A Sala Llena

Los Tres Chiflados (The Three Stooges)

alt

Los Tres Chiflados (The Three Stooges, Estados Unidos, 2012)

Dirección: Bobby y Peter Farrelly. Guión: Mike Cerrone, Bobby Farrelly y Peter Farrelly. Producción: Bobby y Peter Farrelly. Elenco: Sean Hayes, Will Sasso, Chris Diamantopoulos, Jane Lynch, Larry David, Sofía Vergara y Craig Bierko. Distribuidora: Fox. Duración: 92 minutos.

¡Qué cagada escribir una crítica sobre una película doblada!

La noche anterior a la función de prensa un gran amigo y colega me avisó que la estaban proyectando en español y eso me predispuso muy mal a la experiencia. Sin embargo, que Bobby y Peter Farrelly llevaran al cine al clásico terceto me generaba una expectativa imposible de resistir. Entonces ¿qué me pasó? Si bien, por un lado, la cuestión del doblaje me trasladó a mi infancia -cuando los veía por la tele al mediodía antes de Pepe Biondi-, esto sólo corre para los personajes principales, Larry, Curly y Moe (Sean Hayes, Will Sasso y Chris Diamantopoulos respectivamente), cuyas voces dobladas me generaron esa melancolía; por otro, necesité oír la voz original de Larry David (en el papel de la Hermana Mary-Mengele) o de Jane Lynch (como la Madre Superiora), a quienes nunca escuché doblados y que tienen un fantástico “decir” para la comedia. Tampoco pude notar los chistes que se pierden al ser trastocados por cuestiones idiomáticas. Más allá de  todo eso (y aunque no recomiendo verla de otra forma que no sea en su idioma original), me divertí muchísimo.

Además, es posible que no haya otros directores más indicados que éstos para hacer una película sobre este tema. Después de todo, hace 14 años, los Farrelly introdujeron al mainstream un nuevo estilo de slapstick comedy: extrema, negra y aun más física. Su historia empezó con la genial Tonto y Retonto, que pone de manifiesto la gran influencia que el trío homenajeado tiene sobre los directores. Es más, mientras disfrutaba la película no podía dejar de remitirme a la ópera prima mencionada, y no pude evitar pensar que Los Tres Chiflados -tomemos en cuenta la época en la que surgen, a mediados de los ’30 de la mano de Columbia Pictures, aunque venían trabajando desde comienzos de los ’20- fueron los primeros en llevar la comedia física a extremos que no eran los habituales. Haciendo un raudo repaso mental por los clowns del cine y la televisión de aquel entonces (como los Hermanos Marx, que se destacaban por un estilo más verbal e intelectual), noté que lo que me impactaba de ellos era que sus gags me “dolían” entre risas.

¿Qué intento decir con esto? Que si los tres chiflados hubieran sido contemporáneos, probablemente habrían hecho un humor como éste y filmado una película de estas características, porque no hay tanto un cambio rotundo en la fórmula (que toma la sensibilidad clown como base) sino en la libertad con la que ahora se puede representar cierto humorismo que antes no se podía mostrar. En este caso, los códigos humorísticos no chocan, el timing es preciso y los actores que han tenido que reencarnar a los célebres personajes lo hacen de forma impecable, desplegando una capacidad corporal admirable e igualable a la de los originales. 

El choque entre ambos universos se genera en tanto el mundo moderno los toma por sorpresa, pero la ignorancia que explicitan los personajes frente a los avances tecnológicos y sociológicos no tiene que ver con un concreto paso del tiempo -como sí pasaba, por ejemplo, con Barnabás, personaje de Johnny Depp en Sombras Tenebrosas– sino con un estado de inocencia en el que estos personajes permanecen. Después de todo, estamos frente a tres personajes con características propias del clown, incluso cuando su inocencia no es absoluta (porque la inocencia nunca lo es, aun en los chicos). En medio de todo esto, está ese humor negro y subido de tono de los Farrelly (mezclado hábilmente con un tipo de comicidad más naif) que hace que uno se pregunte -de nuevo- por qué la Fox decidió sacar todas las copias dobladas como si fuese un film para chicos. De cualquier forma, Los Tres Chiflados sigue siendo una película recomendable, aunque sea siempre mejor verla en esa versión subtitulada que lamentablemente no podremos apreciar en nuestras salas.

alt

Por Nuria Silva

La Vieja (y verdadera) Comedia Americana

El cine de los hermanos Farrelly tiene tres influencias básicas: Cat Ballou – La Tigresa del Oeste, Animal House y la serie de Los Tres Chiflados.

