A Sala Llena

Bastardos sin Gloria, según Matías Orta

Cuando uno se pone a ver una película de Quentin Tarantino, debe saber que está adentrándose en un universo aparte, con códigos muy específicos y algo herméticos, por lo que el público menos entrenado (y poco aficionado al cine, sobre todo a los géneros considerados menores) puede no engancharse del todo y pasará por alto esos detalles que diferencian lo muy bueno de lo excelente.

Como un servidor tiene el privilegio de no formar parte de ese grupo, resulta muy atinado decir que Bastardos sin Gloria es el mejor film del hiperkinético director, junto a Perros de la Calle y Tiempos Violentos.

Todas las constantes del director dicen presente: las citas cinéfilas (mucho spaghetti westerns, cine de propaganda nazi, clásicos de Hollywood de los ’30 y ’40, ¡hasta Carrie!), pero nunca mejor integradas a la trama; la violencia extrema, y las mujeres hermosas pero letales. No olvidemos del factor musical: QT se vale tanto de Ennio Morricone, Beethoven y un tema que David Bowie y Giorgio Moroder hicieron para la remake de La Marca de la Pantera. Este track le parecerá fuera de lugar, pero funciona perfectamente en la secuencia donde se lo escucha.

Como dije más arriba, a Tarantino lo enloquecen los géneros más trash y también los comics, y todo eso se siente en las poco más de dos horas (que se pasan rapidísimo) de Bastardos… No esperen nada de rigor histórico ni un tono demasiado serio. Para eso vean la apenas correcta Operación Valkiria. QT nos da algo más, una delirio con nazis monstruosos y soldados yanquis más sádicos aún, donde lo que sucederá a continuación es imposible de adivinar.

Por supuesto, el elenco es uno de los fuertes principales. Desde Brad Pitt hasta un supermaquillado Mike Myers, pasando por Eli Roth (un papel que había sido pensado para Adam Sandler), los alemanes Til Schweiger y Diane Kruger; la francesa Mélanie Laurent, una de las verdaderas protagonistas de esta historia… Pero la revelación pasa por el austríaco Christoph Waltz. Ya muchos elogiaron su composición del Coronel Hans Landa, un villano tan impredecible como brutal. Es curioso que ese rol fuera originalmente para Leonardo DiCaprio, quien no pudo hacerlo por otros compromisos.

Si pretenden filmar escenas de tensión, basta con ver esta película para aprender cómo hacerlo. El bueno de Quentin ya demostró ser un experto en el asunto y acá vuelve a dar cátedra en el interrogatorio de Landa a un campesino francés, al principio del largometraje, y también cuando se juntan algunos “buenos” contra un par de “malos” en una taberna. De antología.

La imagen y la frase del final pueden parecer signos de puro egocentrismo, pero qué bien quedan.

 

 

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