A Sala Llena

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Parte 1, según Matías Orta

Luego de seis vibrantes aventuras, llegamos al final de la saga. Bueno, casi al final, ya que esta es la parte 1 del final.

Desde el vamos hay una fuerte diferencia con respecto a las anteriores: la acción no transcurre en Hogwarts, la escuela de magia y hechicería. Esta vez, Harry, Hermione y Ron andan por territorio muggle (humano), como Londres, también en parajes boscosos y otros lugares no del todo seguros. Por eso esta película funciona como una road movie vibrante, paranoica, impredecible, introspectiva pero no aburrida. Ni Daniel Radcliffe ni sus dos jóvenes colegas serán unos genios de la actuación, pero nacieron para interpretar sus personajes, al punto que pudimos verlos crecer a lo largo de las películas. Ron es quien se destaca por sobre los otros dos, por el nivel de complejidad que el personaje deja en evidencia: su amor secreto por Hermione, los celos que siento por Harry, el complejo de inferioridad que suele disfrazar con humor.

De todas maneras, es verdad es este tramo de la película queda un poco largo y por momentos le resto un poco de ritmo al todo. Se nota que, para poder sacra dos films de un mismo libro, incluyeron escenas que normalmente no tendrían en cuenta a la hora de hacer un solo largometraje.

Este detalle no estropea el resultado final. Sigue habiendo, magia, misterio, ahora en un contexto más apocalíptico, debido a que los seguidores de Voldemort están en las altas esferas. A la mayoría de los actores del impresionante elenco estable (Alan Rickman, Ralph Fiennes, Helena Bonham Carter, etc.), se suman Billy Nighy como Rufus Scrimgeour, perteneciente al Ministerio de Magia, y Rhys Ifans haciendo de Xenophilius, padre de Luna, compañera de Harry pieza importante en uno de los elementos cruciales de la historia: las reliquias de la muerte que se mencionan en el título. También regresa John Hurt en el papel de Ollivander, vendedor de varitas mágicas, y Dobby, el servicial elfo visto en Harry Potter y la Cámara Secreta, siempre con la voz de Toby Jones. Salvando una escena en la que Voldemort y sus secuaces discuten sentados a una mesa, casi todos estos secundarios de lujo tienen poca participación en pantalla, y algunos casi ni hablan (por ejemplo, Matthew Lewis tiene una escena de segundos y dice unas cinco palabras, pero igualmente vino a presentar el film a este país). Es verdad que los pocos minutos que aparecen, estos grandes de la interpretación hacen gala de su enorme talento, sobre todo Nighy y Alan Rickman.

Como desde Harry Potter y la Orden del Fénix, el director David Yates hace un trabajo muy bueno, con bastante uso de cámara en mano en las escenas más intensas ya sea por las actuaciones como por las persecuciones y peleas. Yates supo expandir el tono y la imaginería que Alfonso Cuarón instauró en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, tal vez la mejor de la serie.

Esta Parte 1 de la séptima película funciona como un prólogo de lo que ocurrirá en la Parte 2, a la que sus creadores definen como “una película de guerra”. Habrá que esperar hasta julio de 2011 para saber si eso es cierto y Harry por fin podrá vencer a su archirival… y estudiar tranquilo.

 

 

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