A Sala Llena

Bajo la Misma Estrella (The Fault in Our Stars)

(Estados Unidos, 2014)

Dirección: Josh Boone. Guión: Scott Neustadter y Michael H. Weber. Elenco: Shailene Woodley, Ansel Elgort, Nat Wolff, Laura Dern, Sam Trammell, Willem Dafoe, Lotte Verbeek. Producción: Marty Bowen y Wyck Godfrey. Distribuidora: Fox. Duración: 126 minutos.

Fatalismo para las masas.

El fetiche de los norteamericanos para con los enfermos terminales y/ o los discapacitados se ha colado de una manera por demás lastimosa en el cine, casi siempre bajo el ropaje del exploitation más burdo y con un acento narrativo que pretende ser “descarnado” o “emotivo” según consideremos el campo indie o el mainstream, respectivamente. No cabe la menor duda de que los representantes más funestos del subgénero se aglutinaron uno tras otro durante las últimas décadas, por lo que las pantallas padecieron una andanada de mamarrachos -entre cursis y sádicos- que convencionalmente gozaron del beneplácito de parte de la crítica y la fauna variopinta que “reparte” distintos premios alrededor del globo.

Así como muchos espectadores disfrutan del morbo y la inmadurez crónica desde las que se suele trabajar el tópico, el espectro abarcado es muy amplio e incluye bodrios como Forrest Gump (1994), Gummo (1997), Una Mente Brillante (A Beautiful Mind, 2001), Mi Nombre es Sam (I Am Sam, 2001) y la lamentable Preciosa (Precious, 2009), por mencionar sólo un puñado de ejemplos circunstanciales. Hollywood y aledaños han perfeccionado una fórmula que se rige por el cóctel del folletín, léase melodrama decadente, algo de comedia y una pizca de aventuras que por nuestros días se traduce en periplos de “superación personal”. En suma, las lágrimas le ganan a las risas sin que éstas desaparezcan del todo.

Curiosamente uno de los “padres” del movimiento en su versión posmoderna es uno de los opus menos revisitados en la actualidad: con el transcurso de los años, Love Story (1970) se convirtió en un mojón ineludible de las propuestas románticas llevadas al extremo. La presente Bajo la Misma Estrella (The Fault in Our Stars, 2014) es un rip-off sincero de aquella pequeña odisea, tan adictiva como melosa, centrada en dos amantes marcados por la tragedia. Hoy la obra que nos compete también resulta eficaz aunque vale aclarar que la “sorpresa” de la llegada de la parca constituye en esta oportunidad la premisa fundamental, ya que la pareja de turno se conoce en un “grupo de apoyo” para pacientes oncológicos.

Si bien la película no consigue otorgarle nueva vida a los estereotipos lacrimógenos de siempre, por lo menos sabe dosificarlos/ administrarlos con relativa solvencia y hasta ofrece un devenir ameno que le devuelve la dignidad al fatalismo pasteurizado para las masas. Más allá de “cambios esperables” como la reducción de la edad de los personajes principales para captar a los adolescentes y esos típicos soliloquios metadiscursivos del tipo “vamos a esquivar el cliché cayendo en el cliché”, el director Josh Boone mantiene la lucidez y exprime inteligentemente la química entre Shailene Woodley y Ansel Elgort con vistas a enfatizar el amor de los protagonistas y el destino irremediable que les aguarda…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

El maquillaje corrido.

En una escena de esta película, los protagonistas se dan su primer beso en el museo de Ana Frank alrededor de unos turistas que comienzan a aplaudirlos; en otro momento, los personajes lanzan frases como “si hay algo peor que tener cáncer es que tu hijo tenga cáncer” o “el mundo no es una fábrica de deseos”; en otro momento, el protagonista se coloca un cigarrillo -que nunca enciende- en su boca para presumir una metáfora sobre la vida y la muerte. Bajo la Misma Estrella es una lija que nos engaña con ser terciopelo: es bruta cuando debería ser refinada.

Es cierto que Bajo la Misma Estrella está ubicada unos centímetros más allá de lo que se podría esperar de un relato con enfermedades terribles y amores truncos. Los lectores de la novela remarcan su orgullo por leer algo que, por momentos, se toma con humor toda la desgracia que atraviesan sus personajes favoritos. Sin embargo, el problema principal del film es que el director Josh Boone protege tanto el material original que nunca deja que una simple pero corrosiva gota de acidez haga contacto con las oxidadas piezas de este relato mecánico. Pero es menos difícil manipular la comedia que transportar con cuidado el radioactivo material de la ironía. El humor es calculado y la autoconsciencia transparente: se nota demasiado el esfuerzo de Bajo la Misma Estrella por ser algo distinto, algo que oscila entre el abismo de la tragedia y la cumbre de la felicidad.

