A Sala Llena

La Cola

(Argentina, 2012)

Dirección y Guión: Enrique Liporace y Ezequiel Inzaghi.  Elenco: Alejandro Awada, Lucrecia Oviedo, Ana María Picchio, Antonio Gasalla, Enrique Liporace, Alberto Anchart, Aldo Barbero, Daniel Valenzuela, Nazareno Mottola. Producción: Roberto Ferro,  Ezequiel C. Inzaghi, Enrique Liporace y Gustavo Corrado. Distribuidora: 3C Films Group. Duración: 93 minutos.

Enrique Liporace debuta como director con un film que cuenta la historia de Félix Cayetano Gómez -Awada-, un gestor completamente movilizado por el deseo de visitar a su hija en Paris -algo que la película revelará como una mentira de su hija- sin antes cumplir el sueño de muchos:  formar un gremio y presentarlo en la CGT. Mientras tanto, vive un romance con la hermana del dueño de la pensión -en la que debe varios meses de alquiler-, se reúne con sus colegas y sueña con una cola muy particular.

El film recorre en clave de grotesco esa etapa bisagra en la vida de Félix, que fue dado a luz en la fila de  San Cayetano -una de las colas más místicas y especiales para la gente, ya sea para agradecer o para pedir, todos unidos por la fe-. Si bien la interpretación de Awada convence y es disfrutable, el relato va perdiendo fuerza a medida que avanza. Por un lado, los sueños de Félix no acompañan sino que interrumpen la historia, puesto que se tornan demasiado numerosos y repetitivos. El espacio onírico, sin embargo, es interesante, siempre volviendo al tema de la cola eterna y la espera. Por otro lado, la musa de este buen hombre, fanático del patrono del trabajo, es encarnada por Ana María Picchio, la hermana del dueño de la pensión en la que vive (Valenzuela, impecable como siempre). El film toma buen ritmo pero cae en diálogos demasiado trabajados a nivel jerga, en especial cuando Félix  se encarga de cuidar y enseñar el oficio al sobrino de un colega -un Mottola que interpreta un estereotipo de pibe chorro que bordea lo caricaturesco-.

Así es como La Cola avanza entre las peripecias de Félix y los intentos de  su hija Yanina de hacerle creer  que está  en  Europa  viviendo a lo grande con su novio, cuando en realidad está en Buenos Aires tratando de subsistir. De la mano de este personaje femenino -que daba para explotar mucho más por el interés que despierta- aparece el mismo Liporace como una especie de agente trucho de modelos y actrices que intentará ayudarla a su manera.

Finalmente, puede decirse que La Cola es una comedia dramática -que bordea el melodrama por la musicalización y las líneas de los personajes principales-, que muestra un momento en la vida de un personaje como si fuese una fábula, dentro de un relato con altibajos pero con un elenco lo suficientemente interesante como para despertar curiosidad.

calificacion_2

Por Julia Panigazzi

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