A Sala Llena

Adiós al Lenguaje (Adieu au Langage)

(Suiza, 2014)

Dirección y Guión: Jean-Luc Godard. Elenco: Héloise Godet, Kamel Abdeli, Richard Chevallier, Zoé Bruneau, Jessica Erickson, Cristian Gregori, Marie Ruchat, Jeremy Zampatti. Producción: Brahim Chioua, Vincent Maraval y Alain Sarde. Distribución: Zeta Films. Duración: 70 minutos.

Hermenéutica de la imagen en movimiento.

Adiós al Lenguaje es el último film y/ o ensayo cinematográfico del director y pensador francés Jean-Luc Godard, en el que analiza, interpela y deconstruye la imagen en movimiento a través de la experimentación técnica y distintos juegos narrativos que pretenden poner en jaque al lenguaje como mecanismo de comunicación. La patética utilización del formato digital y de la tecnología 3D por los estudios cinematográficos impulsó a Godard a filmar esta obra con cámaras de baja resolución -principalmente teléfonos celulares- para experimentar con las posibilidades tecnológicas y demostrar que cualquiera puede, con un poco de ingenio, realizar una película extraordinaria con bajos recursos y buenas ideas.

En ensayo de Godard juega con las tres dimensiones y la desincronización sonora como si fueran planos superpuestos de imagen y sonido que trastocan y transforman su carácter y la relación del espectador con su percepción del espacio, a la vez que recurre a la historia y a la política para recordar que la televisión nació en Rusia como un dispositivo para vigilar las fronteras y que más tarde fue utilizado por el nazismo como aparato de propaganda, con el fin de exponer su carácter autoritario y complejizar la relación que tenemos con las imágenes y los aparatos.

El film está dividido en dos partes, Naturaleza y Metáfora, creando en ambos paralelismos y simetrías en un tono poético y filosófico que yuxtapone metafóricamente la vida con la muerte, la libertad con el autoritarismo, la cultura y el instinto, y al hombre y a la mujer con un perro que ladra. Godard pone de esta manera a prueba al cine para demostrar dos principios respecto del arte en general. El primero tiene que ver con el desaprovechamiento de las potencialidades de las nuevas tecnologías audiovisuales. El segundo abarca la experimentación narrativa o, mejor dicho, la necesidad de la expansión de todas las formas de expresión de la imagen para promover distintos tipos de interpretación, percepción y experiencias.

En este contexto experimental, envuelto en una serie de citas filosóficas y literarias que involucran a Jacques Ellul, Lord Byron, Mary Shelley, Jack London, Claude Monet y especialmente a Walter Benjamin, entre otros, Godard construye una relación amorosa entre dos parejas (que pueden ser la misma desdoblada o todas las parejas) en la intimidad más cruda y cotidiana para pensar sobre la existencia humana y el instinto a través de las experiencias sexuales y la muerte como estadio último.

La homogeneización de las percepciones, la imposibilidad de la narración de la experiencia singular, la pérdida de la individualidad y la lógica comercial que nubla todo proceso artístico novedoso son algunas de las cuestiones sobre las que Godard reflexiona a través de su interrogación de la producción y la recepción de la imagen en la sociedad actual. Adiós al Lenguaje deja así al cine expuesto a la poética de las imágenes para destruirlo y reconfigurarlo en un movimiento de eterno retorno como dispositivo filosófico y político para escapar de la decadencia y la racionalidad de la imagen actual y su pretendida veracidad, con vistas a adentrarnos en la imaginación y sus posibilidades como creación de nuevas formas de ser, sentir y vivir.

calificacion_5

Por Martín Chiavarino

 

Vengo con el cuento.

La etiqueta “cine experimental” es demasiado genérica para definir el último tramo del cine de Godard, alguien que de todas formas siempre se preocupó por el estatuto de la imagen, sin importar la época. Lo más acertado sería definir a este nuevo experimento como un ensayo, en el que parece haber lugar para todos los temas, autores, conceptos y demás nuevas tecnologías. Godard no se interesa por presentar toda esta ensalada en una fuente de plata, más bien lo que hace es desperdigar los ingredientes y que el espectador haga lo que pueda para reconstruir este intento de tesis.