A su vez, al igual que los dibujos animados de los Looney TunesLos Tres Chiflados se nutren directamente de la comedia de slapstick que construyeron, durante el cine mudo, Mack Sennet, Buster Keaton, Charles Chaplin, Harold Llyod, entre otros, y que solo continuaron con éxito Laurel y Hardy (el gordo y el flaco; el resto no prosperó de la misma manera, Keaton perdió gracia y Chaplin se volvió dramático). En televisión (y en cine), los que siguieron con la tradición en forma casi simultánea con los hermanos Howard fueron Bob Hope o Abbott y Costello, por solo nombrar los que tuvieron mayor repercusión.

Hoy en día, en Argentina solo Los Tres Chiflados siguen vigentes. ¿Por qué? Porque su humor es tan básico, tonto y elemental como efectivo, ingenioso y divertido. Mezcla de Laurel y Hardy y los hermanos Marx, Moe Howard, Larry Fine y Curly Howard eran un trío humorístico que, al igual que los Marx, no siempre eran hermanos. A veces se trataba de amigos que se metían en enredos. Nunca eran los protagonistas de los conflictos sino que funcionaban como motor operativo, para que la gente “normal” lograra o no su cometido.

Hace rato que los Farrelly venían con la idea de llevar sus aventuras a la pantalla gigante e incluso con actores muy famosos (Sean Penn, Benicio del Toro y Jim Carrey). Por razones de presupuesto (o falta de interés por parte de los intérpretes), éstos dejaron el proyecto y los directores de Loco por Mary se buscaron a tres artistas de televisión, no demasiado conocidos, pero que, sin duda, son el mayor logro de esta producción.

Los primeros cinco minutos son un poco insoportables, aunque no tanto por el film en sí sino por la sorpresa que produjo ver la película doblada al español en un castellano neutro exagerado -que es mucho más exasperante que el doblaje de la serie original, más parecido al de los Looney Tunes-. Es una lástima escuchar a Larry David en español en el rol de la Madre Mengele. Además, ver al trío desde que son bebés le saca un poco de magia al “anonimato” que tienen los protagonistas. Sin embargo, el film mejora cuando aparecen los tres personajes como preadolescentes. No tanto porque las situaciones tengan ingenio sino por el meticuloso trabajo de imitación que hacen los actores respecto de los originales. Especialmente el Moe del joven Skyler Gisondo. Por suerte, la perfecta imitación de la gesticulación del mismo personaje se traduce en el semi desconocido Chris Diamantopoulos como adulto. Asimismo, Will Sasso y Sean Hayes logran emular de manera perfecta a Curly y Larry respectivamente, pero al ser Moe el motor narrativo de la historia, lo de Diamantopoulos es un verdadero descubrimiento. A la vez, el aporte de Jane Lynch, Larry David y Sofía Vergara es otro acierto del casting, aunque sus personajes parecen salidos de alguna comedia infantil de los ‘80 y no tanto de la serie original.

El argumento principal podría provenir perfectamente de un corto, y no está mal ver el film como un episodio extendido. Además, los directores incluyen intertítulos que dividen las diferentes partes de la historia, inspirados en las presentaciones originales con la misma banda sonora (un gancho nostálgico, sin dudas). Hay muchas referencias originales que funcionan como gag particular en la construcción de la narración.

En este sentido, el nuevo film de los Farrelly encuentra sus luces y sombras. Si bien la serie original estaba orientada a toda la familia, no era didáctica. Tenía un discurso tonto y directo porque los personajes tenían características infantiles, pero no por eso el programa buscaba dirigirse a un público infantil. Quizá por una decisión de la Fox, Los Tres Chiflados apunta a los chicos, y eso se confirma con la innecesaria escena final que le saca la magia lúdica al slapstick. A la vez, hay algunos chistes sexuales bastante inocentes que le dan un tono vulgar -algo que la serie no necesitaba-. Cuando el film trata de parecer una secuela o remake de Tonto y Retonto pierde el ingenio y el humor. Tampoco suma la subtrama en la que Moe queda enredado en medio de un reality show.

En cambio, cuando los Farrelly priorizan los slapstick originales -que incluyen golpes, coreografías y numerosos detalles que los fanáticos conocemos de memoria- el film se vuelve más divertido. Especialmente cuando no tratan de ser verosímiles y se juega con la inmortalidad de los personajes (desde Mi Pobre Angelito que no se hacía eso).

