A Sala Llena

De Amor y Dinero (The Two Faces of January)

(Estados Unidos/ Reino Unido/ Francia, 2014)

Dirección y Guión: Hossein Amini. Elenco: Viggo Mortensen, Kirsten Dunst, Oscar Isaac, Yigit Özsener, Daisy Bevan, David Warshofsky, Karayianni Margaux, Prometheus Aleifer. Producción: Tom Sternberg, Tim Bevan, Eric Fellner y Robyn Slovo. Distribuidora: Energía Entusiasta. Duración: 96 minutos.

Intriga internacional.

El ejercicio de estilo puede tornarse contraproducente dentro de una obra, a tal punto que termine desorientando las intenciones de su realizador por más buenas que sean. En De Amor y Dinero (The Two Faces of January, 2014) el iraní Hossein Amini (otro realizador foráneo atrapado por el gigante hollywoodense) opta por seguir el protocolo hitchcockiano al pie de la letra pero sin llegar al punto de verse limitado por esta condición. Amini se toma un descanso de los guiones por encargo (siempre le estaremos agradecidos por esa anomalía noir que es Drive) y hace su debut tras las cámaras con un opus que emula al género clásico y de paso le suma una astuta cuota de nervio.

Contextualizados en los sesenta, tenemos a la pareja casual de Chester (un Viggo Mortensen añejo) y su esposa Colette (Kirsten Dunst intentando ser una señora) vacacionando por las ruinas de Grecia, cuando conocen a Rydal (el ascendente Oscar Isaac), un guía turístico bilingüe que saca toda ventaja lucrativa de sus clientes. Atraído por la ostentosidad de estos y convirtiéndose en su traductor asignado, Rydal entabla confianza y se apega a ambos. La inoportuna aparición de un investigador privado tras los pasos de Chester devela que este también es un chanta, dando por consiguiente un crimen (el McGuffin del asunto) a manos de Chester y en el que Rydal, sin comerla ni beberla, pasará a ser cómplice.

El de Hitchcock era un cine que exploraba las bajezas y obsesiones sociales de personajes ordinarios frente a situaciones extraordinarias. Pero lo de Amini no es un copiar y pegar suntuoso para sacarse de encima un thriller vintage barato. Mientras maneja ese tributo constante delineado por la puesta en escena, la película va serpenteando las maniobras psicológicas que envuelven a los personajes masculinos centrales. Acá no se barajan instintos eróticos sino la patología paternal que confronta y al mismo tiempo atrae a Chester (el padre celoso ante un hijo muy mimado) y Rydal (la distancia que tomó de su familia le remuerde la conciencia). Esta paradoja que incluye broncas y reproches reprimidos es el musculo imperante de la trama y que buscará en algún punto de la fuga redimirse o consumarse.

Frente a la inevitable disputa amorosa, Amini se corre de todo histeriqueo pasional y encara hacia el conflicto masculino punzante con un dinamismo envidiable. De esta manera, el personaje de Dunst se ubica en un segundo plano como medio conductor (la mujer como objeto de garantía), ya que el lazo que aqueja a estos individuos es el verdadero leitmotiv y la ambigüedad de ambos (Mortensen de finura agreta y Isaac de elegante sport) su ingrediente maestro. Ilustrada por una fotografía soberbia, De Amor y Dinero es una película de atractivos que no se precipitan, sabiendo dosificar los valores compenetrados y demostrando así que Amini sabe muy bien cómo ser todo un romántico.

calificacion_4

Por Enrique D. Fernández

 

Acrópolis en descomposición.

¿Qué ha sido de aquellos viejos y queridos thrillers de antaño, esos mismos que parecen no despertar más que melancolía? El Hollywood contemporáneo una y otra vez demuestra desinterés frente a la posibilidad de reflotar el suspenso basado más en el estudio de personajes que en la edición vertiginosa símil publicidad y/ o la ristra patética de artilugios tecnológicos para púberes. Así como los exponentes elegantes dirigidos a los adultos fueron desapareciendo de la cartelera con el transcurso de los años, bajo el karma del atolladero de los superhéroes y sus filtraciones hacia otros géneros que nada tienen que ver con las calzas ajustadas y las sentencias de manual de autoayuda, por suerte las excepciones aún existen.