No es la primera vez que el maestro del cine moderno experimenta con el 3D, ya lo había hecho en un cortometraje, y lo hace ya desde el paratexto 2D y 3D, el primero aparece en el fondo y el segundo al frente del plano. Otro de los juegos con el formato se da también bajo este procedimiento: detiene el avance del plano del fondo, una especie de formato 2.5. También se puede advertir, si se cierra un ojo, un caos formal que enrarece toda la imagen como si no se tuviera puestos los anteojos. Más allá de este componente lúdico, que oficia de tesis sobre el autoritarismo de la imagen en estos tiempos, la hipótesis de Godard es invisible, inacabada o tácita con respecto a su propia producción, tan solo tenemos ante nuestros ojos una insinuación. Sí, el 3D es un formato que apareció hace algunos años como una mina de oro para los grandes estudios de Hollywood pero hoy en día esa idea maravillosa -a priori- que llegaba para salvar a la meca del cine, no es más que un acarreo de las grandes producciones que se han estancado sin ofrecer variantes inteligentes. Godard llega tarde, no viene del futuro para mostrarnos lo que pasará sino que viene del pasado con el diario del lunes.

En el eje temático se perciben -con más claridad que la historia de la película- las inquietudes que siempre rondaron la obra del director de Alphaville: el nazismo, el comunismo, la filosofía (el existencialismo, especialmente), la literatura de la primera mitad del siglo XX, etc. Todos estos temas están puestos en boca de dos personajes que se la pasan desnudos, discutiendo (casi siempre con diálogos que no son más que citas de otros autores), siempre con un dejo de inconclusión. En el medio de ambos aparece un perro, quizás como única esperanza, por lo que no es gratuita la frase de Darwin que se menciona: “El perro es quizás el único ser vivo capaz de amar más de lo que se puede amar a sí mismo”.

Adiós al Lenguaje es un collage formal y temático que ya no resulta experimental en la obra de Godard, de otra forma no hablaríamos de recurrencias en sus últimas películas: es claramente un ensayo de protesta y de nostalgia. Del primero por un uso desaprovechado de la imagen y del segundo por ese siglo tan espantoso al que no se puede recordar más que con ojos indulgentes, todo esto según el hombre que alguna vez luchó desde el futuro por un cine diferente, hoy ya no es más que un espectro de su propia revolución.

calificacion_2

Por José Tripodero

 

Un perro andaluz.

En 1959 el cine francés pone la firma oficial a la “Nouvelle Vague” con dos filmes que harán historia. Uno es Los Cuatrocientos Golpes, de François Truffaut y el otro, Sin Aliento, de un tal Jean-Luc Godard. Dispuestos ambos a dejar atrás un modelo de cine teatral y caduco, buscan romper normas y establecer nuevas formas, que en realidad se venían gestando desde la época del Neorrealismo Italiano, con Roberto Rossellini a la cabeza, en películas como Roma, Ciudad Abierta y Paisá. En una entrevista realizada en la época, Godard afirmaba que la Nouvelle Vague se proponía hacer cosas que otras películas no hacían. “Si no se puede filmar a los personajes en un fondo blanco, lo haremos en un fondo blanco”, sostenía. Y si no hay carro para realizar un travelling, se haría colocando la cámara en un cochecito de bebé. El cine dejaba los estudios y ganaba la calle.

Godard se fue diferenciando y hasta enemistando con su par François, culpándolo de haberse aburguesado e ir entrando en el sistema que otrora había criticado con furia. Y así, en el horizonte, Godard continuaba su camino, levantando su bandera, la del más radical y eterno “enfant terrible”, el único campeón del cine moderno.

Adiós al Lenguaje lo encuentra a sus 84 años en plena forma. En formato 3D y con cámaras de celular en algunas de sus tomas, la búsqueda del galo continúa, expandiendo la forma e interpelando a la imagen. El uso restallante del color, marca de fábrica, el empleo del sonido asincrónico y del mismo formato en tres dimensiones, personal y único, lo diferencian de la mayoría de los directores que filman hoy día. Su filme ensaya (y no siempre lo logra) una tesis acerca del lenguaje audiovisual, la masividad de las imágenes, el autoritarismo y las posibilidades que ofrece el dispositivo. El film propone a la vez que desautoriza la teoría de la muerte del cine. Y es en esta contradicción donde reside su fuerza. Las imágenes laten, negándose a dejarse arrastrar por el olvido y la indiferencia del espectador. Godard ladra y tiene aun cosas por decir, y esta película, ganadora del Premio del Jurado del último Festival de Cannes, así lo demuestra. Algunos lo llamarán coraje, otros tozudez, lo que es cierto es que el cine que propone Godard puede conmover con solo una imagen, un sonido o una palabra.

calificacion_4

Por Sergio Zadunaisky

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