A Sala Llena

Inevitable

(Argentina/ España, 2013)

Dirección: Jorge Algora. Guión: Jorge Algora, Hector Carré. Elenco: Darío Grandinetti, Federico Luppi, Carolina Peleritti, Mabel Rivera, Antonella Costa. Producción: Luis A. Sartor, Susana Maceiras. Distribuidora: Aura Films.  Duración: 97 minutos.

Desprecio.

Inevitable no sólo es una película ambientada a mediados de los ochenta sino que además parece haberse escapado de ese período, sin ningún prurito en mostrarse añeja en los modos de hacer cine, hasta pareciera someterse amablemente a esa época en muchos sentidos. Aparecen menciones a la banda Los Twist, posters de marcas ya extintas como la gaseosa Teem, un diario que titula algún esfuerzo del presidente Alfonsín por paliar la crisis, y la frutilla: un escritor ciego (Federico Luppi), quien se sienta con sus dos manos sobre el bastón y es amante del género fantástico como forma para expresar la realidad; específicamente hablamos de la teoría de las dos dimensiones.

Claro que nunca se lo llama Borges, todos los personajes que lo rodean hacen un esfuerzo estreñido por evitar la mención de su nombre de pila y apellido (en los créditos su personaje aparece como “ciego”). “Ah, es usted el escritor ¿no?”, le dice el banquero encarnado por Darío Grandinetti en el primer encuentro entre ambos, quien sufre de una crisis cincuentona luego del infarto de un compañero de trabajo, al que acabaron de despedir. La relación entre ambos rápidamente se teje bajo la idea de confesor-confesante bordeada por otro cliché, el del escritor viejo que se las sabe todas, hasta incluso convertirse en una especie de Cupido al aconsejarle sobre una relación non-sancta que tiene el banquero con una artista (una vulgar Antonella Costa), personaje construido también bajo las órdenes del cliché sobre la bohemia. La esposa del hombre en crisis es también un fantasma estereotipado, una psicóloga (Carolina Peleritti) con una paciente gallega. Los cuatro personajes están conectados, todos danzando alrededor del escritor.

La palabra que da título al film aparece para teorizar sobre la inexistencia del azar o la fortuna para los encuentros amorosos. Nuevamente, si el cine argentino de los 80 nos reveló algo fue que en una hora y cuarenta minutos se podía inocular mensajes en el espectador, dentro de un parámetro temático que iba desde el pasado político reciente hasta el amor azaroso, como sucede en esta película. Lo peor de todo es cómo el mensaje apaga cualquier voluntad manifiesta de explorar otros aspectos del cine, más allá de los motivos o los temas del momento, y eso es más alarmante que cualquier torpeza orientada a presentar teorías de la dualidad dimensional del espacio-tiempo mezcladas con las relaciones amorosas. Si en el 2014, el cine argentino necesita de una música (que haría sonrojar a Raúl Parentella) para subrayar groseramente los estados de ánimo ante diferentes situaciones, sumado a las maneras ya arcaicas de narrar y de bambolearse por los géneros, estilos y formas de construcción estéticas, es que este supuesto “cine industrial” es llamado así simplemente por la posibilidad de una coproducción europea y de contar con ciertos actores populares, pero de ninguna manera por aducir una madurez en el hacer cine. El mayor desprecio de Inevitable llega hacia el final cuando se pretende vender “gato por liebre” o golpe bajo por vuelta de tuerca y claro, antes de levantarse de la butaca, el espectador se lleva de yapa un lindo mensaje: “nunca es tarde para el amor…inevitable”.

calificacion_1

Por José Tripodero

 

El amor es un eterno destructor.

A mitad de los años ochenta, en medio de una ciudad de Buenos Aires que languidece, Fabián (Darío Grandinetti), un gerente de un banco con problemas financieros, sufre de una crisis de identidad y comienza a replantearse su vida cuando conoce en una galería de arte a Alicia (Antonella Costa), una escultora que realiza obras conceptuales en hierro. La crisis se potencia a partir de un encuentro fortuito en el banco de una plaza con un escritor ciego famoso (Federico Luppi), que sin duda alguna es la viva imagen de Jorge Luis Borges en sus últimos años. A la par, Mariela (Carolina Peleritti), la esposa de Fabián, atiende en su consultorio psicológico a Olga (Mabel Rivera), una mujer de edad madura, amargada e insatisfecha con su vida y con las decisiones que ha tomado en la misma, que cuestiona sus métodos psicoanalíticos.

En esta Argentina en la que los pequeños bancos sufrían pequeñas perdidas que parecían parte de sus transacciones cotidianas, sin imaginar que esto se convertiría en el comienzo del fin de sus negocios y en una nueva era de concentración bancaria en manos extranjeras, la vida de Fabián es transformada por su obsesión con la atractiva y desinhibida artista, el estancamiento de su matrimonio y la muerte de un colega, circunstancias que lo impulsan a tomar decisiones temerarias y a modificar su vínculo con el mundo que lo rodea.

El amor como destrucción es la premisa que Inevitable desarrolla como una parábola sobre el encanto de los encuentros fortuitos y la inevitabilidad de las consecuencias de los actos más ínfimos sobre nuestra vida y la de los demás. En un contexto de grandes cambios políticos y culturales, la personalidad y el carácter de los individuos son afectados y una profesión que otrora parecía una garantía de comodidad y ascenso social pasa a ser un áspero sendero hacia el desastre económico y personal.

Cuando la pasión de Fabián se convierte en obsesión y los mecanismos que desatan lo inevitable se ponen en marcha, las historias comienzan a converger y los mundos que se bifurcan transforman al relato en una paradoja borgeana con pinceladas de tragicomedia.

El amor es un desgarro que abre una herida en nuestra intimidad, destruye nuestra vida trastocándola y abre nuevos horizontes donde antes había un desierto. A medida que la pasión se apodera de los personajes se convierten en seres extraviados que irradian energía cegando todo a su alrededor, por eso solo un ciego puede ver más allá de toda esta locura. Inevitable es un rompecabezas de individuos destinados a colisionar a través del amor. Nadie sabe cuándo ni cómo llegará ese acontecimiento que cambiará sus vidas, ninguno sabe lo que le espera pero todos han estado preparando este encuentro de vidas paralelas destinadas a la pasión. Parafraseando al escritor ciego, el amor es inevitable.

calificacion_4

Por Martín Chiavarino

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