Los directores, además, intentan ser fieles al espíritu de sus ídolos y respetuosos, y lo logran. Hay secuencias memorables (la guerra de pis) y otras no tan inspiradas (cuando incluyen momentos sentimentales innecesarios). Pero aun así, es un film querible y agradable, falto de pretensiones y que no representa un hito cinematográfico en la carrera de los directores que venían en decadencia después de La Mujer de mis PesadillasPase Libre. Con ésta levantan y regresan un poco a sus orígenes. La perfección de las recreaciones de los gags creados por los Hermanos Howard y Larry Fine (con la colaboración del director Jules White) demuestra que esta vez le prestaron más atención a la puesta en escena.

Más allá del apuntado doblaje, lo único que me decepcionó de este proyecto es que no haya guerra de pasteles con crema. Esperemos verlo en la secuela.

alt

[email protected]

Para que una película sea una buena película no necesita ser una buena comedia. Ese podría ser el resumen de Los Tres Chiflados, la versión cinematográfica que los hermanos Farrelly realizan de los populares cortometrajes hechos a partir de los años ‘20. Hay que admitir que los trailers pronosticaban un desastre: dos minutos chocantes y casi ofensivos hacia la serie misma, que no causaban gracia. Por lo tanto, el prejuicio negativo estaba bastante justificado. Sin embargo, lo que no funcionaba en el trailer, adquiere sentido en el film. Y aunque no consigue sacar tantas sonrisas como otros casos (por ejemplo, la excelente Comando Especial), sí logra algo que parecía complicado de antemano: crear una identidad que se despegue del peso de la serie original.

Los Farrelly fueron conscientes de que el espíritu debía seguir intacto, por lo cual fueron fieles a dos aspectos clave: en primer lugar, el slapstick sigue estando ahí -a base de golpes, piquetes de ojos y caídas desde edificios-. Por otro, se encargaron de adaptar el físico al de los personajes originales. En este sentido, las composiciones de Sean Hayes, Will Sasso y Chris Diamantopoulos son perfectas. Cada tic, cada estilo de voz, cada gesto se encuentra construido de forma brillante. Esos elementos pertenecientes al mundo de la serie son adoptados por la película como base para desplegar otros detalles que en su versión para televisión no se desarrollaban.

Conscientes como en sus mejores trabajos (o capaz como nunca antes), los Farrelly manejan la puesta en escena con una gran precisión. Sobresalen así dos aspectos: el uso de los colores, y el espacio y tiempo para establecer un discurso particular. Los Tres Chiflados se divide en dos territorios opuestos: el orfanato donde viven los protagonistas y el mundo “exterior”. El primero es opaco, de tonalidades grises -aunque el sol siempre brilla- y no parece alcanzar una sensación de vitalidad. Pero este lugar también representa un acercamiento a algo muy parecido al pasado: las monjas, los niños, las travesuras. Es un interesante punto de vista impregnado por la melancolía. Cuando el orfanato está por desaparecer a causa de una gran deuda, los tres protagonistas deben ir a la ciudad para conseguir dinero. Aparece entonces el otro mundo: uno más colorido, más actual, más moderno. Un espacio que, en comparación con el campo donde viven ellos, alberga la mediocridad, la estupidez y la maldad. Todo eso concentrado en el personaje de Sofía Vergara, en los participantes de un insoportable reality show y en una ciudad poblada de una clase media y alta ajenas a los tres amigos.

Es interesante la elección de los Farrelly como directores. Precursores de la nueva comedia americana, combinan un humor negro, ácido y muchas veces escatológico con la humanización de sus personajes. Hay un notorio amor por ellos: les puede ocurrir cualquier desgracia pero siempre saldrán adelante gracias a la unión entre ellos. Inteligente fue quien pensó en estos directores para este proyecto. Más allá de que tienen películas mejores que otras, los Farrelly son poseedores de una filosofía que se mantiene intacta con el correr de los años. No son impersonales sino que en cada film -de menor o mayor calidad- logran exponer sus principales temáticas. En el caso de Los Tres Chiflados, los temas son parecidos a los expuestos en Tonto y Retonto y en Inseparablemente Juntos: la unión hasta el final de una vida es la solución a cualquier conflicto (recordar el final de la primera, Jim Carrey y Jeff Daniels, sin mujeres ni fama ni dinero pero jugando mientras caminan por la ruta). Pero también construyen una fábula sobre la posibilidad de un mundo mejor. A partir de una idílica unión entre el pasado y el presente es posible alcanzar la prosperidad.

