A Sala Llena

Las Crónicas del Miedo (V/H/S)

Las Crónicas del Miedo (V/H/S, Estados Unidos, 2012)

Dirección: David Bruckner, Glenn McQuaid, Joe Swanberg, Ti West, Adam Wingard y Radio Silence. Guión: Simon Barrett, Matt Bettinelli-Olpin, David Bruckner, Tyler Gillett, Justin Martínez, Glenn McQuaid, Radio Silence, Nicholas Tecosky, Chad Villella y Ti West. Elenco: Calvin Reeder, Lane Hughes, Adam Wingard, Hannah Fierman, Mike Donlan, Joe Sykes. Producción: Roxanne Benjamin, Gary Binkow y Brad Miska. Distribuidora: Energía Entusiasta. Duración: 116 minutos.

Raros VHS’s.

A primeras no pude definir cuán buena me pareció V/H/S. Me había gustado pero no me generó el mismo entusiasmo inmediato que The Cabin in the Woods. Con esto no quiero hacer comparaciones, porque si bien ambas tienen un componente metalinguistico bastante marcado, The Cabin… cuenta con una estructura narrativa y una puesta en escena bien mainstream (de lo que se jacta y sobre lo que discurre), dirigida por Drew Goddard, un debutante en el cine pero con una considerable experiencia como guionista y productor de series exitosas como Buffy, La Cazavampiros y Lost, y con la presencia de uno de los nuevos chicos lindos de Hollywood, Chris Hemsworth.

En el caso de V/H/S obtenemos lo diametralmente opuesto, no sólo por tratarse de una producción clase B (lo que no significa que sea malo o bizarro, tan solo de bajo presupuesto y con actores desconocidos), sino porque además es mucho más caótica, trash, punk. Partamos de una base: la película no tiene un sentido argumental claro, es una found footage film pero que al contrario de muchas de las que vi (y no han sido tantas) no pretende justificar el contenido del material hallado, ni siquiera sabemos si “alguien” lo halló o cómo llega a nosotros hipotéticamente, y eso la libera, la vuelve anárquica y para nada pretensiosa.

Hay una historia principal que mediante una excusa bastante curiosa nos dirige a otras cinco, pero aún dentro de su estructura resulta rara por lo azaroso de las imágenes y la calidad tipo VHS que nos devuelve una imagen sucia (me hizo pensar en la Trash Humpers de Harmony Korine aunque sin ese nivel de escatología), algo que nos puede incomodar malcriados a tanto DVD, HD, Blue Ray y vaya a saber qué cosa nueva más, efecto que no resulta para nada negativo al propósito del film. Esta película no es para consumo masivo, tiene fuertes aires de marginalidad lo que seguramente pondrá en riesgo su potencial estreno en cines. La antología estuvo a cargo de cinco directores a quienes los cinéfilos del terror van a reconocer -ya sea por sus nombres o por sus trabajos anteriores-,  y los Radio Silence, un grupo conformado por otros cuatro menos “populares” dado que hasta este proyecto sólo se dedicaron a filmar cortos y algún que otro episodio para televisión.

