A Sala Llena

Cenizas del Tiempo, según Tomás M. Luzzani

Este film de Wong Kar-Wai lo lleva a uno a replantearse ciertas cosas que uno da por sentadas a la hora de elaborar una crítica.

Esta no es una película del montón: primero, hablamos de una nueva versión de un clásico moderno del cine oriental, en manos de uno de los mejores autores que tiene el cine a nivel internacional; segundo, Kar-Wai no está solo, lo acompaña un reparto que junta a los mejores actores de Hong Kong, música con participación de Yo-Yo Ma, y el director de fotografía es un joven Christopher Doyle. La ecuación difícilmente pudiera resultar negativa, y no, no lo fue y lejos está de serlo en este nuevo armado.

A nivel estético la película no tiene defecto alguno, desde todo punto de vista. El nivel de belleza plástica merece todo el reconocimiento que siempre se le ha otorgado y es realmente admirable. Si bien es cierto que el cine Wuxia (dicho mal y pronto, el Western de oriente) tiene un código estético propio –tal como su equivalente occidental–, aquí se va más allá, Wong no solo reconoce sus influencias occidentales, sino que las homenajea, hay un intercambio constante con elementos de Leone, Ford y otros referentes del género. Esto enaltece el film.

Lo más llamativo de todo esto, no es la fusión de géneros, ni de culturas totalmente dispares en pos de contar una historia, sino, que esa historia –o historias, mejor dicho– tratan sobre el amor. Ese es el núcleo de Cenizas del Tiempo: el amor. Allí el protagonista divaga entre distintos encuentros con amigos, clientes y socios, y entre los distintos enfrentamientos que se van suscitando la única constante a través del paso del tiempo, es ese sentimiento. Si bien es una variante interesante –tal vez, solo tal vez, no tan llamativa viniendo de Wong Kar-Wai– creo que el film no debe ser juzgado por eso. Se mueven en pantalla y en el espectador muchas cosas. Y es eso, al final de cuentas, lo que mayor valor tiene el film. Toda la belleza de la fotografía, el nivel de las interpretaciones, y la banda sonora no serían nada si no hubiera que contar. En esta oportunidad, todos los factores se juntan y dejan, como se ha dicho con anterioridad, un clásico, que con el paso del tiempo, y a través de un retoque del propio director, solo se ha vuelto un poco mejor.

 

 

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