Los Tres Chiflados (la serie) nunca tuvo el tiempo ni el desarrollo necesario para armar una estructura dramática sobre las relaciones entre los personajes. Todo se limitaba a la acción misma, al movimiento constante y a los golpes como forma de llegar a la resolución de cada capítulo. La película tiene el objetivo de darles a los protagonistas una novedosa profundidad. No es casual que el film comience en ese orfanato, con la crianza de tres bebés abandonados -es decir, a partir de la construcción de esas tres vidas desde el primer minuto-. Por ejemplo, en una de las mejores escenas, Moe es adoptado por una familia con mucho dinero. Cuando él, triste por haber dejado a sus dos amigos, les pide a sus nuevos padres que vuelvan por ellos dos, es dejado de vuelta con sus compañeros (genial mirada sobre el peso de las decisiones y cómo éstas permanecen latentes con el correr del tiempo). Como ocurría en la excelente Amor en Juego, la comedia y el drama parecen estar siempre tocándose, mezclándose suavemente.

Los Tres Chiflados termina siendo una película interesante dentro de la carrera de los Farrelly: está más marcada por el minimalismo y la construcción dramática de personajes que por la comedia. Nunca llega a ser un gran referente del género pero esto no parece importarles demasiado a los realizadores. El film avanza seguro, mediante la inteligencia de sus directores (dueños de un ritmo cinematográfico envidiable) y su capacidad para crear una puesta en escena interesante, una crítica escondida y una utilización precisa de sus actores. Es un film marcado por la dualidad: por la comedia y el drama, por el pasado y el presente, por el homenaje y la renovación.

alt

Por Luciano Mariconda

Rescate fallido

Los hermanos Farrelly no pegan una. Parece mentira que sean los mismos que dirigieron Loco por Mary hace más de una década. Los Tres Chiflados, proyecto que habían soñado por años, es un fiasco de principio a fin. Una institución del slapstick como la que creó Ted Healy e inmortalizaron Moe Howard, Curly Howard y Larry Fine no merecía esto. ¿Hay algo que realmente funcione en una comedia cuyo cartel, a priori, prometía no pocas risas con la batuta de los Farrelly y la presencia de Larry David disfrazado de monja?

Los Tres Chiflados se divide en tres episodios. Larry, Curly y Moe (Sean Hayes, Will Sasso y Chris Diamantopoulos, respectivamente) deben recaudar un dineral para salvar el orfanato religioso en el que se criaron. Mientras intentan llevar a cabo su misión se cruzan con Lydia (Sofía Vergara), una suerte de femme fatale que planea utilizarlos para matar a su marido. Dicho hombre resulta ser Teddy (Kilby Heyborne), un ex compañero de orfanato del trío estelar.

Hay que reconocer la audacia de los Farrelly para llevar estos personajes al mundo actual, una empresa casi quijotesca. Es evidente que están muy comprometidos con este rescate emotivo, lástima que tal encuentro falla. No hay nada que objetar a las logradas performances de Hayes, Sasso y Diamantopoulos, dignas de la serie original, pero es imposible salvar un largometraje con eso. Todo lo que rodea los gags de los chiflados se cae a pedazos. La absurda participación del elenco de Jersey Shore (un reality emitido por MTV) hace que, en comparación, los típicos cameos innecesarios de cualquier comedia espantosa con Adam Sandler se vean bien.

Pero lo más lamentable es la pérdida de frescura en las provocaciones de los Farrelly. Llamar Mary Mengele a la monja interpretada por Larry David, más allá de toda posible objeción moral, no es gracioso, como tampoco lo es vestir a la bomba sexy Kate Upton con un diminuto bikini de novicia. La Iglesia Católica siempre se presta a una interminable cantidad de burlas y el cine lo sabe bien, sólo que aquí todo resulta muy obvio.

No es la primera vez que el dúo realizador incurre en la remake (también hicieron La Mujer de Mis Pesadillas en 2007), aunque Los Tres Chiflados podría ser vista más bien como un acto de amor. Probablemente las claves para encarar el desafío ya estaban latentes en otros títulos del universo farrellyano, como Tonto y Retonto Kingpin, pero dicha ventaja, en todo caso, no parece haber sido advertida. A fin de cuentas, la nostalgia suele jugarle malas pasadas al Hollywood actual. No es la primera vez ni será la última.

alt

Por Julián Tonelli

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar...

Aftersun

LEER MÁS →

Hasta los huesos (Bones and All)

LEER MÁS →

Pig

LEER MÁS →

BUSCADOR

Generic selectors
Solo coincidencias exactas
Búsqueda por título
Búsqueda en contenido
Post Type Selectors

ÚLTIMAS ENTRADAS