Entre quienes la vimos hay asombros, decepciones y fluctúan mucho las preferencias por uno u otro de los segmentos, lo que es bueno porque habla de un nivel parejo. Pero ahora quiero detenerme un momento en lo que verdaderamente llamó mi atención, lo que pude traslucir bajo su aparente sinsentido, y es la forma en la que ilustra los roles de la mujer y el hombre tanto en el cine de terror como en la sociedad moderna, hasta terminar castrando literal y metafóricamente la imagen del macho alfa norteamericano, tan típico en otras producciones del género. Al comienzo se nos presentan dos situaciones alternas: la que los protagonistas están filmando, digamos en tiempo presente, y lo que estaba grabado con anterioridad en el cassette. En ambas la mujer es víctima de forma violenta y mediante el engaño respectivamente. Tape 46 (de Adam Wingard) es el nombre de la historia inicial y central de la película, registro de las andanzas de un grupo de seis boludazos en plan vándalos que se divierten destruyendo propiedades y atacando a mujeres en la calle para desnudar sus pechos frente a la cámara, tal vez reflejo de la desmoralización en tiempos modernos; debajo tenemos una filmación de tipo “cámara oculta” en la que uno de estos pibes intenta mantener relaciones sexuales con una chica hasta que ésta nota la presencia de la misma y se le termina la joda. En medio de este caos de imágenes nos enteramos que alguien a quien desconocemos contrata a este grupo de inadaptados para que irrumpan en una casa y encuentren un VHS en particular, pero una vez dentro además de encontrar una cantidad considerable de cassettes dan con el cadáver de un hombre de unos 60 años, sentado en un sillón frente a varios televisores, tal vez reflejo de generaciones pasadas que no logran lidiar los nuevos códigos (o falta de ellos) o representación de la muerte de un patriarcado aún presente. Las cinco historias restantes se desprenden de las películas que ven para tratar de acertar con la indicada, aunque ellos desconocen el contenido de la misma. Tape 46 queda irresuelta y deja un par de situaciones potables colgadas, lo que la excluye como “historia” a mi parecer.

Ahora bien, cuando empezamos a ver estas otras grabaciones caseras de pronto nos encontramos con un gran cambio de roles, la mujer ocupa un lugar más fuerte y se convierte en victimaria en muchos casos, a excepción de la anteúltima demostrando que la lucha de poderes entre ambos sexos es el eje sobre el que se desarrollan todas. Lo más atractivo del film en su aspecto más formal es que en cada una podemos encontrar distintos subgéneros del terror. Amateur Night (dirigida por David Bruckner, el mismo de The Signal) es de índole fantástico y es una de las mejorcitas, mantiene cierto alineamiento con respecto a la primera en tanto sus protagonistas también son un grupo de amigos con hormonas bastante alteradas que salen en busca de chicas para tener sexo en la habitación de un hotel, y filmarlas a través de una “cámara anteojo” que lleva el menos agraciado o más loser de todos. La protagonista es perturbadora y hace un trabajo impecable que incluso genera más horror cuando no está caracterizada. Las intenciones de los “machos” son similares (sexo y engaño) pero no logran llegar a buen puerto y tiene un final estremecedor que hace hincapié en el imaginario de la hembra como monstruo que busca procrear y anidar. Second Honeymoon se toma sus tiempos y desarrolla una trama que en principio no pareciera ofrecer demasiado pero se guarda todo para un final tan sangriento como sorpresivo. Es la más clara y drástica de todas con respecto a lo planteado. El director es Ti West, probablemente el más prolífero de todos y cuyos trabajos más reconocidos son Cabin Fever 2 y The House of the Devil, grandioso homenaje al cine de terror de los setenta. Luego sigue Tuesday the 17th un slasher de lo más original y con pinceladas fuertes de gore (sin llegar a serlo del todo) que no necesita de muchas excusas para masacrar a un grupo de amigos que se van a pasar un día de campo en un bosque. Si en este subgénero los asesinos parecieran tener poderes sobrenaturales pese a ser humanos, Glenn McQuaid (director de I Sell the Dead, con Ron Perlman) lleva esta idea al extremo con el asesino que crea, y aunque la mujer siga ocupando el rol “activo” la balanza empieza a inclinarse nuevamente hacia el otro lado.

The Sick Thing That Happened to Emily When She Was Younger (¡qué lindo título!) dirigida por Jon Swanberg -además protagonista del segundo corto- termina de contribuir a esta inclinación y nos presenta a una protagonista dulce y confiada, que mantiene una relación a distancia y mediante webcam con un joven al que le solicita ayuda porque siente presencias extrañas en su casa. Aunque en un principio me pareció la más floja, reviendo la película me encontré con que es de las más inquietantes y mejor logradas con escasos recursos, una ambientación por demás claustrofóbica y con un final retorcido. Para terminar, 10/31/98 pertenece al subgénero de casas embrujadas y podría haber sido la redentora de las diferencias entre los sexos, dado que en este caso los hombres no son presentados como malos tipos o imbéciles y tienen gestos heroícos al intentar salvar a una mujer en verdaderos problemas, pero no terminan nada bien. Este último fue dirigido por los Radio Silence (Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett, Justin Martínez y Chad Villella) y el que menos me resultó, si bien tiene un par de planos con efectos interesantes sigo creyendo que cuatro directores para un corto de estas características es excesivo, habrá que ver si siguen filmando a futuro juntos y con qué nos sorprenderán en ese caso. Por lo pronto V/H/S es una película extrañísima que rinde homenaje a varios subgéneros utilizando uno de los más explotados en los últimos años, sin más excusas que la de entretenernos con una antología que, llegue o no a las grandes salas, seguro será de culto y generará una marcada división de opiniones dentro de la cinefilia.

