A Sala Llena

Comando Especial (21 Jump Street)

Comando Especial (21 Jump Street, Estados Unidos, 2012)

Dirección: Phil Lord, Chris Miller. Guión: Michael Bacall. Historia: Michael Bacall & Jonah Hill basada en los personajes de Stephen Cannell y Patrick Hasburgh. Producción: Stephen Cannell, Neal H. Moritz. Elenco: Jonah Hill, Channing Tatum, Brie Larson, Dave Franco, Rob Riggle, Ice Cube, Jake Johnson. Distribuidora: Sony. Duración: 110 Minutos.

You Give Love a Bad Name

Me niego a explicar el título de esta crítica. Los que comprenden, comprenden. Lo cierto es que –como pasó hace unos años atrás con la adaptación cinematográfica de Brigada A- llevar a la pantalla grande la serie Comando Especial es un hecho que está teñido por la nostalgia. Es que no lo voy a negar, las series policiales de Stephen Cannell marcaron mi infancia. Fueron un registro del paso de los ’80 a los ’90. Así como ahora están Dick Wolf o Jerry Bruckheimer, antes estaba Cannell, que firmaba cada episodio al final de los créditos con su propia persona escribiendo a máquina y lanzando una hoja en el aire.

“A los jefes de arriba se les dio por reciclar varias misiones de los años ’80”, dice el Capitán Dickson (Ice Cube) cuando introduce a los protagonistas en su programa de misiones clandestinas en colegios secundarios. Esta frase marca el tono auto paródico de la película.

Por eso, aquellos que vayan buscando una adaptación fiel de la serie van a sentirse decepcionados. En cambio, aquel que busque entretenimiento y diversión se va a encontrar con un producto excelente.

Dicho producto cuenta la historia de Schmidt (Hill) y Jenko (Tatum), dos personas que ingresan juntas a la Academia de Policía. Ambos se conocen desde el secundario donde, el primero por falta de popularidad y el segundo por bajas notas, quedaron fuera del baile de graduación. Pasaron los años y dentro de la Academia se convierten en amigos. Esta amistad empieza a forjarse cuando descubren que trabajando en equipo logran compensar la falta física de uno con la falta de disciplina del otro. Sin embargo, cuando salen a la calle, su primer arresto termina en fracaso y son transferidos a una Iglesia Coreana donde les asignan la misión clandestina de infiltrarse en un colegio secundario y agarrar al proveedor y distribuidor de una droga alucinógena. Por una confusión, Schmidt termina siendo el talentoso para los deportes y Jenko, el dotado para la química, invirtiendo los roles de “popular” y “nerd”. Así, la misión se convertirá en una segunda oportunidad de demostrarse a ellos mismos que pueden ser populares y capaces al mismo tiempo.

Hay una palabra que define a Comando Especial: estereotipo. Conscientes de las limitaciones del producto, Hill, Bacall y el dúo de directores llevan la historia hacia la autoconciencia de lo banal del producto y, por lo tanto bajo este código delirante, esquivan los estereotipos transformándolos en una sátira de las comedias policiales y las películas adolescentes. De hecho, no es casual que Bacall sea el mismo guionista de Proyecto X, pero acá no se trata solamente de una revancha de nerds; acá se juega con todos los géneros y se triunfa con personajes bien armados y, sobre todo, con la excelente química entre los actores. Decir que Hill es un diamante en bruto, con un don innato para la comedia tanto física como intelectual, no es ningún descubrimiento, pero es muy interesante el contraste que genera con Tatum. Aquí el grandote carilindo logra –gracias a su escasa expresividad- una interpretación que termina combinando muy bien con el tipo de registro actoral más histriónico de Hill, ya que ahí donde uno es sumamente expresivo, el otro es sumamente parco. En cierta medida, puede decirse que Comando Especial sigue la lógica de Barry Sonnenfeld cuando dice que para crear una pareja exitosa de intérpretes se necesita un contraste hecho de un comediante y un actor serio.

Pero además, Comando Especial tiene otro condimento: el ingenio de un guión que no se agota en gags y la capacidad de dos directores imaginativos como son Miller y Lord -realizadores de la simpática y original Lluvia de Hamburguesas– para aportar imágenes lisérgicas al relato. Tanto el guión como la dirección terminan estableciendo sus propias reglas del verosímil, reglas que no le temen ni al ridículo ni a llevar una situación violenta al extremo y que no buscan el efecto con chistes fáciles o apelando al típico humor sexual.

De hecho, Comando Especial es una obra alejada de lo convencional, pensada para los típicos perdedores del secundario, en la que los estudiantes protagonistas se alejan del estereotipo de modelaje que buscan la mayoría de estas películas.

Al igual que los films de los hermanos Zucker (de hecho, la película se acerca mucho más en su lógica a La Pistola Desnuda que a las American Pie), Comando Especial está repleta de guiños y detalles, algunos muy obvios, otros más sutiles, relacionados con la serie de los años 80 -por supuesto, es previsible que haya un cameo muy importante sobre el final-.

Más allá de todo esto, se filtra una mirada sobre el cambio en las modas y las tendencias, una observación muy fina sobre la influencia de algunos factores culturales en los estudiantes de clase media.

Pero dejemos afuera las cuestiones sociales. Comando Especial es un producto. Sí. Una forma de hacer dinero con el reciclaje. Algo que la película nunca oculta sino que expone, aprovecha y banaliza sin culpa, ni prejuicio, ni pretensión alguna.

Y es gracias a este tono satírico, sin filtros ni moralina, que Comando Especial se transforma en un agradable entretenimiento, sólidamente construido a través de la relación de los personajes y la historia en sí.

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