Hasta cierto punto podríamos afirmar que la eficiente De Amor y Dinero (The Two Faces of January, 2014) hace “trampa” ya que se inspira en una novela de la archiconocida Patricia Highsmith, casi una garantía absoluta de ese clasicismo de tendencias voyeuristas y misantrópicas. A pesar de que la ópera prima del guionista iraní reconvertido en realizador Hossein Amini no llega a la altura de obras como Pacto Siniestro (Strangers on a Train, 1951), A Pleno Sol (Plein Soleil, 1960), El Amigo Americano (Der Amerikanische Freund, 1977) o El Talentoso Sr. Ripley (The Talented Mr. Ripley, 1999), definitivamente logra imponerse en un ámbito cinematográfico paupérrimo gracias a su aplomo y circunspección.

La historia se desarrolla en 1962 y respeta a rajatabla la estructura canónica de los relatos de la estadounidense, con una misteriosa pareja recorriendo Europa, hoy por hoy en Grecia, y cayendo bajo el encanto de un tercero -con sus propias incógnitas tras de sí- que de a poco penetra en sus vidas: el matrimonio compuesto por Chester (Viggo Mortensen) y Colette MacFarland (Kirsten Dunst) se topa de improviso con Rydal (Oscar Isaac), un guía que se dedica a estafar a turistas mediante la conversión entre dólares y dracmas. Un buen día, luego de una cena distinguida, Rydal decide devolver un brazalete que olvidó Colette y descubre al simpático de Chester arrastrando a un pobre hombre por los pasillos del hotel.

Por supuesto que en la huida resultante los tres protagonistas se entregarán a un juego del gato y el ratón en el que el ventajismo, las agendas contrapuestas y la sexualidad serán los ejes ineludibles. El desempeño de Amini en esta acrópolis en descomposición es meritorio, consiguiendo combinar la exquisita fotografía de Marcel Zyskind y otra gran banda sonora de Alberto Iglesias con las extraordinarias actuaciones de Isaac, Dunst y Mortensen. El guatemalteco en especial viene de trabajos muy interesantes y con De Amor y Dinero corona una trilogía en verdad insuperable, completada por Balada de un Hombre Común (Inside Llewyn Davis, 2013) y la genial El Año más Violento (A Most Violent Year, 2014)…

calificacion_4

Por Emiliano Fernández

 

Pasaportes en suspenso.

La adaptación de los trabajos de la novelista estadounidense Patricia Highsmith nunca ha sido tarea fácil para los directores. Por un lado, las novelas de la escritora están protagonizadas por personajes hipócritas y marginales capaces de cualquier cosa y prestos a las obsesiones y el crimen liso y llano. Por otro lado, el estilo sucinto y directo de sus oraciones les ofrece a los guionistas un punto de anclaje pero de ahí en más, la adaptación de los mecanismos del suspenso literario al cinematográfico demanda del talento y el manejo sutil sobre los dispositivos y el lenguaje del género. Para colmo, la primera adaptación de Highsmith fue realizada por Alfred Hitchcock con un guión a cargo del escritor Raymond Chandler, la genial Pacto Siniestro (Strangers on a Train, 1951).

De Amor y Dinero (The Two Faces of January, 2014) es la primera película dirigida por el conocido guionista de origen iraní nacionalizado británico, Hossein Amini (Drive, 2011), y se sitúa a principios de los sesenta en Grecia. Una pareja de turistas norteamericanos conoce un guía de turismo de su misma nacionalidad en Atenas y decide contratar sus servicios para que les enseñe el mercado de pulgas local. Pronto el hombre irá descubriendo la verdadera razón del alejamiento de la pareja de Nueva York y los deberá ayudar a escapar de sus perseguidores invisibles a través de Creta, en un juego sexual y monetario.

La ópera prima de Amini recurre a un suspenso sobrio, sin grandes sobresaltos, y respeta en todo momento la intensión de la novela de Highsmith a nivel metafórico pero incurriendo en recurrencias y obviedades en algunos casos. El resultado de la adaptación es bueno especialmente por las grandes actuaciones de Viggo Mortensen y Kirsten Dunst, pero sin dejar de lado al ascendente Oscar Isaac, un trío que soporta a lo largo del metraje los primeros planos con tenues gestos que denotan sentimientos y sensaciones como la culpa, la avaricia, el deseo o el temor.

De Amor y Dinero logra construir un suspenso que remite más al género literario que al cinematográfico y conduce la acción con la soltura de un thriller, a la vez que recorre algunos rincones de Grecia a través de la delicada fotografía de Marcel Zyskind y de las envolventes atmosferas de la banda de sonido a cargo del músico español Alberto Iglesias.

calificacion_4

Por Martín Chiavarino

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