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Por Nuria Silva

Antología del tedio.

Estamos ante otra de esas típicas oportunidades de hacer algo valioso que lamentablemente quedan en punto muerto, léase ofrecer una colección de historias singulares unificadas bajo el concepto un tanto remanido del “found footage”. Lo que podría haber sido una interesante reformulación de un subgénero muy querido dentro del horror como el de las antologías, pensemos en las extraordinarias Creepshow (1982) y Trick ‘r Treat (2007), termina convirtiéndose en un proyecto fallido que no cumple con su cometido y para colmo deambula perdido por una infinidad de lugares comunes del mainstream contemporáneo.

La estructura respeta el ABC estándar de la categoría con una línea narrativa englobadora que contiene a cinco episodios individuales que van desfilando uno a uno; los cuales a su vez están centrados en un súcubo, un crimen pasional, una entidad homicida, el fantasma del tráfico de órganos y en un exorcismo que se desmadra. El inconveniente principal pasa por los clichés de siempre, la ausencia de novedades y la pobreza de los guiones de los segmentos, todos a cargo de diferentes equipos de realizadores con agendas contrastantes, coyuntura que acrecienta la disparidad en términos de calidad del convite en su conjunto.

Definitivamente los responsables durante la producción contaban con una “idea” única que apenas si abarcaba un contexto general para cada subtrama y un remate violento con el fin de “sorprender” al espectador, por ello se entiende que a falta de talento específico la película por momentos llegue al tedio a fuerza del simplismo bobalicón de pretender compensar con sangre y desnudos lo que no se entrega a nivel del suspenso y el desarrollo de personajes. Un detalle curioso es la referencia del título al formato analógico de la JVC, en especial tratándose de una propuesta que transcurre en estos días por demás digitales.

Si bien es loable la estrategia de obviar reiteradamente un cierre exegético que permita dilucidar con precisión lo ocurrido en cada capítulo, en un film de medio pelo como V/H/S (2012) sabe a desprolijidad e improvisación. La multitud de tomas subjetivas, los latiguillos de los “falsos documentales” y el recurso de la lluvia/ interferencia/ bache constituyen pasos en falso de una ensalada que sólo se salva del fracaso total por sus dos últimos “ingredientes”, el de la conversación por Skype y el de los eventos paranormales. Que conste en actas que cualquier episodio de Tales from the Crypt supera a este triste combo…

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Por Emiliano Fernández

V/H/S: Videoaficionado Hasta Siempre.

Un titular que funciona como paratexto rara vez resume el contenido absoluto de alguna obra y se corresponde de tal manera con el visionado general que cualquier palabra sobra. Este es el caso de uno pero asimismo nos adentraremos en cuestiones más bien cuestionables de la pieza que nos convoca. Nos detenemos sobre el parafraseo de la argentina Victor Hasta Siempre y damos cuenta que en primer lugar veremos aficionados armados de cámaras y en segundo, que no queremos volver a verlos, escucharlos o bien sentir su ingrata presencia en la escena del séptimo arte.

