenas “escabrosas”: la película es una metáfora y crítica sobre la crisis económica y lo que le puede sucederle a los yuppies de Wall Street, en su afán por seguir acumulando riquezas a costa de los pobres. Ninguna película está aislada de su contexto temporal.

Igual no es tan obvia esta lectura.

Por eso digo que tuve sensaciones encontradas. Al principio estaba fascinado: aunque la vi en 2D y castellano, por tanto pienso que me perdí un 15% de película, no pude dejar de admirar y admitir que el efecto que produce entrar desde los tejados de los edificios de los suburbios humildes de la Londres isabelina hasta los grandes palacios durante los títulos es regocijante. Zemeckis sabe aprovechar la técnica. El efecto en 3D debe ser espectacular. Los rostros mejoraron mucho (especialmente el de Scrooge). Incluso el hecho de que empiece mostrando un cadáver, me resultaba atrevido y atrapante. Sin embargo, después del encuentro con el primer fantasma, me empecé a desilusionar. El relato se pasaba demasiado rápido, empezaba a perder humor, los flashbacks eran demasiado cortos. Aparecen personajes de la nada, que aportan poco y nada a la narración principal, la historia de amor está completamente desfocalizada. Las subtramas (excepto la del asistente de Scrooge) están banalizadas y sintetizadas, especialmente la del sobrino del protagonista. Persecuciones que impactan visualmente, pero dejan poco espacio para volver a entrar en la historia de Scrooge. Narrativamente el guión del propio Zemeckis (sino me equivoco, única película que firmó en solitario) empieza a tener baches… grandes, aunque sigue siendo una gran narrador, la película no aburre, se pasa volando. Los personajes secundarios lucen deslucidos, inclusive visualmente. Sobre el final, termina explicando forzosamente la aparición de algunos personajes que aparecen en las visiones, de los que no se tenía referencia que existían. 

Al mismo tiempo, quedaba poseído por una sensación de desdicha al ver la escena en la que el fantasma de la navidad presente, muestra a dos chicos representando lo peor de la sociedad, mientras que este se desintegra bajo la sombra de un reloj (el tiempo siempre está muy presente en Zemeckis). Me preguntaba que pensarían los padres de un grupo de chicos que asistían a la función de una escena tan atemorizante, oscura y perturbadora.

El final es hermoso. No es demasiado meloso, fiel al espíritu dickensista y navideño. Un poco cursi, pero eso es culpa de la novela.

Para el recuerdo, son las increíbles actuaciones de Jim Carrey y Gary Oldman, que más allá de estar animados, lucen admirables, naturales. Les dan credibilidad y emoción a los personajes, los humanizan. Le aportan magia a la magia.

Y por supuesto, la recreación de Londres del siglo XIX es brillante. Nada edulcorada, sino al igual que en la versión subvalorada, de Oliver Twist de Roman Polanski, se muestran en detalle las diferencias sociales, las injusticias y la marginalidad que vive la sociedad.

Incluso la visión de Zemeckis es más oscura y grotesca que la del director de El Bebé de Rosemary, con respecto a las palabras de Dickens.

Al salir de la sala estaba en una disputa sobre el puntaje que la película merece (aun ahora lo estoy). Mientras que narrativamente tiene falencias, y faltan profundizar aspectos fundamentales de la novela, por otro lado (y tras una discusión posterior conmigo mismo) me he dado cuenta que Zemeckis sigue el camino de la reflexión, planteando cuestionamientos existencialistas, y religiosos incluso. Ya lo venía haciendo en Forest Gump, Contacto y Naufrago, pero es curioso que lo haga en una supuesta película infantil de Disney, que tenga una lectura de entrelíneas del cuento, más allá de la que hicieron otros realizadores en el pasado.

Es una apuesta riesgosa dejar de lado el romance, reducir el humor y la ironía (aun teniendo a Jim Carrey como protagonista), darle mayor énfasis al drama, al costado psicológico y social del personaje, la relación con el medio que lo rodea.

Los Fantasmas de Scrooge, definitivamente no está a la altura de las mejores películas de este director fanático de Los Beatles (además de la inminente remake de Submarino Amarillo, recuerden que hizo la divertidísima y poco pretenciosa Quiero Alcanzar tu Mano). Por ahora, Beowulf, sigue siendo la mejor de la trilogía Zemickiana en Caption Motion, pero no hay que subestimar esta última inclusión, que más allá de la animación y el 3D, tiene mayores lecturas de las que aparenta a simple vista.

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