A Sala Llena

Roberto “Fats” Fernández & Pablo Raposo en Thelonious

Sábado 6 de agosto

Roberto “Fats” Fernández: trompeta, voz / Pablo Raposo: piano

Un show más que honrado.

Con casi diez discos propios editados, unos cuarenta en los que participó, más de cincuenta años de trayectoria y una trompeta que suena tan enérgica y lúcida como él mismo, el sábado 6 de agosto Roberto “Fats” Fernández, subió al escenario del cálido Thelonious, acompañado por el pianista Pablo Raposo, para dar comienzo a un imperdible ciclo de tres presentaciones.

A lo largo de su carrera, el eximio trompetista tocó con una gran cantidad de prestigiosos músicos tales como Roy Eldridge, Lionel Hampton, Paquito D’Rivera, Osvaldo Fattoruso y el “Gato” Barbieri, por mencionar sólo algunos. Recibió varios premios en Argentina y fue declarado en el año 1996, vigésimo ciudadano ilustre del barrio que lo vio nacer: La Boca. También es ciudadano ilustre de Mar del Plata.

El joven pianista Pablo Raposo, sienta las bases del acompañamiento, marcado de cerca por el maestro. Oriundo de Necochea, Raposo forma parte desde hace más de cinco años de Trío Índigo, una banda que escogió un nombre neutro en clara muestra de rebeldía a las clásicas denominaciones de tríos de jazz. El conjunto está integrado con Pablo Carmona en contrabajo y Claudio Risso en batería y editaron a comienzos de este año su segundo disco con el sello independiente Pai Records: “La elefanta Mara”.   

Conmueve la cadencia con la que interpreta el repertorio de baladas que escogió en esta oportunidad. Las siente en el alma y eso se percibe, se respira. Fernández no necesita partituras y no es porque ejecuta las obras de memoria, sino porque juega constantemente con la improvisación. No pasea con notas sueltas, sino con melodías que adquieren distintos matices sonoros, siempre caracterizados con un ritmo y una sensibilidad que demuestran en parte, porqué es considerado uno de los mejores trompetistas argentinos.

El show arrancó con “East of the sun” de Brooks Bowman. Cabe aclarar que si me refiero al agudísimo oído del maestro Fernández, no es sólo en alusión a su oído musical.  Promediando el hermoso segundo tema “Speak low”, hizo un breve comentario que no le restó ninguna concentración “ahí me vienen a buscar”, dijo al escuchar una sirena que quizás pasaba a un par de cuadras y siguió como si nada, pese a las risas generalizadas de los espectadores que –quizás como yo- ni habían reparado en el lejano ruido.

Esta primera parte del show se completó con “My favorite things” de Richard Rogers y Oscar Hammerstein II, “Anoche soñé un imposible” y “Cherokee”.

Durante el intérvalo, tuve el enorme placer de compartir una breve charla con el maestro, escuchar algunas divertidas anécdotas, de las miles que imagino debe tener en su extensa trayectoria y no aprobar el examen sobre conocimientos de jazz que muy sutilmente me tomó. Eso sí, es una premisa que adquiere carácter de verdad absoluta el enunciado que afirma que aquello que se aprende en mitad de un examen, difícilmente se olvida. Nunca voy a olvidar quién era Satchmo.

La segunda parte del show, no fue menos emotiva: “PS I love you”, a la que hace un doble final, uno con trompeta y uno con voz. A su término, pregunta al público: ¿Alguien sabe a quién se lo afané? El maestro descalifica a quien responde porque sabe de su erudición. Seguirán “Cuando anochece en el sur” donde Raposo hace un magnífico solo de piano, guiado en la oscuridad por la linterna rítmica que el movimiento de la mano derecha del maestro Fernández marca con suavidad sobre la tapa del piano; “Salto de primavera”; “Mi tonto corazón”; una extraordinaria versión de “Milonga del Ángel” de Piazzolla y cierra con la eterna “Night in Tunisia” de Dizzie Gillespie.

Sin perjuicio de que Thelonious es un espacio muy agradable y cálidamente ambientado,  mención aparte merece el sonido impecable, a cargo de Gabriela Roda que estuvo constante y atentamente regulando la calidad sonora del show. 

El maestro Fernández realiza breves intervenciones, divertidas, sarcásticas. Agradece y explica que “crear en el momento de tocar es la verdadera composición”. Destaca que los solos nunca suenan iguales ya que se toca lo que se siente en el momento y que espera haber brindado un show “por lo menos honrado”. Más que eso, las casi dos horas de duración del evento pasaron con una velocidad de rayo, como sólo pasan los momentos gratos. Miles Davis puede haber dicho en alguna oportunidad que no había nada nuevo para hacer con una trompeta que no haya hecho Satchmo. No obstante, ellos ya no están. Sólo nos quedan sus maravillosas grabaciones, sus leyendas, sus invaluables aportes. Sin embargo, tenemos al maestro Fernández que puede ser que no invente nada, pero seguro, en cada presentación, con cada improvisación, reinventa el jazz, lo redescubre y lo transmite con enorme emoción. No lo quiero contradecir gratuitamente, pero más que un show honrado, yo diría imperdible.            

Próximas funciones: Sábados 20 y 27 de agosto, 21:30hs.

Entrada: $45.-

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