VHS se compone de relatos, por momentos unos dentro de otros y estos, en la expectación de un grupito de degenerados y sociópatas perversos congregados a la labor de “sacar unos cobres” del morbo general. Es así como la premisa del found footage o metraje encontrado se divide en seis pobres segmentos relatados en breves crónicas editadísimas sobre historias de terror que se presumen reales pero pecan de paupérrimo realismo mágico contemporáneo. Una mujer vampiro que más se parece nuestro amado mono-rata hijo de Muertos de Miedo (Braindead, Nueva Zelanda, 1992) que al conceptual chiropteran aterrador de Blood, el Último Vampiro (Blood, The Last Vampire, China, 2009); un grupo de muchachos sedientos de dinero y de perversión que “deben” hallar una cinta VHS en el departamento de un anciano muerto; una pareja infiel con bisturí; una chica obsesionada con encontrar a un destripador aún con el costo de su vida y la de sus compañeros; un doctorcito seductor y perverso vía webcam y un Halloween a los golpes en una casa embrujada, son los principales focos de una falta de unidad tanto narrativa como constructiva respecto de la consecución y siembra de los recursos concernientes al género: suspenso, golpe de efecto, sonido y musicalización rimbombante y discordante y un agente del terror omnipresente e invisible.

1. El armatoste que faltó. Existen realidades que, lejos de ser obvias para el ojo que ansía espantarse con poco o bien por los billetes que la entrada de cine representa, están allí y deben destacarse porque la falacia y el efectismo conllevan a una realidad post-película más pobre que la vivida en la sala. La realidad de todas las historias presentes en VHS es registrada con pequeños aparatejos que distan años luz de la grabación de una cinta de video como el nombre del filme indica. Tal vez por comodidad o bien pereza, la grabación digital se impone por sobre la nostalgia del videocassette y la VTR integrada. Pero si un detalle podía hacer más notorio este “olvido” creativo, está la interferencia y el ruido blanco del registro de errores propios de la cinta magnética, entonces nos preguntamos dónde quedó La Bruja de Blair (The Blair Witch Project, Estados Unidos, 1999), dónde se esconde la televisiva Encuentros Desde la Tumba (Grave Encounters, Estados Unidos, 2011), o en qué se gesta el efecto de la primera Actividad Paranormal (Paranormal Activity, Estados Unidos, 2007) en la considerada -por su propio afiche- “la más escalofriante y cruda historia de terror de este año”. Pero si se es del VHS, lo más idóneo es reproducirla en la oscuridad del living y en la soledad del ermitaño.

2. Al Gore. La políticamente incorrecta -e insurrecta- VHS abusa de lo que está considerado el recurso de horror más efectivo de los últimos años: la presencia explícita de lo visceral hecho carne y tripas en el viewfinder de la cámara. Resulta curioso que, ante la falta de un elemento que muchas veces muestra la contingencia conceptual de la idea original, el nuevo horror resida en la crudeza de la imagen o en el desbaratamiento del cuerpo, su tortura o el llano hecho de emular, infructuosamente, Intolerancia (Intolerance, Estados Unidos, 1916) de Griffith.

3. Entre la nada y la eternidad. Si los conceptos anteriores no bastaron para devastar la nueva pieza del terror yankee, se pueden encontrar diversas maniobras de escape o bien manotazos de ahogado de la cruenta y superflua VHS: “Si una historia no mueve al espectador, le escupimos otra y otra y otra” parecen decir los directores mientras deambulan por el lobby en el estreno. Es que VHS se jacta de terrorífica a través del cansancio y el aburrimiento del espectador. Se puede apreciar un in-crescendo lento y agobiante en el transcurso de cada pieza encontrada en la cinta mortal, desmoralizando así a la primera Llamada (The Ring, Estados Unidos, 2002). Por otro lado, la experimentación con variedad de horrores -u “horrores”- demuestra la fragilidad del relato en donde “una de las historias tiene que ponerte la piel de gallina”, si no es la vampiresa felina, será el doctorcito perverso y si no, el Slender con cuchillo del bosque. Y así se avanza hacia el juego final, en donde la técnica se hace presente y se nos lleva a una casa de lo más común en donde en un CGI de segundo o tercer nivel crea manifestaciones fantasmales que golpe tras golpe recrean lo videoclipezco de lo que podría ser un Michael Bay retorcido. Pero ante todo el filme es extenso, extensísimo para el terror que intenta reflejar pero que relega, eso sí, con maestría y precisión.

Por Uriel De Simoni

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