Es difícil encontrar honestidad en un producto tan calculado como este, que desprende frases y situaciones imposibles (todo lo que sucede en Ámsterdam, por ejemplo) reparadas únicamente por la pareja protagónica. Y aunque el film mencione estrellas e infinitos, tanto Shailene Woodley como Alsel Elgort son menos galácticos que ordinarios. El problema con las películas actuales de y para adolescentes que buscan con desesperación su lugar en el mundo es que nos enfrían con su asexualidad: los rostros pueden ser perfectos pero nada asegura que haya algo demasiado interesante de la cintura para abajo. Los actores de Bajo la Misma Estrella podrían viajar al lado tuyo en el colectivo en vez de mirarte desde una limusina. Woodley ya había demostrado en The Spectacular Now (si no la vieron se consigue en internet) su rostro particular, su cuerpo humilde, su voz ligeramente áspera sugieren menos fantasía que compromiso. El tal Elgort es una sorpresa simpática, moviendo sus brazos al ritmo de una canción funk que parece sonar solo en su cabeza. Esta sinceridad física y emocional es la que lucha (y que al final pierde) contra ese chiste puesto ahí y esa música puesta allá para arrastrarnos a un mundo que pretende ser real pero que está manejado con más matemática que corazón.

Bajo la Misma Estrella es torpe, absurda y manipuladora. Es también una película demasiado fácil de destruir. Muchos críticos jóvenes se agarran la cabeza, se ríen y hacen gestos sobre lo que sucede en la pantalla y, sin embargo, en vez de comprender (que no es lo mismo que justificar) eligen no entender. Y no entender camina de la mano con criticar libremente en la cantidad de caracteres que demanda un pequeño rincón virtual.

calificacion_2

Por Luciano Mariconda

 

Festejar para sobrevivir.

Es un reto adaptar un libro a película. Es un reto todavía más grande adaptar un libro tan popular y alabado como Bajo la Misma Estrella de John Green sin decepcionar a unos cuantos fans. Y es un reto aún más colosal adaptar un libro sobre adolescentes con cáncer enamorados sin traducir a la pantalla una suerte de culto al sufrimiento que el libro tan talentosamente elude. Pero, por suerte, es un reto que Josh Boone logró superar.

Bajo la Misma Estrella cuenta la historia de Hazel Grace Lancaster, una joven adolescente a quién diagnostican con cáncer con tan sólo 13 años. El mejor amigo de Hazel entonces pasa a ser un tanque de oxígeno que la acompaña a donde quiera que vaya, y que hace las veces de flotador salvavidas cuando sus pulmones se inundan y ella siente que se ahoga en su propia respiración. Obligada por sus padres, Hazel asiste a terapia grupal en el sótano de una iglesia, donde conoce a Augustus Waters, el más canchero y seductor de todos los niños de 18 años con una sola pierna.

Hazel y Gus se enamoran. Se recomiendan libros, juegan videojuegos, viajan a Ámsterdam, se besan en la casa de Ana Frank, tienen sexo. Es decir, son adolescentes. Claro está que su condición física no es la mejor, y que su enfermedad deja huellas en la mayoría de sus quehaceres. El libro que Hazel le recomienda a Gus es sobre una niña con cáncer, el viaje a Ámsterdam les llega como un regalo de la Make-A-Wish Foundation, y el sexo se complica en una de las escenas más torpes y tiernas de la película cuando la remera de Hazel se engancha en su cable para respirar, y cuando Gus expresa sus inseguridades por su pierna amputada. Y sin embargo, la enfermedad no los define. Podríamos decir que los atraviesa, los acompaña o los condiciona de alguna u otra manera, pero nunca que los define. Hazel y Gus no son mártires ni héroes que lucharon valientemente contra el cáncer. Son pibes, son adolescentes enamorados, son Hazel y Gus. La biología no estará de su lado pero los planetas sí lo están y, parafraseando a Hazel, aunque sea por un breve infinito dentro de los días contados, se alinearán para darles una dulce y sincera historia de amor.

Cabe destacar que, tal como el libro preferido de Hazel asegura que el dolor demanda ser sentido, el libro de Green nos enseña que la felicidad hace la misma demanda. Que no hay nada mejor que ir al parque en Indianápolis -donde un esqueleto gigante hace las veces de parque de juegos- y reír entre las entrañas de la muerte. Que es válido reírse no tanto “de”, sino “con” un mejor amigo a quien el cáncer ha dejado ciego. Que el sentido del humor sobrevive a los peores pronósticos; de hecho, los elementos cómicos, que abundan en el libro, están muy bien llevados a la pantalla, desde “el corazón literal de Jesús” en la iglesia hasta la frescura y acidez de Hazel para con todos.

Finalmente, es destacable también la química entre Hazel y Gus; Ansel Elgort y Shailene Woodley logran hacerles justicia a dos personajes que enamoran desde el papel. Su relación se ve, paradójicamente, muy sana. Era muy fácil que Bajo la Misma Estrella se convirtiera en una romantización de la muerte pero, más allá de sus momentos tristes y terribles, no es eso lo que sucede; más bien es romántica “a pesar” de la constante amenaza de muerte que late en sus tumores. John Green nos da una historia que podría matarnos pero no lo hace, no del todo. El llanto está, por supuesto, pero también está la risa, y esto es un logro que separa a esta película de tantos golpes bajos que abundan en Hollywood.

calificacion_4

Por Verónica Stewart

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